ver más

Vive en Palmira. Sus padres la dieron de niña y después fue “regalada”. Tuvo 2 maridos y 6 hijos y pregona que “el futuro es la vida, atrás no hay nada”. Y recuerda: “Hasta con Vairoletto bailé”.

La receta de Filomena para llegar impecable a festejar sus 100 años

Enrique Pfaabpfaab.enrique@diariouno.net.ar

“Yo no le he aflojado a la vida”, dice Filomena Castro. En el barrio Los Tilos la conocen como Filo, simplemente. En Palmira también la llaman así. “Estoy requetebién”, dice, confirmando lo que se aprecia a simple vista. Ya ha  vivido cien años y parece estar lista para vivir otros cien. “La verdad, no los siento”, sostiene.
Ríe, está totalmente lúcida y su memoria es impecable. Recuerda con detalles su infancia y también el pasado inmediato. “Sabe si ayer tomó esa media pastilla y dónde está la otra mitad. Somos nosotros los que nos  olvidamos de esas cosas”, cuenta Nancy, una de sus hijas. Nació en La Puntilla el 11 de agosto de 1913 “y la verdad, mi vida ha sido bastante triste”, pero ella ha doblegado ese sentimiento. “El que siembra bien, cosecha  bien”, ha sido su filosofía. Hubiera tenido motivos suficientespara quejarse, pero no lo ha hecho nunca. “A los 5 años mi madre me regaló a una familia que vivía en Palermo, en Buenos Aires, en la calle Paraguay 2206 casi esquina Uriarte, cerquita de  la plaza Italia”, recuerda. “Era una pareja sin hijos que jamás me trató como hija. No me hicieron faltar nada, pero me faltó mucho cariño. Desde entonces no me gusta la soledad”, agrega. Esa pareja se terminó separando “y a mí me regalaron a una familia amiga de ellos, con los que trabajé como empleada doméstica”. Allí estuvo hasta los 24 años. Justo cuando había conocido a un muchacho y hacía planes para casarse, “hice los bolsos y me vine a Mendoza”. Dice que tomó esa decisión “porque me hicieron un mal impuesto (una especie de brujería o gualicho) y me vine sin pensar, sin saber bien lo que estaba haciendo”. Fue a vivir a casa de Candelaria, su madre, la misma que la había regalado. “No me quiso de chica ni tampoco de grande”. Allí conoció a un hermano menor, que en ese momento estaba haciendo el servicio militar. “Un día lo  fui a visitar y apareció un soldadito que nos miraba mientras hablábamos”. Filomena era una morocha de ojos celestes, muy hermosa, y ese muchacho sería su primer esposo. “Era muy mujeriego, no le alcanzaban las horas del día para andar detrás de las polleras”, recuerda sin rencor, porque “no  hay perfección, todos tenemos algún defecto”. El matrimonio duró hasta que nació el tercer hijo y “el soldadito” desapareció, dejando a Filomena sola con los tres niños. Así, la inquebrantable mujer llegaría a Palmira en busca de trabajo. Allí terminó empleada en la fábrica Noel, “hasta que me jubilé. Y también trabajaba en La Campagnola. Salía de un lado y entraba en el otro”. Un muchachito diez años menor que ella terminó por conquistarla. Ese fue su segundo marido y de esa pareja nacieron otros tres hijos. “Fíjese qué semillaje que he hecho”. Pero esos años tampoco fueron simples. Filomena recuerda una anécdota: “Un día una compañera de trabajo me  contó que estaba de novia con un hombre, me dio el nombre y yo le dije: ‘Mirá, te lo digo para que no te agarre de tonta. Ese hombre es mi marido’”, pero jamás le reprochó nada a la mujer ni tampoco a su esposo. “Nunca he  sido de armar tormentas, más bien he sido de deshacerlas”, dice. Quizás eso le ha permitido vivir 100 años y tener una salud envidiable. Siempre ha estado más allá de todo. “La verdad, una de las cosas que más me ha gustado ha sido bailar”, cuenta. Ha bailado pese a todo, aun cuando ya le ha tocado sobrevivir a varios de sus hijos, incluso a un niñito “que se me murió quemado con agua  caliente”. Nada ha podido con ella. Dice que en esos bailes le ha tocado danzar “hasta con bandidos. Bailé con Vairoletto (Juan Bautista) y con otro al que le decían el Membrillo. Dicen que eran ladrones, pero a mí todos me han tratado  bien”. El domingo su casa fue un desfile. Pasaron por allí todos sus hijos, sus 15 nietos, sus más de 20 bisnietos (es difícil obtener un número preciso), sus 2 tataranietos y una interminable lista de vecinos. Todos disfrutaron del maravilloso humor de Filomena, de su ánimo invencible, de su optimismo. “El futuro es la vida, atrás no hay nada”, dice y rezonga contra el cronista: “¡Mire el chusmerío que me está haciendo contarle!”.  Después lo toma de la mano y le aconseja: “Portate bien y no fumes: no te estoy retando ni te estoy mandando. Sólo te enseño”. Filomena tiene un secreto: no ha cargado con odios ni rencores. Los errores y defectos ajenos no han sido su lastre. Ha caminado liviana, libre. Y acá está, cien años después, riéndose con picardía.

MÁS LEÍDAS