La institución acordó con cinco muchachos para que vigilen y laven los rodados de los docentes y alumnos en la zona.

La nueva vida de los cuidacoches de la Universidad Juan Agustín Maza

Por UNO

Acá te preguntan cómo estás, qué te pasa. Eso es lo que tiene que hacer la sociedad para recuperarse: fijarse en el otro, pero fijarse de verdad”. Así piensa Carlos (32), uno de los cinco cuidacoches que desde hace poco más de un año custodia las inmediaciones de la Universidad Juan Agustín Maza, en Guaymallén, fruto de un acuerdo entre esa institución y la mutual que los agrupa. Desde abril de 2013 a esta parte no se han reportado denuncias por incidentes o robos de ningún tipo en la zona de influencia de estos trabajadores.

Es una mañana muy agitada en los alrededores de la Maza. Es que un gran equipo de camarógrafos, productores y alumnos se aprestan a filmar un comercial para la tevé local. Carlos junto con Mariano (31), Leo (18) y Gustavo (45) organizan el tránsito y se toman un respiro para contar su historia. Son jóvenes curtidos, vienen de barrios humildes y de vidas intensas. Son padres “buscando llevar el pan a nuestros hijos”. Muchos recurrieron al delito para lograrlo, con el empujón y la impunidad que suelen dar las drogas y el alcohol. Algunos han pasado por el Sistema de Responsabilidad Social Juvenil (ex COSE), pero eso es pasado.

Hoy lucen chalecos refractarios, una gorra y una credencial que les da lo que quizás nunca tuvieron: pertenencia. “Acá todos te preguntan cómo estás, si necesitás algo. Esa es la clave: somos todos iguales, no nos sentimos discriminados”, dice Leo, que antes de recalar en las calles aledañas a la universidad fue cuidacoches en la zona de la Alameda tres años. “La noche te come, da para todo: el escabio, las drogas, el delito. Ahora llego a mi casa, me baño y puedo disfrutar de mi familia y de mi nena, que tiene un año y 9 meses, y antes casi ni la veía”, resume.

Inclusión

En el grupo falta Adrián, que no fue a trabajar por razones personales, pero sus compañeros piden expresamente que se lo mencione. Es que el espíritu de grupo que han construido es tan fuerte como el deseo de no volver ni un paso atrás.

“Para nosotros ha sido muy importante colaborar con la reinserción social de estos chicos”, reveló Gustavo Garay, jefe de Seguridad Interna de la UMaza, quien explicó que la tarea no fue sólo ubicarlos en las afueras del edificio sino también en lograr que los alumnos los reconocieran como cuidacoches. Así es como se decidió identificarlos con ropa y credencial, y se instruyó a la comunidad universitaria acerca del rol de los cinco jóvenes: custodian la zona y lavan los autos a pedido de los que estacionan sobre calles 25 de Mayo y Bombal, que bordean el edificio “Su sueldo lo cobran a través de la mutual (Única de Trabajadores de Estacionamiento Medido y Afines, que reúne a los cuidacoches que trabajan en los eventos en el Estadio) y reciben propinas voluntarias, además de lo que pueden ganar lavando los coches”, explicó Garay.

Ellos no quieren revelar a cuánto ascienden sus ingresos diarios, pero lo califican de “digno”, y con eso basta. A estos se suman la mercadería y la ropa que suelen acercarles estudiantes, docentes y autoridades de la universidad. “A veces el día está nublado y nadie quiere lavar el auto por si llueve, pero siempre aparece alguno que te lo paga a cuenta, para que te llevés la plata hoy y le lavés el auto mañana. Son todos muy solidarios”, agrega Carlos, el más locuaz de los cuatro.