Ana Vera y su marido Santiago Buzzio vivían en su casa de Los Corralitos con sus tres hijos biológicos y otros cuatro hermanos que la DINAF les había entregado en custodia.
La mujer había fundado una asociación para asistir y contener a chicos en riesgo para reubicarlos si se hallaban insertos en contextos hostiles, en los que su integridad físicas y mental peligraba.
Corría 2011 cuando Ana y Santiago, padres de Víctor Hugo, Nazareno y Julián, recibieron a los hermanitos Páez: Antonella, Benjamín, Gabriel y Rodrigo. La Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia se los dio en custodia.
Todos aprendieron a convivir desde el amor y la solidaridad y la familia ensamblada se puso en marcha.
Pero este domingo la tragedia barrió con tanto amor.
Ana se despertó en medio del fuego que había ganado parte de su casa y junto a su marido rescató a los menores y salieron a la calle. Pero en medio del vértigo y el pánico se dieron cuenta que dos de los chiquitos habían quedado dentro.
Pese a las advertencias de los bomberos de que no ingresara por el peligro apremiante, Ana no les prestó atención, ingresó de nuevo en su casa en busca de Gabriel y Rodrigo, los dos niños que habían quedado atrapados pero no lo logró. Murieron los tres en medio del fuego y sin aire para respirar. Fue su último gran acto de amor.



