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Se interesó por la agricultura local y sentó las bases del actual INTA. Fue el responsable de la Ley de Conservación de Fauna Silvestre, entre otras iniciativas. Fotos.

Quién fue Mathus Hoyos

Por Luciana Moránlumoran@diariouno.net.ar

Magdalena Hoyos deseaba fervientemente tener un hijo. Como la cigüeña no llegaba, se vistió con el hábito franciscano a modo de promesa y –cuentan historiadores– sólo se dedicó a rezar. La Navidad de 1903 nació Alejandro en Villa Mercedes, San Luis. Años después del tan esperado alumbramiento, la familia vino a Mendoza –cuando Alejandro tenía 7 años– y después se trasladó a Chivilcoy, Buenos Aires.

Sanluiseño en los documentos pero mendocino por adopción, no puede faltar el nombre de Alejandro Mathus Hoyos cuando se habla de historia, abogacía, política, docencia y agricultura local en la primera mitad del siglo XX. Su hijo Miguel, reconocido abogado mendocino, lo describió como “un hombre de muchas vocaciones, de variadas ideas. Por eso en su vida recorrió múltiples senderos en distintos escenarios, pero todos vinculados a lo público”.

Alejandro (llevaba el nombre de su padre, un destacado político y educador sanjuanino –la calle Profesor Mathus en Bermejo hace referencia a él–) desempeñó numerosos cargos políticos y también hizo una brillante carrera docente en Mendoza. Estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba, donde se recibió de abogado especializado en Derecho Público, pero fue en Mendoza donde se casó con Angelina Rosa Escorihuela, con quien tuvo dos hijos: Sixto Félix y Miguel Alfredo.

“Tenía una memoria prodigiosa.Él decía que era fruto de su devoción por la lectura (...) Cuando cumplió 10 años su padre le regaló 25 tomos de la Historia del Mundo Contemporáneo, que leyó durante sus estudios de bachiller. Pensaba que los libros eran los mejores amigos de los niños y de los hombres”, destacó su hijo Miguel Mathus Escorihuela en una disertación que brindó frente a la Junta de Estudios Históricos de Mendoza acerca de la vida pública de su padre.

Honesto y emprendedorAlejandro Mathus Hoyos ocupó numerosos cargos gubernamentales. Comenzó siendo secretario de la gobernación de Carlos Washington Lencinas (1922-1924), a quien respetaba mucho y con quien tenía una gran amistad. También fue diputado provincial por la UCR y senador nacional (presidió la Comisión de Agricultura entre 1946 y 1952).

Miguel recordó que “Carlos W. Lencinas le encomendó a mi padre que se ocupara de los menesteres propios del nacimiento de un hijo que el entonces gobernador reconoció”. El caso fue luego el chisme del momento, ya que Lencinas era soltero. Tratando de que la noticia no se propagara, Alejandro fue quien compró un ajuar en una tienda de niños. Accidentalmente su esposa recibió el paquete en la casa, creyendo que era para algún futuro nieto, que lógicamente no esperaba, confusión que Alejandro debió disipar contándole el secreto del gobernador a su mujer.

Años después, durante su gestión como intendente de Guaymallén (1928), Mathus Hoyos denunció un intento de soborno ante el Concejo Deliberante. Había sido para que cerrara la Feria de Guaymallén, que había inaugurado donde hoy funciona la Terminal de Ómnibus. Cuentan que empresarios del Mercado Central no querían la competencia que significaba el emprendimiento.

Como legislador y funcionario Mathus Hoyos presentó proyectos para la promoción de la industria sidrera, la construcción de frigoríficos de fruta, el fomento a la ganadería caprina en Malargüe y la determinación de los límites provinciales con San Juan y San Luis. También fue responsable de la Ley de Conservación de la Fauna Silvestre y de la iniciativa de crear el Centro de Investigaciones agropecuarias (hoy INTA), acción que reflejó su gran interés por la agricultura. La prensa de aquella época lo retrataba como un hombre sencillo, simpático, inquieto, honesto y “presto a las grandes concepciones y toda nota que significara cambio”.

Aula y arteAlejandro fue además profesor de geografía económica y regional de la UNCuyo. “Los alumnos lo recuerdan por sus conocimientos, por la generosidad intelectual, la elocuencia y la originalidad de las clases. Exhibía semillas, frutos, herramientas, organizaba viajes de estudio, contaba anécdotas”, narró Miguel.

Entre los distintos cargos que ocupó, fue titular de cátedras en la Universidad de Chile, en Quito, San Marcos, México y Venezuela. Sus saberes se equiparaban a su sensibilidad. Fue amigo de Quinquela Martín y Antonio Bravo, entre muchos otros artistas. Realizó investigaciones sobre el arte colonial en América y en Cuyo. Visitaba museos durante los viajes que realizaba y tenía colecciones de cacharros indígenas, pinturas y artesanías coloniales. Fue organizador de la primera exposición de arte retrospectivo en Cuyo y fundador del Instituto Americano de arte.

Falleció a los 48 años. En el mausoleo del Cementerio de Capital donde descansan sus restos una placa lo describe a la perfección, según su hijo Miguel: “Amó la vida. Creyó en Dios. Fue Maestro de Juventud, tribuno y escritor. Hizo culto a la amistad. Trabajó la tierra. Dictó Leyes. Defendió la Justicia. Sirvió a la República”.

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Vendimia de 1947. Mathus Hoyos, en ese momento senador, habla con Perón y Evita sonríe.
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