Por José Luis [email protected]
Tres temas llamaron mi atención durante los últimos días en esta Mendoza de bellísimo paisaje y temperaturas otoñales.
Los dos primeros están directamente relacionados con la vida del Poder Judicial y el último, ligado a la educación, me suena a déjà vu –tal vez al lector le ocurra algo similar– pero, permítame anticiparlo, seguirá estando en este espacio mientras no tenga la solución correspondiente.
La prestación del servicio de Justicia con cuentagotas y un acto de entronización de un cuadro religioso que no llegó a concretarse son los ejes de la temática de los dominios del sanrafaelino Pedro Llorente, de intensísima e ininterrumpida gestión pública desde la década del ’80, que lo ubica oportunamente en los roles de legislador y gobernador por algunas horas y juez de la Corte desde que su correligionario Felipe Llaver lo designó hace casi 27 años.
El sistema sanitario y cloacal de la escuela Guaymaré de Bermejo completa el podio de asuntos que me dejan más dudas que certezas.
Vamos por partes. Por estas horas, los judiciales y el Gobierno están sentados en una nueva audiencia paritaria, la enésima si se toman en cuenta las reuniones infructuosas de los últimos meses y años.
Ya es junio y los judiciales esperan un aumento acorde. Otros que esperan son los abogados, que el jueves y viernes últimos no pudieron hacer ni un solo trámite por la huelga. Y allá, por lo visto muy lejos de la consideración del Ejecutivo, los ciudadanos comunes, los de a pie, los que deberían ser los verdaderos destinatarios del servicio de administración de Justicia pero que, a la luz de las intransigencias y los tiempos dilapidados son -somos- los últimos orejones del tarro. Con los judiciales pasa lo mismo todos los años: siempre van a la zaga respecto de los demás gremios estatales a la hora de obtener una mejora. Quienes conocen la entretela política juran que se debe a que la cantidad de afiliados es mucho menor en comparación de otras plantillas de personal público. Y a que la justicia paralizada no impacta en la sociedad tanto como las escuelas sin clases o los hospitales sin médicos ni enfermeros a la vista.
Tema dos. En menos de 12 horas la Corte local dio una voltereta y pasó de mandar invitaciones membretadas a instituciones y a sus propios empleados y funcionarios a suspender (léase cancelar sine die) el acto de instalación en el sexto piso y posterior bendición del Arzobispado de un cuadro de Jesús Misericordioso.
La obra que un grupo de religiosas le regaló al supremo Jorge Nanclares debió ser guardada para otra ocasión después de que UNO publicó el miércoles no sólo el malestar de laicos que reclaman a la Corte, vía judicial, el retiro de toda simbología religiosa de los edificios públicos, sino también la confirmación del propio Nanclares de que el acto se concretaría sí o sí porque contaba con el aval de los demás miembros del tribunal y no afectaría convicciones al resolver las causas contra la Iglesia Católica. ¿Qué cambió en 12 horas?
Final. Mi preocupación sinfín por los chicos de la escuela Guaymaré. La semana pasada, mientras Paco estaba en Londres, perdieron 4 días de clases porque los líquidos cloacales anegaron las instalaciones y las tornaron inhabitables. Algo similar ocurrió mientras el gobernador estaba en el Vaticano. ¿Y si prueban con más Mendoza y menos London?



