Por Javier [email protected]
Hace 21 años, Agustín Cuevaz escribió en la columna de opinión de Diario UNO papel que su nieto Maximiliano Rodríguez “vio la luz de esta bendita tierra” el mismo día y a la misma hora en que las rotativas del diario “lanzaban un nuevo desafío a la opinión pública, una nueva alternativa periodística para que Mendoza siga abrazada con objetiva visión, de los hechos trascendentes”.
Aquella carta salió publicada cuando el diario cumplió un año, al igual que su nieto, al que describía como “hermano mellizo” del nuevo periódico mendocino.
Ese día también, el 25 de junio de 1994, la fiebre mundialista invadía las calles, ya que se jugaba en los Estados Unidos la XV Copa Mundial de Fútbol y al mediodía a la Argentina le tocaba enfrentar a Nigeria.
Ha pasado mucho tiempo desde las tiernas palabras con que Agustín describía al pequeño niño, hoy todo un joven atleta. Y no se equivocaba cuando decía: “Maximiliano apunta al deporte” y que “tener un añito no es un inconveniente para que despierte en él una atracción especial por el fútbol”. Fanático de River Plate e Independiente Rivadavia, Maxi juega en la primera de Chacras de Coria.
Además, estudia en el Instituto de Educación Física 9-016 Dr. Jorge E. Coll la tecnicatura superior en Preparación Física. Hace tres años que emprendió este desafío, el mismo tiempo en que su abuelo se despidió del mundo.
Influenciado por una familia de gimnastas, ya que su madre es profesora de educación física, alterna las horas de entrenamiento y estudio con el gimnasio familiar.
Fútbol en los genesEscucha la palabra fútbol y se le encienden los ojos. Como todo gran hincha de la Selección, Maximiliano disfruta de cada partido del Mundial de Brasil como si fuera él quien está en la cancha pateando la pelota.
Como una vez soñó Agustín, ve su “futuro lleno de ilusiones” y los resultados y las opiniones del deporte las sigue consultando a través de Ovación. Eso sí, ya no queda “hecho un bollo de papel”, como relataba su abuelo, sino que hasta recorta las notas preferidas.
En su opinión, no puede criticarse el encuentro de Argentina contra Bosnia como malo porque “le jugaron en contra al equipo los nervios del primer partido. Tengo mucha fe en que podamos salir campeones del mundo, además tenemos a los mejores jugadores”.
Maxi no usa cábalas para ver los encuentros, sólo se reúne con los amigos futboleros del barrio a seguirlos.
Homónimo del mediocampista Maxi Rodríguez, actual número 11 de la Selección argentina e ídolo de Newell’s, prefiere apartarse de este jugador a la hora de tomarlo como modelo de futbolista y no porque sea malo pero –aclara– “nadie supera a Lionel Messi”. En segundo lugar, prefiere elegir al brasileño Dani Alves, el lateral derecho de Barcelona.
Familia deportistaMaxi es el segundo hijo de una familia numerosa. Tiene cuatro hermanos: Facundo (22), Gonzalo (18), Francisco (14) y Milagros (11). Dos de ellos juegan en Chacras y el tercero se perfila por el mismo camino. Carmen Elizabeth, su madre, es la dueña del gimnasio Praxis, de Dorrego, donde su joven hijo presta su acompañamiento los martes y los jueves.
Daniel Rodríguez, su padre, se gana la vida como secretario administrativo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, y prefiere disfrutar del fútbol sentado en el sillón de su casa o en la tribuna de la cancha del cerro, mirando a su hijo defendiendo la camiseta de Chacras, como lo hizo en su momento en los azules del Parque.
Hasta el año pasado, Maxi formó parte de la cuarta división de la Lepra y antes de pasar por este equipo estuvo desde los 7 años jugando en los inferiores, hasta alcanzar la 4ª división, con la remera verde de la Universidad Nacional de Cuyo.
Su rutina diaria incluye mucha actividad física y está enamorado de Moira Llaneza (18), a quien conoció en la pileta de la universidad y estudia la misma carrera.
Este 27, Maximiliano cumple la mayoría de edad y las eternas palabras de su abuelo siguen teniendo sentido y razón como si fueran actuales. Porque, como escribió sabiamente don Agustín, imaginando a ese pequeño que mecía en brazos y crecía apresuradamente, “Maxi ya camina solo, como UNO, paso a paso, con dificultades propias de quien se forma y fortalece a cada instante...”.



