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Estela Mónica Montenegro (59) fue condenada el último 15 de mayo a 8 años de prisión, luego de un proceso judicial que se inició el 25 de febrero de 2013, cuando se dirigió a una dependencia policial de Las Heras y confesó haber matado a su pareja, Ricardo Cortez (51).
Los abogados defensores de Montenegro trabajan para determinar si es posible reabrir la causa y lograr la absolución de esta mendocina que está en El Borbollón desde el día en que ocurrió el hecho, ya que podría haber actuado en “legítima defensa”, siguiendo el criterio que la Suprema Corte manifestó recientemente para los casos de las mujeres víctimas de violencia, por el que se contempla la historia de la mujer, y no el momento de la herida mortal. Durante el juicio llevado adelante en la Tercera Cámara del Crimen, no se argumentó esta figura penal tal como la jurisprudencia la interpreta ahora porque no existía un criterio firme al respecto. Montenegro declaró haber sufrido descalificaciones, acoso sexual cotidiano y maltrato reiterado por parte del sujeto. Lo acreditaron también testigos, los especialistas que la trataron en el hospital Carlos Pereyra –a donde pidió asistencia en 2011 y 2013– y una denuncia policial que realizó en una dependencia de Guaymallén, cuando después de una fiesta familiar Cortez la golpeó desfigurándole el rostro. Un mes antes del asesinato, Estela también asistió a la Oficina de Asistencia Jurídica de Violencia contra la Mujer (Ofavmu), desde donde se impulsaron acciones que no llegaron a concretarse. Consiguieron bajar la pena La policía de Criminalística había indicado que Ricardo Cortez estaba durmiendo boca abajo y en estado de indefensión cuando recibió tres golpes con una masa (martillo) que le provocaron la muerte. Entonces, se acusó a Estela Montenegro de homicidio agravado por el vínculo y alevosía, cuya pena es perpetua. La defensa logró que el 15 de mayo de 2013, cuando la condenaron, se atenuara esa carga penal no sólo por los claros indicios de violencia contra la mujer, que incluso manifestaron los hijos de Cortez. Se demostró también que cuando la entonces imputada reaccionó y lo golpeó, el hombre estaba de pie frente a ella, posiblemente en una situación de conflicto como la que ella había relatado. “En la posición que había indicado la policía era imposible que el hombre recibiera una lesión en la región frontal izquierda, otra contusión en el sector posterior de la cabeza y otro lateral, como las que presentaba”, indicó el abogado penalista Martín Ríos, que defendió a la mujer. “Tras el primer golpe, no recuerdo nada más”, declaró Estela cuando se presentó en la policía, circunstancia que la psicóloga que la trató en el Pereyra consideró un “pasaje laxo” o “conducta sin reflexión”, como figura en el expediente, dato que también sirvió para disminuir la pena. Una historia de violencia Fruto de un matrimonio, Estela tuvo 3 hijos. Esa unión terminó cuando ella descubrió una infidelidad. El estado de depresión que la situación le provocó la llevó a pedir asistencia –según la información del expediente– en el hospital Pereyra, donde en 2011 completó 3 a 4 citas por “necesidad de psicoterapia tras un intento de suicidio”. Fue entonces que se reencontró con Cortez, su novio de la adolescencia y con el que al poco tiempo comenzaron a convivir. Un mes antes del suceso trágico, habían cumplido dos años juntos. Tal como detalla el abogado Ríos, Montenegro y Cortez vivieron en distintos domicilios hasta que decidieron compartir la casa con una hija de Ricardo, en Guaymallén, quien en el juicio dijo sobre la pareja que “se llevaban bien”, pero también que debió pedirle a su padre que se fueran, porque “no soportaba las discusiones ni los golpes” que éste le propinaba a Montenegro. La situación de maltrato continuó y Estela acudió nuevamente al Pereyra, lo denunció a la policía y decidió alquilar sola una propiedad en Las Heras. Como durante su tratamiento en el hospital psiquiátrico había aprendido un oficio como terapista ocupacional, cuidaba a una anciana de lunes a viernes, en la Sexta Sección. “El hombre la seguía, la llamaba por teléfono, la controlaba”, relató el abogado. En enero de 2013, Estela concurrió a la Oficina de Asistencia Jurídica de Violencia contra la Mujer, desde donde se tramitó una medida de exclusión del hogar para el hombre. Pero no pudieron volver a localizarla, según informaron desde esa dependencia a la Tercera Cámara del Crimen. Un mes después, el sábado 23 de febrero, Estela volvió de su trabajo y encontró a Cortez en su departamento. Testigos acreditaron que el hombre se quedó y que se escucharon discusiones durante el fin de semana, incluso a la mujer pidiéndole al sujeto que se fuera. “Sobre ese momento, mi defendida relató un episodio donde había sido abusada con agujas de tejer”, sumó el letrado. El lunes 25 de febrero del año pasado, Estela se presentó en la comisaría manifestando que había matado a su pareja. La psicóloga que la trató dijo que “no era agresiva” Según consta en el expediente, la psicóloga Marcela José fue quien trató a Estela Montenegro durante 2011 y 2013, en el hospital Carlos Pereyra. La última vez que la profesional tuvo un encuentro con ella fue el 29 de enero de 2013, un mes antes de que Estela matara a su pareja. Ese año había tenido un total de cuatro citas de psicoterapia en las que la paciente evidenció, como consta en el expediente, “maltrato físico y psicológico, abuso sexual, soledad afectiva (ya que con sus hijos la relación no era demasiado cercana), e imposibilidad de correrse de la situación”. Y, sobre su personalidad, se añade “carácter obsesivo sin demostrar una conducta agresiva con el otro (heteroagresiva), ansiedad intensa, verborragia y necesidad de ayuda para sobrellevar la violencia”, a lo que ante el requerimiento de la Tercera Cámara del Crimen, la psicóloga agregó que “no daba la impresión de ser mitómana”.



