El joven papá ganó los reclamos por la tenencia de su nena de 2 años luego de que la madre de la niña muriera en un accidente en el 2013 y de que la abuela materna negara el vínculo entre ambos.

La pesadilla de Franco llegó a su fin: tras siete meses se reencontró con su hija Milagros

Por UNO

Por Javier [email protected]

Después de siete meses sin verla, Franco Esquivel (20) volvió a encontrarse con su hija. El joven papá transitó los laberintos institucionales en reclamo de la tenencia de Milagros (2) días después de que la madre de la niña falleciera en un accidente. El 15 de junio pasado pudo festejar el Día del Padre abrazado de su nena luego de que la Justicia la dejara nuevamente en sus manos.La relación de Franco con Milagros sufrió una fuerte sacudida a partir del domingo 20 de enero de 2013. Ese día Noelia Galdeano (16), madre de la pequeña, viajaba en un vehículo junto con tres personas y por causas que se desconocen el conductor perdió el control del auto, lo que provocó que volcara y ocasionara la internación de Noelia y su posterior fallecimiento.

Milagros no había sido documentada y antes de que ocurriera el siniestro vivía con su madre en la casa de su abuela materna, Verónica, y pasaba varios días de la semana en compañía de su padre en el hogar de sus otros dos abuelos: Graciela y Andrés. El vínculo familiar se respetaba; sin embargo, la muerte de Noelia quebró el equilibrio y las relaciones se complicaron.

Verónica negó sistemáticamente que Esquivel se acercara a su hija. Y mientras Franco acumulaba expedientes tratando de probar la paternidad, no pudo evitar que la niña fuera alejada a cientos de kilómetros de su entorno más íntimo. El contexto también le jugó en contra ya que la muerte por maltrato de Luciana Rodríguez (3) puso en vilo a los funcionarios que debían resolver su situación.

Entre tanto, la abuela se llevó a Milagros a Cutral Có, Neuquén, incumpliendo compromisos firmados con la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (DINAF). Su plan consistía en documentar a la niña en esa provincia y rehacer su vida borrando todo vínculo familiar anterior. Pero Franco y sus padres no se quedaron de brazos cruzados y tampoco se cansaron de golpear puertas hasta que alguien los escuchara.

Fue así como logró que le restituyeran a su hija, después de tanto insistir y guiado por el Órgano Administrativo Local (OAL) de la DINAF. El viernes 13 de este mes, por orden de la Justicia y a través de un operativo, la pequeña fue trasladada otra vez a Mendoza para vivir con su padre y se establecieron horarios de visita con el resto de los familiares.

Muchos nervios y a festejar“Apenas pude verla quería saltar arriba de la nena y abrazarla, no me aguantaba ni un segundo más. Cuando llegué al OAL me encontré con la reja cerrada y la puerta entreabierta y Milagros estaba jugando. Cuando me mira, me dijo: ‘¡Papi vamos, vamos!’ y me agarraba la cabeza, se quería cruzar por la reja. ¡Vamos! ¡Vamos a casa, papi!”, relata Franco sobre el momento del reencuentro.

Tanto Franco como sus padres, Graciela y Andrés, fueron citados a las 10 del viernes 13 para que le entregaran a la niña, pero lo programado por el OAL se complicó y tuvieron que esperar para poder llevársela hasta las 20 de ese día. “La abuela materna no quería saber nada con la restitución”, describe Andrés, quien luchó a la par de su hijo por no perder a su nieta.

“Estuvimos a tres cuadras de la OAL de Las Heras para evitar cualquier conflicto, esperando durante horas a Milagros porque le fue muy complicado a la institución hacerle entender a esa abuela que la tenencia le corresponde a mi hijo y que ella puede ver a su nieta cuando guste, pero ajustándose al acuerdo de visitas que se confeccionó”, comentó Graciela.

“Estuvimos horas sentados en las vías del tren esperando verla, muy ansiosos. Después me hicieron firmar unos papeles y me la dieron”, dice Franco satisfecho y describe que el día en que la pequeña volvió a su casa, la familia cayó por sorpresa y cerca de 50 personas cenaron para festejar el momento. Con globos y carteles brindaron como si Milagros hubiese nacido de nuevo.

“Ha cambiado todo, ahora la casa está más llena de alegría, con mucho más movimiento. Mili juega por todos lados, tiene un espacio grande donde divertirse, estamos felices y gracias a Dios está con nosotros y pude disfrutar de un Día del Padre excelente”, cuenta con el corazón abarrotado de alegría Franco, a quien le quedan por delante miles de experiencias que compartir con su hija.