Mendoza Lunes, 27 de agosto de 2018

Kelvin escapó de Venezuela a Mendoza y pudo rescatar a su familia

Kelvin Daza (19) llegó desde Venezuela hace un año buscando un mejor futuro. Después logró que viajara su familia.

Hace un año, Kelvin Daza (19) se entusiasmaba tras su llegada a Mendoza. Estudiar y trabajar eran las prioridades. Sin embargo, no sólo buscaba "un mejor futuro". También quería juntar dinero para enviárselo a su familia que se había quedado en una Venezuela que, para entonces, ya el joven describía como "caótica". Esto llevó a que su plan mutara en apenas pocos meses, y su objetivo pasara a ser traer a sus padres y a su hermana a la provincia. Lo que, con esfuerzo y ayuda de los mendocinos, logró con éxito.

Hoy, en el testimonio de los Daza está una de las tantas historias del éxodo de venezolanos a otros países.

"Traerlos era lo que más anhelaba. Por eso dejé atrás mis ansias de estudiar. Estando allá yo no sabía si la vida me los iba quitar o ya no los iba a poder ver más", relata el joven que en agosto de 2017 le contaba a Diario UNO que llegaba a Mendoza gracias a la comunidad scout.

Kelvin Daza. Foto: Horacio Altamirano / Diario UNO.
Kelvin Daza. Foto: Horacio Altamirano / Diario UNO.

Además de un curso de Cocina en el Instituto Arrayanes, Kelvin realizó todo tipo de trabajos. "Me puse a ahorrar y ahorrar, y gastaba sólo lo esencial", describió sobre cómo empezó a ayudar a Yiovanny (47) y Lisbella (46) -sus padres- y a su hermana, Gioliskel (16).

"Para eso fue importantísimo el apoyo de los mendocinos", menciona, y destaca a Bibiana Olguín -también scout-, que lo ubicó con una familia y después le dio hogar y oportunidades laborales. Kelvin trabajó con ella en una ludoteca; después cuidando a unos abuelos y hasta hoy en una fábrica de almohadas y colchones, que fue donde encontró ayuda de su jefe y la oportunidad de solventar la "huida" de su familia de los padecimientos en Venezuela.

Ya con el dinero para pasajes y otros gastos, Kelvin alquiló un pequeño departamento, lo reparó y pintó; le buscó un club a su hermana, que es futbolista -ahora figura de Andes Talleres-, y le consiguió trabajo de celadora a su mamá. "No quería que llegaran a la deriva", cuenta el joven como si fuera un adulto. Recién ahí elaboró un itinerario de viaje y les dijo que se vinieran.

Kelvin Daza. Foto: Horacio Altamirano / Diario UNO.
Kelvin Daza. Foto: Horacio Altamirano / Diario UNO.

"Salimos el domingo 1 de abril y llegamos al otro domingo", recuerda con exactitud Yiovanny, acerca de la travesía desde Yaracuy -a 4 horas de Caracas- a Guaymallén, adonde ya residen. Además de horas de viaje, por tierra primero y por aire después, los Daza afrontaron frío, falta de comunicación y también de dinero. Sin embargo, afirman que lo más pesado fue dejar atrás su país. "Cada hora que pasaba sabíamos que estábamos más cerca de Mendoza, pero alejándonos de nuestro país. No fue fácil dejar nuestra familia, nuestros trabajos. Fue terrible", asegura Lisbella, con los ojos vidriosos. Ella trabajaba en una droguería y su marido en la elaboración de cerámica.

Más allá de que contaban con 2 sueldos, el problema dicen ya no era sólo tener plata, sino que no había -y no hay- mercadería en las góndolas y sólo conseguían algunos productos de manos de "bachaqueros", que son los que hacen reventas. Estos les vendían cuatro veces más caro.

"Todo es hacer cola. No se consiguen ni medicamentos. Lo único que se consumía tres veces al día era pan y había que hacer cola de 6 horas. Ahorita están teniendo que amanecer y madrugar en la panadería", relata el mayor de los Daza, contando lo que saben de los familiares que dejaron en Venezuela. "Pero es general para toda la población.

"Allá todos ahora son pobres. Excepto los que gobiernan. Y si no tienes carnet de la patria, con el que te dan algunos beneficios, no puedes ni siquiera cargar gasolina. Es un régimen", cuenta el mismo Kelvin, que menciona que hay preferencias para quienes acreditan estar con lo que llamó "la dictadura de Maduro".

Con respecto a la última novedad sobre la convertibilidad del Bolívar, moneda de este país de donde algunos "huyen a pie atravesando países", entienden que es una pantalla y que Venezuela no saldrá si no es con ayuda de otros países.

Ahora tienen varios objetivos. Primero, enumeran, tener una estabilidad económica, ya que el hombre mayor de los Daza está desempleado, para poder traer a toda la familia a Mendoza. En especial a Keyber (8), un sobrino. "Le detectaron diabetes infantil y su mamá está desesperada porque no tendrá insulina y porque tiene que comer 6 veces al día. Mi mamá, por ejemplo, está con principio de desnutrición", relató Lisbella.

Después, los dos jóvenes buscan reanudar sus estudios. Kelvin, que obtuvo el tercer promedio entre 300 en la secundaria, quiere retomar la carrera de Ingeniera en Petróleo que dejó trunca en su país. Gioliskel, además del deporte, quiere retomar la secundaria el año que viene.

"No podemos estar llorando todo el día y dejarnos caer. Además los mendocinos nos han recibido muy bien. No existe la xenofobia", aseguran los Daza, que encontraron en Mendoza dónde volver a empezar.