"Estamos trabajando por la paz de Colombia, nada más ni nada menos, después de un conflicto de 53 años. En el corazón de la solución colaborando y ayudando para el fin de algo tan largo y doloroso para la sociedad". Con pocas pero significativas palabras, como "paz" y "solución", el coronel Gustavo García (51) resumió el trasfondo de la misión de la que forma parte desde hace 11 meses. Es, "nada más ni nada menos", uno de los observadores internacionales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la finalización de la guerra y el abandono de armas por parte de las FARC.En los testimonios de este miembro del Ejército Argentino, oriundo de Buenos Aires pero vinculado estrechamente a Mendoza, donde pasó 9 de 32 años de carrera y donde vive hoy parte de su familia, Diario UNO accedió a conocer cómo se vivió este proceso histórico que el martes tuvo su último capítulo del desarme de la guerrilla.Surgida a partir de los acuerdos de paz firmados entre líderes colombianos y de las fuerzas de las FARC, con Timochenko a la cabeza, para esta misión fue fundamental la labor de los argentinos. Desde el país se desplegaron 94 observadores (el 20%), incluyendo al que fue el jefe, el general Javier Pérez Aquino.Para que Gustavo García llegara a tierras colombianas el 19 de setiembre, de civil y desarmado -como las partes habían acordado- debió ser seleccionado, en un principio, por la Dirección de Personal del Ejército nacional. Después superó instancias a nivel comando operacional de las Fuerzas Armadas y, luego, en Naciones Unidas."Tuvimos la responsabilidad del monitoreo y de la verificación del cese de fuego de hostilidades bilateral y definitivo entre las fuerzas públicas colombianas y las FARC y la dejación de armas de la guerrilla. También verificar y ejecutar investigaciones por incidentes, establecer qué se hacía, quiénes tenían responsabilidad y hacer recomendaciones a las partes", explicó acerca del objetivo de la ONU, que formó parte de un mecanismo tripartito."Es una experiencia inaudita para Naciones Unidas porque esto hizo que trabajemos en conjunto las tres partes, con esta salvedad: lo hicimos en horario de trabajo, pero los observadores empezaron a vivir además de trabajar en los mismos campamentos. En la misma carpa con guerrilleros militares y policías colombianos que habían sido enemigos durante 53 años", detalló como "extraordinario".En lo personal, fue designado asistente militar de Aquino; secretario de la conducción nacional del monitoreo y, desde junio, responsable de la dejación de armas de los observadores internacionales.Para alcanzar esta instancia de paz, hubo varios hitos durante el último año. Entre ellos, el coronel enumera cronológicamente el plebiscito del 2 de octubre (con resultado negativo), la firma del protocolo de cese de fuego y hostilidades dos semanas después y la aprobación por parte del Congreso de un nuevo acuerdo de paz, en noviembre.Además, destaca otros hechos que, asegura, fueron emocionantes y que vivió con pasión y fervor. "Entre mediados de enero y febrero se produce el desplazamiento de más de 7 mil guerrilleros hasta las zonas de normalización en donde se inicia su proceso de reincorporación a la vida civil", ejemplificó, aún desde Colombia, donde permanecerá hasta el 18 de setiembre.Cierra el recuento con el acto del 27 de junio, en el que las FARC renunciaron oficialmente a las armas, bajo el lema "nuestra única arma es la palabra" y el 15 de agosto, cuando se extrajo el último contenedor de armamento. En ambas ocasiones pudo saludar al presidente Juan Manuel Santos, Nobel de la Paz."Ha sido una experiencia sumamente extraordinaria en lo personal y en lo profesional. Uno ha escuchado y leído tanto a la largo de la vida del conflicto colombiano que asumir tamaña responsabilidad es emocionante. En lo profesional por los roles que me tocaron, como contribución a la paz de Colombia y principalmente para evitar más víctimas", aseguró.En lo personal, destacó que pudo participar en reuniones significativas, tanto con las máximas autoridades de seguridad como con los campesinos; el haber presenciado la primera destrucción de explosivos y su contacto con Santos. "Acá hay que recordar a las víctimas del conflicto. Claro está que Colombia no va a alcanzar una paz absoluta, por los conflictos con otras organizaciones, pero gracias al cese de fuego más de 3.000 colombianos están con vida", cerró García, dimensionando con cifras el resultado de una misión que será histórica en la contribución a la paz de Colombia, y que durante los últimos 53 años padeció aproximadamente más de 260.000 muertos, 40.000 desaparecidos y 6 millones de desplazados producto de la guerrilla de las FARC.



