Es increíble, pero los amigos de lo ajeno no perdonan nada, ni siquiera las plantas.
Cómo habrán estado de hartos los propietarios de este jardín que han tenido que poner cámaras de vigilancia para que no se los roben.
Es increíble, pero los amigos de lo ajeno no perdonan nada, ni siquiera las plantas.
Cómo habrán estado de hartos los propietarios de este jardín que han tenido que poner cámaras de vigilancia para que no se los roben.