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Sigue internado. Su madre aseguró que el artista está mejor y que tiene ganas de volver a casa. Una historia de puro amor y dedicación.

Rosas, el director de la Vendimia, lucha contra su tormenta y va por su gran cosecha: la vida

Por Enrique Pfaabpfaab.enrique@diariouno.net.ar

Rivadavia. Parecía que no había vida, pero llegó la primavera y empezó a sangrar, después surgieron los brotes y ahora la vid ya está verde de cogollos y de hojas. Luego vendrá el grano y allá, en marzo, la cosecha. Pero entre medio estarán el temor por las heladas, el agua insuficiente o exagerada, las plagas y el granizo. Llegar a la vendimia siempre sabe a victoria. Pero hoy el paisaje de los viñedos es esperanzador.

En el centro de Rivadavia hay una casa, más grande que las otras pero una casa al fin. Alguna vez alguien la diseñó así, amplia y cómoda. Ahora es una clínica que, en sintonía con los viñedos, se llama Del Sol. Adentro hay gente que espera. La recepcionista se multiplica para atender el teléfono, que suena incesantemente, y también anuncia, en orden, a quién le toca pasar.

En el piso superior hay una sala. En la sala, una cama. En la cama, un hombre que sueña con ver el grano maduro de marzo. Lo desea como todos, pero más que nadie. “Dentro de todo está bien, lúcido, con ganas de irse nomás. Es normal después de tanto tiempo de estar acá internado”, dice Rosa Valderrama (74), la madre de Marcelo Rosas (42), el director de la Fiesta Nacional de la Vendimia 2015.

En el cielo de Marcelo hay nubarrones oscuros, relámpagos y los truenos lo sacuden. Pero él, empecinado, hace cruces en el suelo con un cuchillo para cortar la tormenta y llegar a su cosecha. Tiene las visitas restringidas y su familia no quiere hablar con la prensa, pero Rosa hace una excepción. “Su situación es crítica, pero se ha recuperado del paro cardiorrespiratorio que tuvo (la madrugada del sábado 25) y todos los días, cada día, va superando cosas”, dice esa mujer que lo trajo al mundo un 5 de diciembre y que no se separa de él desde hace un año y medio, cuando Marcelo luchaba con un cáncer de colon que ahora le compromete los riñones y lo tiene en terapia. “No necesita oxígeno. Está bien. Los estudios indican una mejoría, aunque todavía no tiene los valores normales. Lo que complica todo es una gran infección urinaria. Pero está bien, lúcido, se está alimentando bien, tiene ganas de irse a casa. Yo le digo: ‘La mejor quimioterapia que te vas a poder hacer es tu Fiesta de la Vendimia’. Y él se ríe”.

Ya estaba aquí cuando se enteró de que Postales de un oasis que late, paisajes de Mendoza sería el espectáculo del Frank Romero Day. “Estaba en sala común ese día, dializándose. Se puso contento”, dice Rosa, que comparte sus recuerdos de madre: “Siempre fue un piojo hermoso, inquieto, siempre buscando hacer cosas”. Renace un cumpleaños infantil, un 5 de diciembre de hace mucho. “Me dijo: ‘Mami, voy a invitar a todos los chicos del grado’. Y después me trajo también a los de la cuadra, a los de catequesis… y fueron más de 50 niños. Nos habían regalado un cajón de frutillas y a mí se me ocurrió hacerles jugo… ¡no dábamos abasto!”.A los 6 años ya bailaba. Después creó su propio conjunto. Dirigió cuatro vendimias en Junín y otra en Rivadavia. Ahora lucha con su tormenta. Los cultivos son una esperanza y la Vendimia, una victoria.

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