Por Paola Aléale.paola@diariouno.com.ar
En 2013 hubo 600 familias anotadas pero los chicos en condición de adoptabilidad fueron apenas 60. Para agilizar los tiempos es necesario introducir cambios en el Código Civil.
Para adoptar niños en Mendoza la espera es de unos diez años

En el 2013 unos 60 niños en estado de adoptabilidad encontraron una nueva familia. Pero en la lista de espera, son 600 las familias que aguardan la oportunidad de adoptar. De ahí la necesidad de que cambie el Código Civil para que el proceso de adopción se acelere.
El número 60 se repite cada año en Mendoza en cuanto a los que están en estado de adoptabilidad . Sin embargo, son 10 veces más las familias que esperan. Así lo explicó Gonzalo Valdés, trabajador social y miembro del Equipo Interdisciplinario de Adopción de la provincia.
Valdés manifestó que con el grupo que integra están haciendo un gran trabajo para que los niños de más de 4 años sean adoptados, así como también por promover las adopciones múltiples.
El 25% del número total de niños en condiciones de adopción son recién nacidos y el 75% restante son mayores de cuatro años y hermanos.
Por otra parte, señaló el funcionario que las mayores demoras se producen entre el momento en que los organismos administrativos disponen medidas excepcionales con respecto a los niños (entre otras, separarlos de su núcleo familiar) y la determinación del estado de adoptabilidad. La agilización de esta etapa está contemplada en el nuevo Código Civil de la Nación.
Agilizar los tiempos Valdés explicó que tanto la cifra total de la lista de espera para adoptar como la cantidad de niños que pueden ser adoptados se ha mantenido en los últimos años casi sin variaciones. Tampoco se han modificado ni se han acelerado los tiempos que debe esperar un chico para que se determine su estado de adoptabilidad.El procedimiento implica que una vez que el Organismo Administrativo Local (OAL) comprueba el riesgo familiar, y se dictan primero las medidas de protección, se intenta restituir al niño a su entorno. Sólo una vez que se establece que esta instancia está agotada –luego de haberse recurrido a la familia extensa, lazos afectivos o personas de la comunidad y no se consigue reinsertarlo– se toman las medidas de excepción: separar al niño de su familia. Desde este momento, y hasta que el juez declara al niño apto para ser adoptado, puede pasar mucho tiempo, a veces hasta años.
Según explicó el licenciado en Trabajo Social, entre los cambios previstos en el Código Civil está contemplado acortar estos tiempos y que la decisión definitiva se tome en 6 meses. Falta claramente que este debate se dé en el Congreso nacional; nada se puede hacer a nivel local para apurar los tiempos, porque la ley nacional está por encima de legislaciones provinciales.
Nómades afectivos Antes un niño en conflicto con su familia de origen podía pasar años institucionalizado. Hoy la realidad y las carencias son otras. Es que con la ley 26.061 primero se intenta la reinserción en la familia de origen y si esto no resulta se trata de que permanezca con su familia extensa o con personas de su entorno cercano (por ejemplo los padrinos). Pero lo que muchas veces sucede, según manifestó el licenciado Valdés, es que esas personas que se ofrecen a hacerse cargo de ellos luego manifiestan que no pueden seguir haciéndolo y entonces se debe buscar otro referente. El chico termina convirtiéndose casi en un nómade, transitando por distintas situaciones sin lograr un anclaje afectivo estable. Agilizar los tiempos de adoptabilidad serviría para acortar esta dura etapa. Promoción en el Aconcagua Roberto Catalá nació en Buenos Aires a mediados de los ’60. Los primeros 7 años de su vida fueron tan difíciles que hoy prefiere guardárselos para él. Pero cuando la niñez ya no sirve tanto para ocultarse plenamente en la imaginación, y el dolor del abandono y las dificultades son una carga demasiado pesada para un chico, Roberto conoció a su mamá adoptiva, la mujer que lo acompañó y le dio una familia, esa posibilidad de abrigo que hasta ese momento desconocía. Hoy vive en Neuquén y tiene sus propios hijos, pero nunca olvidó ese acto de amor. Y ahora trabaja para que más niños tengan esta oportunidad.Así, los primeros días de enero, el neuquino, que por otra parte es amante de la montaña, cumplió otro sueño al subir el Aconcagua para incentivar este múltiple acto de amor: “El que necesitan los niños, el de la entrega de padres biológicos que no pueden hacerse cargo de la crianza y el de los padres adoptivos que sí pueden y quieren hacerlo. Porque el amor es eso: un puente entre las personas que se eligen”. dice.
La experiencia la compartió con tres amigos que luchan por la misma causa.
“De pedir pan a tener comida y amor”“Yo quiero compartir mi experiencia como hijo para liberar a la sociedad de tantos tabúes que hay con respecto a este tema”, contó Roberto Catalá . “Cuando yo era chico la discriminación era mayor que ahora. Antes eras el guacho o el pobrecito. En cambio hoy es diferente, y que así sea es positivo”. Los primeros 7 años de su vida los pasó en Buenos Aires. Luego fue dado en adopción en Neuquén, donde vivía con unos tíos. Su madre lo adoptó cuando ella tenía 54 años y luego de dos años se separó. “Mi niñez no fue fácil, era hijo adoptivo y de padres separados”.
“Pasé de dormir en el piso a tener un cuarto propio. De pedir pan, de sentir hambre, a tener comida y amor todos los días. Mi madre me dio educación y libertad”, recuerda.
Roberto creció, hoy es analista de marketing político, tiene un restorán de montaña y trabaja voluntariamente por esta causa. Con un grupo de amigos escaladores oriundos de Buenos Aires y Río Negro llevan banderas a las cumbres que conquistan para crear conciencia, y para que los gobernantes, jueces y quienes tengan que decidir en las instancias de adopción cuenten con herramientas que les sirvan para hacer ágiles los procesos.