De niña, Cecilia Barás soñaba ser diplomática, pero por un mandato familiar no pudo hacerlo, pero eso no la hizo bajar los brazos.

La diplomática que desde el corazón ayuda a los colombianos

Por UNO

De niña Cecilia Barás soñaba ser diplomática, pero por un mandato familiar ("no querían que se fuera la nena"),no siguió esa carrera. Sin embargo, para ella eso no fue una piedra en su camino. Su carácter obstinado le jugó a favor, no frustró su anhelo y buscó como alternativa estudiar abogacía y así dejar las puertas abiertas y el camino allanado para reencontrarse algún día con su verdadera vocación. Con pasión, abrazó su profesión como notaria y letrada hasta que en 2012 ocupó ese espacio vacío de aquel viaje anhelo: Colombia la eligió como cónsul honoraria en Mendoza. No escatima esfuerzos y, a pulmón, deja todo para ayudar desde el corazón a la comunidad de colombianos que necesita de una mano en esta tierra.

–¿Cómo llegó a ser cónsul honoraria?–En el 2009, viajé a Nueva York y conocí la ONU (Organización de las Naciones Unidas) que era algo que tenía pendiente en mi vida por esta cuestión vocacional de la diplomacia. Eso me despertó algo que estaba dormido, ya que tenía la limitación de la edad. Hasta los 35 años es posible entrar en el servicio de Cancillería argentina y me di cuenta de que lo único que podía hacer era un consulado honorario, representando a otro país. Soy muy nacionalista y muy mendocina, y empecé a involucrarme en cuestiones diplomáticas. Después de hacer un caminito, el embajador de Colombia en Argentina, Carlos Rodado Noriega, en una visita a la Fiesta de la Vendimia, vio que en el cuerpo consular de Mendoza, que era prolijo y serio, no estaba representada Colombia. Lo comentó entre sus colegas embajadores, me recomendaron y recibí un llamado. Es decir, Colombia me encontró a mí y no yo a Colombia. Esto fue en 2012.

–¿Cuál fue la clave para alcanzar la meta?–Soy muy obstinada y no acepto un no por respuesta. A veces eso es virtuoso y en otras ocasiones, es un gran defecto, me trae beneficios y problemas. Además, le pongo mucha pasión a lo que hago. Creo que es la clave del éxito. Sea poco, mucho, grande o chiquito, en todo lo que hago pongo todo de mí e intento dejar huella. A mis hijos les enseño que todo lo que se hace con pasión y amor siempre conduce por un buen camino, aunque no se alcancen los objetivos.

–¿Cómo fue el inicio?–Al principio, fue una tarea faraónica. Lo importante fue abrir este consulado, que es de y para la colectividad colombiana. Si algún día yo dejara la función por cualquier motivo, el consulado permanecerá, con otro funcionario a cargo.

–¿Tuvo trabas por no ser de nacionalidad colombiana?–No, porque eso depende de cada Cancillería y ser cónsul honorario es por vocación, no cobro un peso. Es por pasión, es por querer servir a la República de Colombia y sus connacionales que dejaron su tierra para venir a buscar un futuro mejor. Eso ya implica para ellos traer una valija llena de desarraigo, nostalgias y penas. Es mi obligación atenderlos y contenerlos. Es una tarea social muy importante. Nadie viene a pasear al consulado, sino porque tiene problemas serios.

–¿En qué tipo de cuestiones ayuda desde su lugar?–Argentina tiene una política migratoria muy generosa, tiene salud y educación pública, y eso es un gran atractivo en Latinoamérica. El trámite más común es otorgar el certificados de antecedentes penales, que es un requisito que solicitan en Migraciones para otorgar la radicación precaria. Yo soy un puente a Buenos Aires, desde donde se expide ese trámite.

–¿Cuántos colombianos integran la comunidad en Mendoza?–No disponemos de un número exacto porque Mendoza es ciudad de frontera y provincia de tránsito, pero se estima que alrededor de 3.500 colombianos viven en Mendoza.

–¿Por qué vienen?–Hay de todo, hay gente que viene a trabajar porque Mendoza ha sido declarada por la ONU como una de las ciudades de Latinoamérica con mejor calidad de vida. Otros vienen como refugiados. Es gente que la ha pasado muy mal. Les pagan el alquiler por unos 6 meses o 1 año y tienen asistencia psicológica, porque han perdido familiares por la guerrilla.

–¿Son temas difíciles?–Por lo general, trabajo en temas muy tristes en los que uno puede ayudar mucho, desde lo que se haga para colaborar en forma concreta hasta la contención, y facilitar algunas cuestiones con el Ministerio de Desarrollo Social, o con el Ministerio de Educación, por ejemplo, para que los chicos puedan obtener un banco más rápido en un colegio, entre otras cosas.

–¿Tiene contacto con el embajador argentino en Colombia, Celso Jaque?–Sí, él está haciendo una gestión muy buena. Es embajador político, su trabajo y su tarea es resguardar los bienes e intereses argentinos en Colombia, generar inversiones y negocios. En cambio, mi labor es opuesta: es resguardar los derechos de los colombianos en Mendoza.

–¿Cómo es esta misión desde el rol femenino?–Si bien esta es la era de la mujer y un momento beneficioso, algunas cosas son difíciles. Trabajo con dedicación y esfuerzo, y haciendo sentir al hombre que somos el complemento y no desde un lugar de competencia.

–¿Cómo complementa su labor profesional con la vida familiar?–Hay que saber organizarse. Estoy casada y tengo dos hijos, y es complicado. La familia tiene que ser generosísima, como es el caso de la mía. Tengo el apoyo de mi mamá y mi papá, a quien ya no lo tengo físicamente, pero fue mi gran sostén y sé que me acompaña desde donde está. La crianza de mis hijos no la delego por nada y no la negocio.

–¿Tiene una abultada agenda protocolar?–Intento cumplir con todos los compromisos a los que me invitan, entendiendo que si no asisto, Colombia es la ausente. Colombia tiene mucho por ofrecer y el gobierno está luchando por la paz. Las bondades que tiene el país son el turismo, su gente maravillosa y el café, que ahora se ensamblará con el vino para hacer más visible la hermandad mendocino-colombiana.

–¿Generó un sentimiento fuerte con Colombia?–Me enamoré de Colombia y me gustaría ir más seguido. Los colombianos son muy educados y personas muy cariñosas. Vienen acá con problemas que no puedo resolver y me agradecen igual. Muchos se enojan porque no soy colombiana, pero cuando les explico que yo no gano nada, se emocionan y me agradecen mucho. Tengo el apoyo incondicional del embajador general Alejandro Navas Ramos y de su esposa, eso es fundamental.

–¿Qué metas proyecta?–Mi desafío como cónsul es que se conozca la joya que es Colombia. Tiene una estabilidad económica increíble, tiene seguridad jurídica y eso atrae a los inversores. Se está abriendo al mundo y ofrece sus productos como el petróleo, el gas, las flores y el turismo, entre otros.

–¿Su terapia es el running?–Es mi cable a tierra el running . Toda la vida fui deportista. A los 8 años ya hacía deportes. Me formé en el Club Mendoza de Regatas, mi segundo hogar. Ahora participo de maratones y lo hago por placer.

–¿Es espiritual y muy exigente?–A nivel profesional me gusta dar lo máximo y ayudar a la gente. Cuando he tenido inconvenientes, o cuando la vida te golpea y tenés que empezar de nuevo, tengo a mi Dios de la última hora. Eso me lo enseñó Nidia Soto, mi consejera espiritual. La extraño mucho, ella me hizo ser mejor persona.

–Tiene una profunda vocación de servicio...–Sí, me hace mucho bien. Cuando conocí a Nidia Soto, yo tenía la arrogancia de que ayudaba mucho, pero de hacía nada y aprendí que el que menos tiene es el que más da. Cada uno en el lugar que está tiene que mirar al otro, no podemos ser felices entre infelices.

–¿Es sensible?–Muy sensible. Para mí todo, pasa por adentro. No puedo no involucrarme desde lo emocional. Si no me engancho, no logro nada.

–¿Le interesa la política?–Tendría que ser algo social o como escribana, no tengo cintura política. Me gustan las cosas claras, muy sinceras. Si fuera gobernadora, terminaría colgada al tercer día. Me gustaría tener la dicha de que algún presidente me eligiera para representar a la Argentina.

–¿Cómo se lleva con el actual Gobierno?–Por la cuestión de la edad, la mayoría de los funcionarios que están hoy en el Gobierno fueron compañeros de la facultad. Esta gestión lo que hizo es internacionalizar Mendoza y el esfuerzo por mostrarla al mundo. Me gustaría ejercer algún cargo como escribana que es lo que mejor sé hacer.