Mendoza Viernes, 23 de marzo de 2018

"Los robots van a destruir, crear y remplazar empleos"

Lo dijo en Mendoza Gustavo Béliz, director del BID y ex ministro de Justicia de la Nación. Expuso sobre la necesidad de integrar la tecnología desde una mirada humana y bajo un contrato social

Hace 30 años, la idea de que los robots dejarían sin empleo a los seres humanos era una potable especulación futurista. Hoy es, sin lugar a dudas, un hecho que ya está ocurriendo de forma masiva y que va a expandirse en los próximos años y por lo tanto se trata de un formidable desafío para los gobiernos, los estados y los líderes políticos, sociales y empresariales del mundo. Así lo planteó en una exposición en la UTN (Universidad Tecnológica Nacional) Gustavo Béliz, ministro en las presidencias de Carlos Menem y Néstor Kirchner y desde 2004 director del Instituto de Integración para América Latina del BID (Banco Interamericano de Desarrollo). De visita en Mendoza, a propósito de la 59° Asamblea Anual del BID, que se celebra en nuestra provincia, Béliz habló de este desafío y aseguró que el modo de enfrentarlo es con la tecnointegración. Esto es, "integrar la tecnología a la ciudadanía para que ésta abra mayores oportunidades de empleo y crecimiento". Béliz se basó en los relevamientos que realiza el BID a través del Lati-nobarómetro, con los que detectaron los principales temores de los habitantes de Latinoamérica."El 70% de los latinoamericanos temen que los robots o los mecanismos de automatización pueden remplazar sus actuales trabajos. De ahí que se hace necesario medir esta percepción para atender estas demandas con políticas públicas adecuadas en la de educación, en nuevas habilidades que se requieren para atender los empleos del futuro, en las negociaciones comerciales internacionales que tienen que incluir el tema tecnológico y en el intercambio con otros países.-¿Ese temor es real?-Es un temor que refiere a la percepción de la gente y que tiene su excepción en algunas ocupaciones como son el cuidado de niños y ancianos. En estos casos la gente responde, en un alto porcentaje, que esas labores no podrán ser remplazadas por la robotización porque el elemento humano será indispensable para realizar estas tareas. Un buen maestro nunca podrá ser remplazado por un robot. Igual pasa con los médicos. -¿Pero es real que los robots van a remplazar empleo a gran escala o es una exageración?-Hay tres preguntas respecto a esto cuya respuesta es sí. ¿Los robots van a destruir empleo? Sí. ¿Van a crear empleo? Sí. ¿Van a remplazar empleo? Sí. Las tres cosas van a ocurrir, el tema es saber en qué proporción y lo más importante es que América Latina tenga un contrato social tecnológico. Es lo que estamos planteando desde el BID, que la robotización atienda a las demandas, percepciones y expectativas de los latinoamericanos. Que sea inclusiva con los trabajadores, con la sociedad. Que no se trate de la tecnología remplazando al ser humano sino al servicio de este. La meta central del BID es mejorar la vida de las personas y hay una gran oportunidad para hacerlo en América Latina siempre y cuando haya un contrato social tecnológico, un plan estratégico que incorpore esto desde un punto de vista sustentable, desde la naturaleza social.-¿Entonces es inexorable el remplazo de empleos por robots?-Lo es pero no es inexorable la exclusión social. Es posible que la tecnología incluya socialmente a las personas. Eso requiere de decisiones estratégicas de los líderes, con planes y programas con un rumbo que tengan como centro a la persona. La competitividad en América Latina no tiene más que ver ya con obtener salarios bajos sino con tener innovación tecnológica.-¿Hay alguna experiencia en el mundo que muestre resultados positivos al respecto?-Por supuesto. En estos momentos se están lanzando planes nacionales de inteligencia artificial en China, Japón, Estados Unidos, Canadá, Australia y la India. Están debatiendo y diseñando de qué modo la inteligencia artificial puede mejorar la salud, la educación y la industria 4.0. -¿Desde qué perspectiva?-El mensaje que nos manda el mundo es que los temas de automatización no pueden ser resueltos con piloto automático, sino que requieren de una acción deliberada, concertada y coordinada del Estado, del mercado y la sociedad civil. En Argentina tenemos un gran ejemplo con la ley de software que permitió crear 100 mil puestos de trabajo. Hoy Argentina exporta casi tanto en software como en ganadería. -¿Cuál es la principal brecha que se detecta hoy en lo tecnológico?-En Latinoamérica es la brecha social. El Latinobarómetro nos dio datos asombrosos: el 44% de los latinoamericanos tiene un smartphone o teléfono celular inteligente. De ese universo, 16% pasa hambre, es decir come una vez al día, y 31% no tiene suficiente salario para llegar a fin de mes, sin embargo tienen un teléfono celular inteligente. Esto nos demuestra la expectativa de la ciudadanía y nos lleva a pensar que el smartphone debería ser una gran herramienta de inclusión social, de nuevos mercados, de formación educativa que requiere políticas públicas acordes.-¿En que nivel está Latinoamérica respecto al mundo?-Atrasada. Se invierte muy poco. Brasil es el que más invierte. La mayor cantidad de concentración de robots está en Brasil y México.-Da la impresión de que esto ya debería ser una temática escolar...-Definitivamente, incluso diría que desde el jardín de infantes, porque en los primeros tres años de vida se define gran parte de la educación de un niño. En el BID trabajamos mucho en neurociencia. La formación del cerebro en los primeros años de vida, la nutrición y la conducta impactan muchísimo en la trayectoria de esa persona el resto de su vida. -¿Qué otras herramientas políticas se podrían aplicar con la tecnointegración?-Las compras públicas estatales, que pueden ser un gran mecanismo dinamizador de innovación tecnológica. Argentina y Brasil destinan el 17% de sus presupuestos a compras públicas. En Europa y Estados Unidos estas son una gran herramienta para la innovación tecnológica. Si se unen países como Argentina y Brasil para realizar compras públicas la innovación puede influir de modo más importante. De la misma forma ambos países podrían buscar mercados comunes para dinamizar el sector tecnológico.