Por Gustavo De Marinisdemarinis.gustavo@diariouno.net.ar
Pocha Camín, la guerrera pacifista que se fue con la misión cumplida

Solidaria, generosa, valiente, comprometida... y cuántos adjetivos más podrían caberle a María Gil de Camín, la Pocha, mujer imprescindible, referente de los organismos de defensa de derechos humanos de la provincia. Hoy se cumple una semana de su fallecimiento y es posible afirmar sin titubeos que se fue con la misión cumplida porque la búsqueda de verdad, memoria y justicia, de la que ella fue una abanderada, tiene cada vez más protagonistas que transitan el camino que ella tanto ayudó a marcar.
Vivió intensamente sus 80 años y gran parte de ellos los dedicó a la nada sencilla tarea de buscar documentación, rastrear datos, construir y reconstruir historias, enfrentar obstáculos muchas veces de alto riesgo al darles asilo a perseguidos políticos, ayudar y contener a familiares.
En una entrevista con este diario hace dos años recordó que inició sus tareas en el Movimiento Ecuménico de los Derechos Humanos (MEDH) con la pastora metodista Alieda Verhoeven y su pareja, el profesor Mauricio López (desaparecido), a quienes en poco tiempo se sumaron los psiquiatras Jorge Barandica y Daniel Álvarez y otra mujer imprescindible, Elba Morales, quien trabajó codo a codo con Pocha muchísimos años.
María Gil tenía 16 años cuando conoció en un baile de la Juventud Comunista a Armando Camín. Tres años después se casaron.
En mayo de 1978 ocurrió el suceso que cambió sus vidas. Fueron secuestrados y permanecen desaparecidos Gustavo y Mario Camín, cuñado y sobrino de Pocha.
“Me enrolé en esta militancia por Gustavo y Mario, porque queríamos saber algo sobre ellos y su paradero. Pero después vimos que era una lucha colectiva, no sólo por nosotros, sino por los 30 mil”, recordó Pocha en agosto de 2012, cuando recibió en la Legislatura, junto con otros doce mendocinos, la Distinción Sanmartiniana en las categorías Humanidades y Derechos Humanos.
“Mi cuñado había estado en el PC muchos años, pero, también por discrepancias políticas, había dejado de militar. Y a mi sobrino sé que se lo llevaron de la UTN, donde estudiaba. Es que esta es la gran injusticia que se cometió con los desaparecidos. Como no los acusaban de nada ni les daban la posibilidad de someterlos a juicio, se perdían y se perdían, nomás”, agregaba la mujer ante los periodistas poco después de aquel homenaje.
“Al principio emprendimos una lucha individual, pero después vimos que la verdadera pelea debía darse de manera colectiva, porque las desapariciones eran cada vez más. Había entonces que agrupar a las madres y familias para unirnos en la lucha”, señalaba Pocha.
Y la lucha la tuvo al frente, poniendo la cara y el cuerpo por los suyos y por los demás, con documentación, con averiguaciones, con preguntas, con coraje, nunca con sentimientos de venganzas y rencores porque, como tituló Diario UNO el 7 de octubre de 2012, fue una “guerrera pacifista”. A honrarla entonces.