Mendoza Domingo, 30 de septiembre de 2018

Lilian se salvó de la mutilación genital y milita sus derechos

La joven keniata Naserián (25) esquivó esa costumbre social y ya en la facultad creó una organización que la combate.

Ni la adultez ni la niñez parecen simples para las mujeres africanas. Su cultura sostiene que en una pareja sean ellas quienes deban trabajar e incluso levantar la casa en la que vivirá su futura familia. Pero ahí no acaba su calvario. Pese a que las leyes africanas lo condenan, las costumbres insisten en que hay una sola manera de convertirse en mujeres de bien: someterse a la mutilación genital en la infancia. Sólo eso acabará con la libido que podría llevar a esa mujer a intentar conocer a otro hombre más allá del aquel con el que está pactado que se casará.

Lilian Naserián (25) es una joven de Kenia que logró sobrevivir a esa práctica social que iba a mutilarla a los 11 años, llegó a la universidad, creó una organización de defensa de los derechos de las mujeres y hasta se atrevió a ser la única persona de su tribu, Masái, en subirse a un avión, para venir a Mendoza a concientizar con su experiencia.

-¿Cómo es que decidiste atravesar el océano y venir a mostrarnos tu realidad?

-Empezó cuando conocí a Facundo García (periodista mendocino), que llegó a nuestra aldea en medio de un viaje por África que terminó en su libro Las preguntas de los elefantes. Cuando él llegó noté que intentaba integrarse, no sólo pasar por nuestro lugar, y en ese integrarse quiso contarnos de su cultura. Así es que esto comenzó como un intercambio cultural. Al principio era como un sueño venir a la Argentina, porque el proceso fue largo y nos costó mucho conseguir la visa, pero finalmente cuando la tuve caí en la cuenta de que tenía que subirme a un avión para cruzar el océano Atlántico y yo no sé nadar. Yo soy la primera persona de mi aldea que se sube a un avión. Es tan extraño para nosotros que un tío mío vendió un par de chivos e hizo 4 horas a campo traviesa y 3 horas más en carretera para llegar a Nairobi (capital de Kenia) para verme subir al avión, porque no lo podía creer.

-¿Y cómo surgió esa necesidad de crear una organización que luchara por los derechos de las mujeres?

-Yo creo que soy una víctima pero también soy una sobreviviente. Cuando llegué a la universidad empecé a ponerles palabras a los problemas que yo detectaba en mi tribu: problemas de salud, de derechos sociales y problemas económicos. Cuando empecé a enseñar -Lilian es profesora de Lengua y Literatura inglesa- las clases tenían una duración de 40 minutos, pero siempre me tomaba los últimos 5 para hablar de los derechos de las mujeres. Cuando fundé la Masái Mara Women Empowerment Guide Organization (Organización de Guía de Empoderamiento de Mujeres de Masái Mara) me di cuenta de que no eran sólo las chicas que estaban en la escuela las que necesitaban conocer sobre sus derechos, sino que también lo necesitaban las mujeres que no estaban allí, las que estaban fuera del sistema. Ahí pensé en una organización basada en la comunidad, en donde hubiese un intercambio de conocimiento, que saliera de la universidad pero que abarcara a todas las mujeres.

-Uno de esos problemas que involucran los derechos y la salud de las mujeres es la mutilación genital...

-Sí, es un problema que obviamente está basado en la inequidad de género, porque se supone que un hombre puede tener todas las mujeres que quiera. Ni siquiera tiene que mantenerlas porque todo el trabajo lo hacemos las mujeres. Y, en cambio, una mujer sólo debe tener un solo hombre. Entonces se piensa desde un punto de vista heteronormativo y machista que una forma de reducir el deseo y la libido de las mujeres es cortarles el clítoris, para que así pierdan el erotismo y con él el interés en conocer a otro hombre. Por otro lado se lo considera una cuestión de limpieza porque se cree que así se previenen infecciones, lo cual es completamente falso. En nuestra cultura es una especie de graduación, es como que así te recibís de mujer. Desde ese momento sos reconocida como tal y estás preparada para tener hijos. Eso acaba con tu infancia porque se cree que a partir de la mutilación ya se puede tener sexo.

-Ante una práctica cultural tan fuerte, ¿cómo lograste evitar tener que pasar por ella?

-A mí me salvó mi mamá, porque a mis 11 años ya estaba casi lista la ceremonia para hacerla cuando escuchamos que una chica había muerto por esa práctica y ella pensó en que no quería perderme. Ella se encargó de convencer a mi papá de que me lo harían en un hospital y organizó todo para que allá no lo hicieran. Después tuve que simular que me recuperaba de la operación.

-Pese a que la mutilación está prohibida legalmente en África, se practica en los hospitales...

-Casi nunca se hace en un hospital, hay curanderos que se dedican a eso. En algunos casos se ha intentado hacerlo en un hospital y han cambiado la operación para que sea menos agresiva. Igualmente hay mucha gente como yo que se ha opuesto a toda la práctica.

-¿La mutilación genital es también una condición para el matrimonio?

-Sí, mi mamá me contaba que en su época no se hacía tan tempranamente, se realizaba a los 15 para que a los 16 ya estuvieras pensando en casarte. Pero nuestra hipótesis es que la sociedad tiene tanta avaricia que hay muchas familias que sólo quieren conseguir bienes. Entonces intentan vender a sus hijas jóvenes porque a cambio van a obtener esos bienes de manera rápida. Por eso se hace más temprano. Hay familias en las que se realiza a los 10 años. Si alguna mujer no ha pasado por ese proceso no es reconocida como una persona con la que esté bien casarse. Es más, es tremendo que una mujer se quede embarazada sin haber pasado por la mutilación. En mi tribu se las llama entapai.

-Ante tamaña costumbre el primer salvataje te lo dio tu madre, ¿el segundo fue apostar a la educación?

—Varias cosas me salvaron: la iglesia, las organizaciones y la educación. Mi mamá es analfabeta, pero aun así siempre estuvo para respaldarnos en la educación. Mi papá se fue cuando éramos niños y como mi mamá no tenía para mandarnos a todos a la escuela, tuve que esperar a que terminara mi hermano para empezar yo. A mí me ayudó ser muy disciplinada y prolija en la escuela, porque aunque no nos alcanzara el dinero para los útiles las maestras veían eso y me apoyaron siempre. Así fue que llegué también a la universidad (Kenyatta University) pública y logré graduarme.

-Toda una proeza la de conseguir eso teniendo a cargo 5 hijos y llevando sola una familia...

-A mis 11 años una familia rica le había ofrecido un montón de animales a cambio de que yo me casara. Hay una explotación social, porque ellos sabiendo que éramos muy humildes habían hecho ese ofrecimiento para sacar provecho. Porque les había llegado la información de que mi madre no podía pagar nuestra educación y entonces le decían: "Así lo vas a resolver, dame la niña a mí y encima ganás animales". Mi madre siempre se opuso y dijo no, ella se queda acá y va a seguir la escuela. Cuando le decían pero si no tenés con qué mandarla a la escuela, mi madre decía Dios va a proveer.

-¿Qué consecuencias sociales tiene oponerse como vos a una costumbre tan arraigada?

-Los hombres en mi sociedad me consideran intimidante. Cuando alguno descubría que yo no había sufrido la mutilación me decían: "Vos no nos estás respetando, y yo les decía que no, que yo simplemente pido que no se realice la práctica de la mutilación genital femenina. El tema del respeto hacia ustedes pasa por otro lugar y a pesar de eso, siento que los hombres me tienen miedo, no muchos se me acercan porque tienen miedo de mi postura.

-Como defensora de los derechos de las mujeres ¿en qué creés que te puede enriquecer este intercambio cultural que se da en las charlas que estás dando en la UNCuyo?

—Pretendo empaparme de tres temas fundamentales para poder aplicarlos en mi aldea: principalmente en temas de agricultura, en empoderamiento económico de la mujer y en temáticas de cuidado de la salud. Por eso además de las charlas voy a tener reuniones con especialistas de la Universidad Nacional de Cuyo para llevarme experiencias de cómo se trabajan esos temas en Mendoza, para trasladarlos a mi cultura y paralelamente poder contarles de nuestras experiencias. Una de las cosas que más me han llamado la atención es que de un clima desértico como el de ustedes hayan logrado tener un lugar tan verde. Me llamaron mucho la atención las acequias y el sistema de canalización. Nuestro lugar es similar en cuanto a lo desértico. Yo para conseguir agua debo caminar 7 kilómetros. Por eso si yo pudiera hacer eso en mi aldea, Ositeti, la convertiría en el cielo.