El abogado mendocino Carlos Horacio de Casas (60) fue postulado por el Gobierno nacional para renovar uno de los cargos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Posee una trayectoria de 40 años en derecho penal y garantías constitucionales, ocupando importantes puestos en el gobierno de Mendoza.
En diálogo con Diario UNO describe qué piensa y haría si es elegido para una tarea de tanta relevancia, su visión de los Derechos Humanos y también responde a quienes ponen reparos a su candidatura.
-¿Por qué cree que fue elegido como candidato para un cargo en la CIDH?
-Creo que hay una visión de ampliar la agenda en temas de derechos humanos y ciertos temas estructurales de la Comisión que hace que me propongan. Los temas de justicia son muy importantes: casi todas las violaciones a los derechos humanos tienen alguna relación con el Poder Judicial en el continente. Trabajo en temas de derecho penal y garantías constitucionales desde hace más de 40 años. Para mí estos temas son cuantitativa y cualitativamente muy fuertes en el sistema Interamericano. Me parece que eso es lo que ha tenido en cuenta el Gobierno. Además me apoyan personas de todo el arco político, pero acercaron mi candidatura gente del radicalismo y de organizaciones de derechos humanos de la sociedad.
-¿Qué piensa y visión tiene de este organismo internacional?
-La CIDH ha sido clave en la consecución y sobre todo consolidación de la democracia en los países de Latinoamérica. Es el único organismo internacional de Derechos Humanos con jurisdicción sobre Estados Unidos; y eso es clave hoy más que nunca, con los cambios que están sucediendo en ese país. Es también junto a la Corte Interamericana, el foro más progresista en materia de derechos de los pueblos indígenas, fuente de inspiración y cita de todos los demás órganos de derechos humanos del planeta. Su jurisprudencia en materia de libertad de expresión es muy rica. Y podría seguir hablando de las luces. Entre las sombras, pienso que hay que corregir el atraso procesal que tiene, disipar los riesgos causados por la fragilidad de su financiamiento, avanzar en los desafíos que le presentan a los derechos humanos las nuevas realidades, como las tecnologías de la información y las empresas multinacionales, entre otros temas, que en mi opinión son novedosos y sobre los que hay que enfrentarse desde la CIDH.
-¿Qué tarea se enfocaría a realizar si fuera comisionado?
-Creo que hay que lograr un mayor compromiso de los estados de la región, incluso de aquellos que aún no han ratificado el Pacto de San José de Costa Rica como Estados Unidos y Canadá actores muy relevantes del sistema. Me tengo fe en que puedo lograr resultados en este campo. El trabajo de la CIDH se distribuye entre sus miembros de manera temática y geográfica, a través de Relatorías. Pienso que estoy capacitado para algunos roles, como el de Relator para personas privadas de libertad. Recuerde que yo logré, junto a mi colega Carlos Varela Álvarez, posiblemente el leading case más citado por los penalistas y defensores oficiales del país: una decisión de la CIDH en contra de Uruguay que sentó un precedente revolucionario. También tenemos muchos proyectos para relatorías como la de derechos económicos, sociales y culturales; trabajar para combatir la pobreza y para responder al desafío de las violaciones de derechos humanos cometidas por grandes empresas multinacionales.
-¿Cuál es su visión de los Derechos Humanos?
-Como comisionado, mi misión tiene que ser la de garantizar la vigencia en todos los países de la OEA, de los derechos contenidos en el Pacto de San José y en los demás instrumentos internacionales asociados a él; y garantizar esto para todas las personas, sin discriminación. Las interpretaciones personales o las visiones sectoriales están fuera de lugar. La tarea que la Asamblea Regional de la OEA le asigna a la CIDH es la de velar por el cumplimiento de esos derechos. La lista está ahí, puede leerla cualquiera. Y eso, sin importar quién viole esos derechos: si un país poderoso, como Canadá o México, o uno débil. O incluso la Argentina, solo que en estos casos no podría intervenir.
-¿Qué se hizo bien en materia de Derechos Humanos en Argentina y qué falta por hacer?
-Ambas listas son muy largas, pero le voy a dar algunos ejemplos. La Argentina siempre fue un modelo de cómo se relacionó con la CIDH. Ese es un primer punto fuerte, visto desde el plano internacional. A nivel interno, son de destacar los juicios para determinar la responsabilidad de los militares y civiles durante la última dictadura militar. Desde el Juicio a las Juntas, que se estudia y admira en todo el mundo como caso paradigmático, hasta los actuales juicios de lesa humanidad. Tenemos procedimientos penales muy modernos y seguimos perfeccionándolos. Eso asegura las garantías durante el proceso. Aunque hay que corregir enormes falencias en el sistema penitenciario. También en materia de libertad de expresión tenemos una larga tradición, lamentablemente manchada en los últimos años, pero con grandes casos de la Corte Suprema. Y tenemos también una prensa fuerte e independiente, creo que eso nos diferencia de otros países donde la democracia se vio muy dañada. Por otra parte, las desigualdades sociales en un país tan rico como el nuestro son una injusticia. Me preocupan mucho la pobreza, la falta de educación y oportunidades.
-¿Cómo respondería a los cuestionamientos que se le hacen una vez conocida su postulación?
-Pienso que algunos simplemente se basan en la falta de conocimiento de mi persona, o quizás incluso en prejuicios. Como le dije, creo que mi candidatura es un poco la culminación de casi 40 años trabajando en los temas y además, creo que también es un reconocimiento al trabajo en derechos humanos que se hace en el interior del país. No estoy sólo yo, sino un grupo de gente trabajando, pensando ideas innovadoras, y con un compromiso por los derechos humanos sazonado por el tiempo, a la vez que con una vitalidad propia de gente joven y de aires nuevos. Quizás por eso hay menor conocimiento de nosotros, o miedo por parte de quienes ven amenazada su quintita.
Perfil
Abogado egresado de la Universidad Nacional del Litoral y de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez
Se ha desempeñado como titular de la Dirección de Asuntos Penales de Mendoza. Abogado de la Asesoría de Gobierno de Mendoza. Ex apoderado en Mendoza del Banco Central de la República Argentina. Es conjuez de la Justicia Federal de Mendoza. Miembro de la Comisión Evaluadora de postulantes a cargos en la Justicia Penal, del Consejo de la Magistratura. Evaluador de postulantes en el Consejo Nacional de la Magistratura. Profesor universitario. Ha publicado numerosos trabajos de su especialidad y ha intervenido como expositor en diversas jornadas, seminarios y cursos. Director del Instituto de investigación de derecho penal y procesal penal de la Universidad de Mendoza. Co autor del libro Manuel de Derecho Penal, parte general, Editorial Zavalía, Buenos Aires, 2012.
Se trata de Carlos de Casas, un letrado con una dilatada trayectoria en el derecho penal y en la gestión pública.
Organización de Estados Americanos: postulan a un abogado mendocino para la CIDH
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