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Entrevista con el fotógrafo mendocino Pablo Betancourt, quien conjuga su trabajo con su afición por el andinismo y es reconocido internacionalmente por las imágenes que logró del Aconcagua.

“Hoy tenés que pensarte como un productor de contenidos visuales”

Por Cecilia Osorioosorio.cecilia@diariouno.net.ar

Ser fotógrafo no es sólo una manera de ver el mundo sino también de estar en él. Entonces la fotografía como actividad se convierte en un concepto con tantas lecturas y significados distintos para cada uno en función de sus vivencias. Este camino de reflexión que manifestó en una entrevista José Manuel Navia –reportero gráfico español destacado en el ámbito documental– es perfectamente trasladable al plano de la vida de Pablo Betancourt (38), el mendocino que tomó a la fotografía como medio de vida, adaptándola a sus inquietudes y necesidades.

Tanto que fue una cámara la que le permitió conjugar el trabajo con su afición por el andinismo, recibiendo varios elogios por las imágenes que logró del Aconcagua (6.962 metros) y plasmó en un libro autogestionado.Su forma de ser “ecléctica” –definida así por el mismo Betancourt– y de búsqueda constante le posibilitó explorar su vocación en distintos contextos (familiar, laboratorio, diarios locales y nacionales, además de revistas), aunque terminó definiéndose por las imágenes publicitarias, para lo que se asoció con su colega Federico García.

El salto al campo audiovisual no tardó en producirse y dada su empatía tecnológica adquirió una cámara que le permitió filmar con calidad cinematográfica, puente directo hacia dos documentales del Coloso de América y del Everest (8.848 metros) que realizó junto con el actor Facundo Arana, para los canales Encuentro y Telefé.

La fotografía digital le planteó búsquedas y redescubrió con los años otro concepto de su trabajo. En ese sentido, Betancourt ve un nuevo espacio para una especie de “híbrido” que conjugará la imagen estática y en movimiento: “Los estándares y requerimientos, por ejemplo en el ámbito publicitario, son cada vez más altos. Hoy tenés que pensarte como un productor de contenidos visuales más que como un fotógrafo a secas”.

–¿Es de los que siempre tuvieron clara la vocación? –No sé si la vida me llevó a la fotografía o era algo que yo tenía adentro. Mi hermana Clo (María Claudia) estudiaba diseño gráfico y yo andaba detrás de ella y su tablero. Me gustaba dibujar y hacer historietas –es fanático de Roberto Fontanarrosa–. Cuando entré a trabajar al laboratorio Lapakó fue mi primera experiencia: aprendí de tratamiento del color, revelado y empecé a tomar contacto con el ambiente. A los 18 años ya sabía que quería dedicarme a esto y alguna vez soñé con llegar a la National Geographic. Mis primos, de Betancourt Rafting, me llevaban con ellos y yo perseguía a los turistas cuando bajaban de las balsas, porque siempre me gustó la naturaleza y en ese contexto concretaba ambas pasiones.

–¿Qué consecuencias trajo la fotografía digital?–La tecnología tiene más pros que contras. Antes era mucho más difícil ser fotógrafo; el proceso y los tiempos que necesitabas entre la toma y la imagen final, como también los recursos económicos, por la cantidad de películas utilizadas hasta lograr el resultado definitivo, hacían el aprendizaje más complejo. Aunque en esa época los fotógrafos eran realmente conocedores de física, técnica fotográfica, iluminación y composición, no era un espacio al que todos pudieran acceder. Hoy se simplificó, eso está buenísimo.

–¿Cuál fue su ámbito de formación? –Estudié un año y medio de Comunicación Social, pero no era lo que yo buscaba. Hice cursos con el fotógrafo mendocino Daniel Barraco, quien me condujo por el camino del blanco y negro, la composición fotográfica, el sello propio o estilismo. Fue una formación más reflexiva. Me fui a Chile por un año y estudié en el instituto Arcos, que abandoné porque estaba muy ligado a lo comercial. Y siempre que pude volví a trabajar en el laboratorio, lo que me ayudó a entender que la fotografía es un oficio y como tal está más cerca de la carpintería que de una carrera en el ámbito académico. –¿Fue difícil someter el trabajo que hasta entonces desarrollaba en un espacio íntimo a la masividad de un diario? –Ser fotoperiodista en un medio masivo te da una licencia de acceso a muchos mundos que no podrías conocer si sólo estás atado a tu realidad y contexto: hacías una nota a un político en Casa de Gobierno y minutos después retratabas a un deportista. Pero esas mismas condiciones me plantearon un dilema ético. No tener tiempo para producir, hacer muchas cosas a la vez, no iban conmigo. Hay fotógrafos que tienen en la sangre la dinámica de los medios, no es lo que me pasó. –Pero no cerró las puertas y se fue a un medio nacional ("La Nación") –Los mismos problemas que hay en un diario de provincia están en Buenos Aires, a mayor escala. En realidad terminé de descubrir allí que el fotoperiodismo no era lo mío.

–¿Lo del Aconcagua ya estaba fluyendo? –En el 2002 empezamos un proyecto con Nicolás García (periodista y escritor) para armar una guía con información e imágenes de circuitos de rafting, trekking y cabalgatas. Llevamos ese trabajo a Caviar Bleu y fue la puerta de entrada al mundo editorial. Asimismo, retomaba mi gusto por la montaña, con la que me vinculé desde chico. Una vez que finalizamos el trabajo surgió la idea de hacer algo similar con fotos e información de cerros de más de 6.000 metros, actividad que nos llevó a ascender El Plomo, el Tupungato y el Aconcagua. Aunque no pudimos editarlo porque no conseguimos el dinero, me descubrí haciendo lo que me gustaba y comprendí que había que fotografiar las entrañas del Coloso de América para mostrárselas al mundo.

–¿Cuántos ascensos requirió el libro “Aconcagua fotografías”, donde plasmó esas imágenes?–Varios, al Aconcagua he ido 8 veces y logré 5 cumbres. En realidad sucedió que hubo oportunidades en que iba específicamente a un lugar sólo para completar el libro.

–¿Qué fue lo más importante? –El libro lo autogestioné y me ayudó mucho mi familia. Me costó porque lo imprimí en China y fue difícil traerlo. Quizás a la distancia entiendo que lo más importante fue que dejé de ser el fotógrafo que cobraba un sueldo a fines de mes para generar un proyecto propio. El aprendizaje de ese proceso fue muy interesante y me metió en ese camino de búsquedas y conjunción de recursos en el que sigo hasta ahora.

La cámara que lo llevó a la TV nacional

Cuando Pablo Betancourt compró la Canon 5D Mark 2 tuvo en sus manos una nueva posibilidad, “filmar con una cámara de fotografía que te permitía la nitidez del cine, una especie de fotos que se movían”. Con su adquisición hizo un video en agradecimiento para Fernando Grajales, quien le facilitó los servicios del Aconcagua cuando realizaba la recolección de imágenes para su libro.

A partir de este trabajo y con la experiencia que Betancourt ya había demostrado en montañismo, Grajales lo recomendó como camarógrafo de la expedición que para el canal Encuentro proyectaba Facundo Arana. “Se tiraron a la pileta conmigo, porque si bien era una cámara que estaba revolucionando la industria, en Buenos Aires no estaba estandarizada y nadie conocía su calidad”, contó.

Dos años después, y tras los logros del documental –fue premiado con un Martín Fierro-, convocaron a Betancourt para ir al Everest (8.848m), donde concluyó la expedición sin Arana, ya que éste sufrió una descompensación. “Fue un desafío deportivo, porque no era un andinista avezado, pero también una puerta a afianzarme en un ámbito audiovisual del que no tenía experiencia”, relató el mendocino.

Perfil

Pablo Betancourt (38)

  • Nació el 26 de febrero de 1976
  • Profesión fotógrafo publicitario
  • Estado civil casado con la periodista Natalia Sosa Abagianos (39)
  • Hijos Valentino (1 año y medio)

Su familiaSus padres, Darío Antonio Betancourt y Lidia Baudino (italiana), y sus hermanos, nacidos en Córdoba: Rodrigo (43), Valeria (46) y María Claudia (48), quien vive en Italia. Sus sobrinos son Juan (13), Ana (11), Gonzalo (9) y María Julia (5).

Parte de su experiencia

Libros

  • Aconcagua fotografías. Edición privada.
  • Guía YPF Cuyo y Córdoba. YPF
  • Mendoza de pura cepa, nueva edición. Editorial Caviar Bleu.
  • Guía Vinos y bodegas. Editorial Caviar Bleu.
  • Guía Senderos de aventura. Editorial Caviar Bleu (coautor del proyecto con Nicolás García).
  • Libro de cocina Aromas de vida, de Teresa Barbera. Editorial Caviar Bleu.

Documentales

  • Donar Sangre Salva Vidas para el canal Encuentro.
  • Asthma Expedition Expedición de asmáticos al Aconcagua, con la participación del primer ministro belga.
  • Expedición Everest, con Facundo Arana. Telefé
  • Otros trabajos
  • Con su socio Federico García, Betancourt desarrolla imagen publicitaria y ha encarado diversas producciones para bodegas, empresas y marcas de indumentaria.
  • También desarrolló videos como el clip Tantas cosas, del músico Daniel Vinderman, premiado en 2011 por la revista Zero.

Documental Donar sangre salva vidas, video:

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