Por Javier [email protected]
“Sólo Dios sabe todo lo que ha luchado para estar vivo”, dice Sebastián Sosa (39) refiriéndose a su hermano Enrique Javier (45), quien lleva tres años internado desde que fue atendido por una luxación de cadera que derivó en dos operaciones y que trajo nuevas complicaciones para su salud. Desde entonces pelea con el PAMI para que tome en cuenta su delicado estado de salud.
La primera de las batallas comenzó el 20 de julio de 2011. Esa noche tuvo que ser trasladado a la clínica Santa María por un intenso dolor. Enrique Sosa había sido intervenido en enero a raíz de un accidente en moto que le provocó una fractura en su cadera, cuatro costillas quebradas, traumatismos y estado de coma.
Producto de ese accidente tuvo que ser intervenido 9 veces por luxaciones de cadera ya que, según consta en el expediente judicial, no se colocó al momento del siniestro la prótesis correcta. Finalmente, esta se rompió en su cuerpo y tuvo que ser removida y cambiada por otra.
En la segunda operación, el accidentado contrajo un virus intrahospitalario que infectó la zona intervenida, por lo que comenzó a ser medicado con antibióticos.
“Las infecciones continúan y son tratadas con criterios disímiles entre el infectólogo y el cirujano traumatólogo”, dice una acción de amparo presentada contra el PAMI.
Más dificultadesLa abogada Alejandra Ruiz, representante legal de Sosa, pidió en esa oportunidad que Enrique fuera traslado al Hospital Español. “Las interconsultas concluyeron que era lo más beneficioso”, dice el expediente.
Luego de una intensa pulseada legal, a través de una medida cautelar se le ordenó al PAMI que lo trasladara. La abogada aseguró que la obras social no sólo no quería el cambio sino que pedía el alta del paciente.
Enrique Sosa ingresó a la obra social a través de su madre, Catalina Teresa Ibach (68), luego de que se le diagnosticara una discapacidad por un golpe en la cabeza que le ocasionó falta de irrigación al cerebro. Tras ello quedó a cargo de su madre, que pasó a ser su apoderada legal.
En noviembre de 2011 Sosa fue derivado por orden judicial al Hospital Español, donde ingresó con una “infección asociada a la prótesis articular en la cadera derecha”.
El ateneo interdisciplinario de la clínica señaló en un parte que por ello se realizó la remoción de la prótesis y se comenzó con un esquema de antibióticos y curaciones.
Intervinieron médicos, infectólogos y traumatólogos y se propuso amputar, entre otras salidas, el miembro afectado.
Ante la negativa de la familia se realizaron otro tipo de terapias que mejoraron la herida y compensaron el estado de Enrique. Después de cientos de días de internación fue tratado con antibióticos, a la espera de una nueva operación.
La misma requiere de prácticas especializadas, y según explica la familia de Enrique los únicos centros que dan respuesta a su patología médica están en Buenos Aires: el hospital Británico o el Alemán.
Para los médicos es necesario un traslado sin demoras porque la internación prolongada favorece una nueva colonización de gérmenes en la herida.
En este período de espera indica la abogada que “la familia ha sufrido un suplicio judicial de parte del PAMI”, ya que ha presentado en varias ocasiones apelaciones para que se le dé el alta al enfermo para no hacerse cargo de los gastos por más tiempo. “Tanto las juntas médicas como la Cámara Federal de Apelaciones ha concluido que Enrique tiene que seguir siendo asistido hasta que pueda curarse del todo”, dijo Ruiz.
►¿Qué dice el Pami? Respuesta oficial. Consultados sobre esta situación, desde la obra social de los jubilados dijeron estar al tanto del estado del paciente y prefirieron no adelantar opinión al respecto ya que se trata de un caso judicializado y complejo.
La madre, el hermano y el padre Roberto JuárezEl padre Roberto Juárez, de la parroquia Nuestra Señora de Pompeya, en Godoy Cruz, ha sido una de las tantas personas que han estado presentes haciendo fuerza en la cruzada por la vida que lleva adelante Enrique Sosa desde que se accidentó. “Lo mío ha sido únicamente un acompañamiento espiritual”, dijo el cura.
Sin embargo, dos pilares que lo han sostenido inquebrantablemente, cuidándolo día y noche para que no le falte nada, son su hermano Sebastián y su madre Catalina Teresa.
“Perdí una hija por negligencia médica y por eso me duele y sufro cada día que pasa sin una solución o ante cada nueva negativa. A veces me siento devastada. Sólo me mantiene en pie mi inmensa fe en Dios. Seguiré luchando hasta el final por mi hijo”, expresó Catalina.
Para Sebastián, “ mi hermano se ha recibido de superhéroe porque se ha aguantado de todo. Confió en los médicos que le dijeron que se iba a curar y en su familia que estuvo presente, y fue gracias a esa fe y esa esperanza que sacó fuerzas de donde no tenía y se está recuperando”.
Enrique antes del golpe en la cabeza se desempeñaba como gestor judicial. Es divorciado y padre de dos hijos mayores, uno de los cuales vive en Estados Unidos. Se crió en Guaymallén junto con siete hermanos. Entre sus gustos, la música es el primero de ellos, principalmente si se trata de rock, blues y jazz. “En cada operación los médicos trabajan escuchando sus discos”, cuenta Sebastián.



