Por Alejandra [email protected]
Mientras una multitud cruzaba hacia la Argentina para disfrutar del fin de semana largo, un grupo de jóvenes viajaba en sentido opuesto hacia Chile con un plan distinto para Semana Santa: poner a disposición sus ganas y su mano de obra para ayudar a los habitantes de Valparaíso, ciudad afectada por los incendios. En sus vehículos, las valijas fueron remplazadas por cascos, palas, ollas y bolsas de dormir, que usaron para resguardarse en las noches, y la mercadería y el dinero que habían recolectado para darles a los damnificados.
“Cuando un amigo chileno me contó que sólo les habían quedado escombros y que necesitaban ayuda, no dudé en sugerir que fuéramos a colaborar con lo que se pudiera, aunque fuera ofreciendo nuestras manos”, contó Lina Gutiérrez, al describir cómo surgió esta iniciativa a la que se acoplaron sus compañeros de la iglesia Valle del Rey de Tupungato, que fue la que luego reunió gran parte del dinero y las donaciones que llegaron desde distintos sectores de la comunidad. Sin embargo, llegar hasta Valparaíso no les fue fácil. En los dos días previos de organización para este viaje debieron desistir, primero, del camión en el que llevarían la carga de insumos –por cuestiones de documentación– y, después, les suspendieron la contratación de la tráfic que habían alquilado para poder trasladarse. “Eran todas trabas, pero no queríamos rendirnos”, relataron quienes, finalmente, consiguieron viajar en dos autos que unos allegados ofrecieron, poniendo también su labor a disposición. Desde allí, describieron que todo empezó a darse con facilidad hasta que pudieron, el mismo Viernes Santo, estacionar sus autos en el bajo de la ciudad y empezar a caminar hacia lo alto de los cerros más afectados por el fuego. “Llegamos y la sensación fue la de encontrarnos con una zona de guerra. Desde ahí no paramos de trabajar a la par de ellos. Fuimos caminando y ofreciéndonos en lo que veíamos que podíamos colaborar”, describió Gastón Carmona. Descargar camiones, separar y repartir mercadería, escarbar, derribar aquellas murallas que aún quedaban en pie y mover escombros fueron apenas algunas de las tareas que fueron desempeñando a medida que iban adentrándose tanto en el territorio damnificado, como en la historia personal de las familias que sufrieron esta catástrofe. “Un señor nos mostró su artesanía y nos dijo que el fuego se había llevado todo, pero no el amor de esa casa”, contó Jaquelina Gutiérrez, al mencionar el testimonio de un artesano al cual el fuego le consumió todo lo que había en su vivienda, a excepción de una de sus producciones en hierro en la cual él se había representado abrazado a su esposa. Con los ojos llenos de lágrimas pero el corazón desbordado de gratitud, este grupo de jóvenes destacó también de esta experiencia la ayuda que recibieron ellos mismos de quienes quisieron devolverles el gesto de solidaridad. “Desde una iglesia adventista que conocimos ahí nos pagaron una noche en un hostel y después la dueña de este hospedaje nos regaló el resto de la estadía porque no podía creer que habíamos llegado de Argentina sólo para ayudarlos”, contaron además de relatar que durante los tres días que estuvieron allí les ofrecieron comida y agua. “No me voy a olvidar más de una mujer que me tomó la mano y me dijo emocionada que hoy era por ella, pero mañana podía ser por nosotros”, agregó Anabel Condorí. Entre otras imágenes, estos tupungatinos destacan cómo las escenas más imborrables las de la bandera chilena ondeando en cada terreno devastado, los carteles de aliento y agradecimiento que encontraban a cada paso, la voluntad de salir adelante en medio de tanta desolación y la solidaridad de todos los que llegaban a ayudarlos, entre ellos murgueros que se dedicaban a ponerle ritmo a la labor de reconstrucción y a los payasos que entretenían a los niños. Desde el Valle Las voluntarios. Anabel Condorí (22), Lina Gutiérrez (26), Gastón Carmona (43), Jaquelina Gutiérrez (29), Juan Galarza (44), Gonzalo Cepeda (30), Alejandro Yáñez (30), Raquel Cortez (21) e Isaac Obreque (23). Volverán. El próximo fin de semana largo, este grupo regresará a Valparaíso para ejercer la misma labor. El objetivo es aportar mano de obra y herramientas para trabajar la madera. Convocatoria. Los integrantes de este grupo solidario invitan a la comunidad tupungatina a que colabore con dinero para la compra de materiales y con algunos insumos. La iglesia Valle del Rey está coordinando la colecta.



