Orlando Quiroga, pastor evangélico y flamante titular de ese ente, remarcó que por su impronta religiosa muchos creen que se flexibilizarán las detenciones. “Eso lo decide un juez”.

“No he venido al ex COSE para soltar a los chicos”

Por UNO

Sara Gonzá[email protected]

Movido por una historia penosa y dura, el pastor evangélico Orlando Quiroga, flamante titular de la Dirección de Responsabilidad Penal Juvenil –más conocida como el ex COSE– está convencido de que puede cambiar la historia de los chicos de entre 16 y 18 años detenidos por cometer delitos.

Insiste en que hay que escucharlos, darles oportunidades y apuntalarlos. “Esto no significa que los vamos a soltar a todos –dice, enfático– porque he visto que por ahí están hablando que porque hay un pastor acá ahora todos van a salir libres”.

Quiroga puso un pie en el ex COSE como funcionario el lunes 21, pero lleva cinco años haciendo trabajos religiosos tras los muros del centro de detención en el que hoy hay 85 internos: 80 varones y 5 mujeres. Quiroga conoce el paño, pero no sólo por su trabajo evangélico sino también porque estuvo del otro lado.

Hasta los 15 años su vida no tuvo rumbo. Oriundo de Maipú, era parte de una familia en la que el padre los abandonó cuando él tenía 5 años. Junto con sus tres hermanas vieron a su madre trabajar desde las 5 de la mañana hasta las 7 de la tarde. “Pasamos mucha hambre”, recuerda.

Las carencias materiales y afectivas lo llevaron a la rebeldía, a vivir en la calle y “a hacer daño”, aunque nunca terminó detenido y tampoco consumió drogas, según destaca a lo largo de la entrevista.

Esa vida dio un vuelco cerca de los 15 años cuando por iniciativa de su madre se acercó a una iglesia evangélica. Desde esa época se sumó a la iglesia El Camino Hacia Dios, que está en Maipú, y empezó a reencaminarse.

Ahora, casado y padre de cuatro hijos, afronta el desafío de conducir una de los organismos públicos más sensibles. Además de tratar de reencauzar la vida de los menores detenidos en los pabellones de calle la Montes de Oca, en Godoy Cruz, tiene a su cargo unos 600 menores que permanecen judicializados en las Unidades de Medidas Alternativas a la Privación de Libertad, que son centros distribuidos en toda la provincia y que albergan a los chicos que han cometido delitos menores.

– ¿Qué impronta le dará a su gestión? Hay más miradas puestas justamente porque viene de un ámbito religioso.

–Sí, he visto los comentarios en internet; la gente se pone ansiosa. Nosotros no vamos a soltar a nadie, no tenemos la autoridad para hacerlo. Se piensan que vamos a soltar a los chicos y eso lo decide un juez. Nos han  insultado gratis porque desconocen las leyes. Nuestra propuesta no es soltar a los chicos, lo que proponemos es que cuando el juez nos traiga a un chico inmediatamente hay que empezar a trabajar desde lo integral. Hay  que mejorar su estado emocional, su estado espiritual, de salud y trabajar junto con la familia, eso es muy importante.

–¿Ése será el perfil? ¿Darle más importancia al trabajo integral sobre los chicos detenidos?

–Queremos vincular todos los aspectos y darles atención social y oportunidades a los jóvenes.

–¿Cómo lo van a poner en práctica?

–Tenemos contacto con muchas instituciones, ONG e iglesias para que nos ayuden en el trabajo.

–Usted confía mucho en la prédica para cambiar la cosas, pero además hacen falta recursos, infraestructura, plata...

–Es ahí donde vamos a pelear con el Gobierno, porque no han prometido esto; creo que hay una buena predisposición por parte de ellos. Creo que habrá un antes y un después en esta institución.

–¿Qué le hace falta para  mejorar el ex COSE?

–Que la sociedad se comprometa, iremos a golpear las puertas de los empresarios. Algunos ya las abrieron, como la gente de la FEM (Federación Económica de Mendoza). Ellos pueden colaborar en muchas cosas, en dar trabajo y colaborar con la reinserción. También vamos a charlar con más instituciones.

–¿Le hace falta más presupuesto?

–Sí. No sé cuánto. Pero por supuesto que sí. Pero nos ayudan mucho las instituciones.

–¿El número de detenidos ha crecido o se mantiene?

–Desde la gestión de Rubén (Contreras, el director anterior) bajó mucho. Él estuvo unos nueve meses y de haber unos 150 chicos detenidos se bajó a 85. Fue porque se empezaron a mover los papeles, ahora están en casas de familia, en otras alternativas de encierro. También había muchos que ya habían cumplido su tiempo de detención y por cuestiones burocráticas no habían salido.

–¿Hay mucha reincidencia?

–Hay reincidencia; no sé los porcentajes, pero es baja. El que reincide es porque no tiene propuestas para poder mejorar cuando sale libre.

–¿Qué acciones ha podido concretar desde que está al frente de la gestión?

–Hicimos un acuerdo con la OSEP para que tengan más controles de salud. También nos propusieron trabajar con la Banda de la Policía de Mendoza y con la Dirección de Deportes.