Por Luciana Morá[email protected]
Su primera actividad comercial fue vender salames y chocolates mientras estudiaba en Suiza. Una de las últimas fue administrar una de la bodegas más grandes de Argentina.
Pero la vitivinicultura no fue su única pasión. Se destacó en política –llegó a ser vicegobernador, intendente y legislador, y hasta rechazó una propuesta de Perón cuando éste era presidente– y demostró su amor por el arte: llegó a armar una de las pinacotecas más importantes del interior del país. Futbolero de alma, admirador de las corridas de toros y de los caballos de carrera, en Rivadavia se lo recuerda como un empresario benefactor, que donó tierras para el crecimiento del departamento y el bienestar de sus empleados.
Exitoso y visionario
Bautista (1891-1985) cursó sus estudios primarios en el Cantón suizo del Tesino, tierra natal de su padre. Allí se formó también en un colegio comercial de Neuchâtel. Entabló una fuerte relación con su abuelo paterno, Pietro. Repartió su tiempo entre el estudio y la actividad política, guiada por su pariente, influencia que fue “un factor determinante en su concepción sobre la sociedad, el trabajo y la función pública”, le aseguró a Diario UNO el historiador Gustavo Capone. En ese tiempo supo engrosar la mensualidad que le enviaba su padre, Bautista Gerónimo, vendiendo salame y chocolate al doble de lo que le costaban. En 1910 volvió a Mendoza. Al año siguiente, su padre (ver parte I) decidió volver a Suiza. Con una bodega que le dejó en Rivadavia, La Florida, Bautista recreó el imperio. Allí elaboró los vinos Colina de Oro, Florida, Eminencia, Inefable y el famoso vino de mesa Gargantini, entre otros. También comercializó mistela, alcohol y vinagre de uva, envasó aceitunas y elaboró aceite de oliva, siendo uno de los mayores productores olivícolas a nivel nacional.
A medida que creció su empresa, Bautista compró otras propiedades, ente ellas dos bodegas: una en Vista Flores (Tunuyán) y otra en Chacras de Coria. Hasta 1950 administró esas posesiones, que luego dejó totalmente en manos de sus hijos Alberto y Carlos, fruto de su matrimonio con Margarita Brignone. Una vez desligado de la empresa, se dedicó a una quinta que tenía en San Carlos.
En 1981 la compañía pasó a la firma Rumasa, de capitales españoles. Seis años después, la bodega de Chacras fue recuperada por su nieta Silvia –hija de Alberto– y su marido, quienes en el año 2003 iniciaron su restauración. Hoy es la bodega boutique Clos de Chacras, que este año ganó la medalla de oro en el rubro Pequeñas Bodegas, en la IX edición del concurso Best of Mendoza’s Wine Tourism.
Tarea Social
Además de levantar una de las bodegas más importantes del país, Bautista invirtió tierras, ingenio y dinero para que Rivadavia creciera como ciudad. En uno de sus terrenos construyó la Escuela Nº16, que luego de pasar por distintos edificios, porque la demanda de alumnos aumentaba, se instaló en un moderno inmueble construido por Gargantini en 1948, que fue bautizado con el nombre de su padre, Bautista Gerónimo. Allí había una guardería para los hijos de los obreros –una de las primeras de este tipo en la provincia–, sala de primeros auxilios y una biblioteca con sus propios libros como material.
Bautista también colaboró en la construcción de barrios para los empleados de la bodega. Asimismo, la capilla Nuestra Señora del Olivo, cuyo santo patrono es San Juan Bautista, también fue levantada por él. Tal vez esa edificación fue el inicio de la confusión de llamar a este destacado mendocino “Juan Bautista”, cuando en realidad era “Bautista” a secas.
La labor de Gargantini en Rivadavia fue tan intensa y acertada que, según demuestran los datos poblacionales oficiales, entre 1947 y 1960 creció 40% el número de habitantes en el departamento, porcentaje que comenzó a decaer significativamente cuando vendió la empresa.
Pasiones
Bautista fue un reconocido criador de caballos pura sangre -fue mecenas de distinguidos jinetes nacionales y miembro del Jockey Club local y el de Buenos Aires-.
Admirador de las corridas de toros, se encargó de traerlas a Mendoza. La improvisada “plaza de toros” que armó en 1922 se emplazó en un gran descampado sobre la actual manzana compuesta por las calles San Isidro, Gil, Lavalle y Belgrano de la ciudad de Rivadavia.
Además de las carreras y las corridas, Bautista llegó a ser un destacado político. Militó en la UCR, era lencinista. Se lo reconocía como un hombre honesto, capaz para el manejo de la cosa pública, un ciudadano culto e inquieto.
Cuentan que cuando Perón lo invitó a que fuera candidato a gobernador de Mendoza por el Partido Laborista (1946) rechazó la propuesta, argumentando que se sentía “demasiado radical”. En sus memorias, Perón comentó que “muy pocas veces en política fui rechazado, pero en muy poco tiempo dos grandes argentinos, dos personas de bien me dijeron que no, lo que me causó un gran dolor: Amadeo Sabattini y Baustista Gargantini”.
En 1978 Bautista enviudó y dos años después se volvió a casar, a los 89 años. Josefina Ceresoli lo acompañó hasta su muerte, en 1985.
Futbolero
1913. Fue uno de los fundadores del club Independiente Rivadavia, cuyos primeros colores eran los de la bandera italiana. Bautista quiso que fuera azul. Fue presidente de la institución cuyo estadio lleva su nombre.
1922. Elegido por el pueblo, se desempeñó como vicegobernador de Carlos W. Lencinas. En 1924 su gestión fue intervenida.
1946. Fue electo miembro de la Cámara Alta provincial y luego se desempeñó como presidente provisional del Senado.
Curiosidad
Bautista llamó BAMAC (BAutista, MArgarita, Alberto, Carlos) al haras que tenía en Rivadavia. También bautizó así al edificio y la galería que construyó en pleno centro, en San Martín 1425, entre Buenos Aires y Las Heras, que aún siguen en pie.


