La Velada de Gala en el Independencia propone un programa de compositores argentinos, bajo los ensayos de una ciudadana del mundo.

Nathalie Marin, directora de orquesta hace escala en Mendoza

Por UNO

Hace menos de dos meses, Paris. Hace menos de uno, Alemania. Hoy, Mendoza. Quién sabe cómo sigue el itinerario para la directora de orquesta francesa, Nathalie Marin, quien será la encargada de sondear la batuta en uno de los conciertos más importantes de la temporada: la velada patriótica en el Teatro Independencia. Subirá al escenario el sábado 24 de mayo informa el sitio Primera Fila.

Llegó a Mendoza casi por casualidad. Y en repaso de carrera no hay que descartar el azar ni la intuición como motores de una pasión que, sí, la desborda: ampliar los alcances, el gozo y la difusión de la música clásica. Tal tarea parece más que un mandato. Y seguramente será un placer inusual acceder a sus dotes, a menos de 10 kilómetros de casa. Porque sí hay algo para decir acerca de su actuación en el Teatro Independencia es que, como mínimo, estamos frente a una personalidad contemporánea de la música clásica del mundo.

Nathalie Marin fue invitada para dirigir la función de gala. Así es que su visita es en calidad de directora interina de la Orquesta Sinfónica de Mendoza. Mientras pasea por las calles de la ciudad, en tanto se acomoda ensayo tras ensayo y va absorbiendo la energía del sol y del cielo en las faldas del macizo andino, no oculta su amor a primera vista por esta geografía. Y hasta se muestra conocedora de partituras que permanecen ignotas para la mayoría de los mendocinos, como las compuestas por Carlos Washington Barraquero. Ha realizado algunas investigaciones sobre maestros mendocinos.

¿Qué hacía ella en la Cité de la Musique en Paris a fines de marzo? Fue parte de una hazaña musical, como toda obra afiebrada y delirante del compositor Karlheinz Stockhausen (aquel que en ocasión del atentado a las Torres Gemelas), dijo: “Lo que ha pasado es la mayor obra de arte de todos los tiempos”, o aquel mismo que ante la pregunta qué es la música, respondía, suelto: “El sonido emitido por un ama de casa mientras cocina no es música, pero si yo la grabo, eso ya sí es música”. Marin se focaliza exclusivamente en el aspecto artístico de la obra de Stockhausen, a quien no duda en colocarlo en la tradición de Wagner. Así fue como ella dirigió “Carré”, en la Cité de la Musique, con la Filarmónica de Bruselas y Michel Tabachnik.

“Carre” es una obra colosal, que requiere de una concentración ineludible: es que se trata de una pieza que fue compuesta para ser ejecutada por cuatro orquestas, con cuatro directores y otras tantas agrupaciones corales. Y en este contexto, que se oye en simultáneo, el auditorio se dispone en el centro, prácticamente encerrado por cada una de las orquestas en los cuatro puntos cardinales. Marin fue una de las directoras. “Una de las sobrevivientes”, como ahora bromea, al recordar la experiencia.

Su ductilidad la ha llevado a vivir ciudades muy disímiles, con características muy diversas. En Copenhague vivió durante 3 años, donde obtuvo su Maestría en Dirección de la Escuela Real de Dinamarca. Allí fue asistente de dirección de la "Royal Danish Opera". En Venecia, en cambio, fueron dos temporadas, intensas, en las que se aproximó al mundo de la lírica, a tal punto que también dirigió en el célebre teatro La Fenice.

La directora encuentra familiar el paisaje de viñedos, ya que su infancia transcurrió también en la bucólica vida de campo y también entre viñedos. El lugar se llama Vienne y es una zona en la que se producen vinos finos muy renombrados. A diferencia de allí, en Mendoza no hay usinas nucleares. Ni tampoco la inseguridad y violencia que existe en Quito. Marin estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional de Ecuador, entre 2011 y 2013. Recuerda que tenía su chofer, para combatir robos y hasta secuestros, moneda habitual en ciudades como Guayaquil y Quito.

Ella es dueña de una pasión que, lejos de encerrarla en alguna pretendida Torre de Babel de la música, la aproxima al pueblo y a distintos sectores sociales en los que vive. Puede realizar conciertos en ámbitos extremadamente eruditos, como en Shangai, de la mano del entonces ministro de Cultura de Francia, Jack Lang, o bien actuar en centros muy sofisticados, como en la Cité de la Musique en Paris, o enseñar el arte de la dirección musical a niños sordos. O bien realizar flash mob por las calles y plazas de Quito, al son del flamenco, una de sus pasiones musicales, que bien hablan de su devoción por la producción de Claude Debussy.

Su relación con América Latina comenzó en Cuba, donde es asidua de la Orquesta Nacional. También ha realizado conciertos en Santiago de Chile. Pero, acaso, su primer contacto con la cultura latinoamericana se lo deba a su padre. Y el fútbol tiene mucho que ver, ya que él solía tener en las paredes de su casa un afiche con las glorias del equipo de sus amores, no otro que el Saint-Étienne. Resulta que allí jugaba el argentino Osvaldo Piazza, quien durante siete temporadas en el club consiguió alzar un total de seis títulos. El pequeño gran héroe deportivo, en su época de melena ensortijada al viento, solía despertar los suspiros de una adolescente francesa, que, con el tiempo, se convertiría en una brillante directora de orquesta.

Parte de ese caudal artístico se puede traducir en su último trabajo estable, en Ecuador. Allí produjo un aumento del 100 % del público, durante la temporada 2012. También creó una temporada didáctica para niños, desarrolló la participación de sponsors para mejorar las condiciones de sus músicos y hasta elaboró contratos con la televisión para difundir los conciertos, tornando a la música clásica en una noción popular y accesible, como pocas veces en la historia del Ecuador.

Su concierto debut en Mendoza es realmente una propuesta nacional y popular, desde lo artístico, por varias razones. No es menos cierto que el repertorio oscila entre ambos tópicos, alternando con el rescate de una de las músicas más emblemáticas del folklore cuyano, en manos de Hilario Cuadros. Se trata de “Cochero e plaza”. Caso similar con la página “Póngale por las hileras”, de Féliz Dardo Palorma Más nacional podría ser el repaso por la obra de Carlos Guastavino, que lo habrá. Y acaso a medio camino entre lo nacional y lo popular sirva oír la “Suite Estancia”, de Alberto Ginastera. Marin se entusiasma con esta obra. Considera que se trata de una partitura notable. Y su trabajo para encontrar el corazón y vestirse con el espíritu de esta obra es encomiable.

Otra gran sorpresa de su concierto del 24 de mayo en el Independencia es que se producirá el estreno en Argentina de la obra del argentino Claudio Alsuyet, “Buenos Aires, Carpe Diem”, y que la propia Marin estrenase mundialmente en Alemania hace algunas semanas. Y a no perder la ejecución del poema sinfónico “El tarco en flor”, de Luis Gianneo, “con matices orquestales divinos”, según la directora.

Aquellos que disfruten de esta velada patriótica podrán dar fe. Y quizá hasta crédito. Todo parece preparado para que sea una noche inolvidable. Santé.

Fuente: Mauricio Runno para Primera Fila

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