Un desafío relacionado con el mundo del vino transformó a Hernán Maiorona. Este joven mendocino del ámbito de la ingeniería industrial hace dos años dio un giro a su vida y se sumergió de cabeza en un proyecto nuevo.

“Esperar el buen momento para invertir no sucede nunca en este país ”

Por UNO

Mariana Gil

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Un desafío relacionado con el mundo del vino transformó a Hernán Maiorona. Este joven mendocino del ámbito de la ingeniería industrial hace dos años dio un giro a su vida y se sumergió de cabeza en un proyecto nuevo: desarrollar una empresa de servicios de logística para el sector vitivinícola novedosa y única en el país. La firma, bajo el nombre Wine Lock, radicada en Luján de Cuyo, sobresale por su servicio: un sistema de guarda inteligente de vinos. En la sala de degustación donde la mirada del visitante se despista hacia una pintura de un viñedo del artista plástico Martín Rodríguez, quien da el toque a la ambientación, Hernán, la cara visible de la empresa, contó cómo se lanzó a dar los primeros pasos en este nuevo emprendimiento.

–¿Cómo fue la transición del cambio de rubro?

–Hace seis años que me recibí. Ya había trabajado en una empresa de ingeniería donde realicé la programación de la empresa y allí me desempeñé varios años. Pero con el apoyo de mi papá, Roberto Maiorona, y con un grupo de socios y sus hijos, que buscaban nuevos negocios, nos enfocamos en ver a Mendoza como un nicho o punto logístico a nivel nacional. Todo surge como una empresa de logística, y empezamos a investigar por el tren de baja de altura y el Parque Industrial de Palmira (PASIP), pero estaba muy verde. Y seguimos buscando hasta que nos orientamos por el lado del vino.

–¿Le atraía el mundo del vino?

–La realidad es que por casualidad me encontré con el mundo del vino, pero la ingeniería no me encasilló en algo y siempre mi cabeza estuvo abierta a nuevas posibilidades. Empecé a gestar la empresa de logística, que es la idea del proyecto, y cuando vislumbramos la guarda de distintos materiales o productos, descubrimos la falencia en guarda de vinos.

–¿Hizo una investigación previa de mercado?

–Sí, hablamos con bodegueros, investigamos qué había en el mercado, cuáles eran los pros y los contras, y terminamos desarrollando un servicio de guarda de vinos.

–¿Qué lo hace único en el país?

–La diferencia radica en la incorporación de tecnología que no la tiene nadie. El servicio abarca el fraccionado de la botella para el bodeguero, transporte y distribución nacional e internacional. Pero el fuerte es la guarda de vinos con tecnología en tres naves aprobadas por la Munici palidad de Luján y Bomberos, y lo que nos distingue es la climatización con frío-calor.

–¿Y es nuevo en el mercado?

–Esto surgió hace dos años, pero en enero de este empezamos a gestionar y dimos el puntapié inicial.

–¿De cuánto fue la inversión?

–Hoy está valuada en $15 millones, con aportes privados de seis socios.

–¿Con la recesión económica del país apostaron igual?

–La realidad es que si uno espera el buen momento para invertir no sucede nunca en este país, que tiene períodos cíclicos y no nos deja de sorprender. Siempre es la misma situación. Por eso, el grupo decidió apostar a crecer, que es la única forma de salir de todo esto.

–¿Buscaron apoyo del Estado?

–No, sólo desde la Comuna de Luján, que lo declaró de interés municipal con la idea de que sea un centro vitivinícola y que sirva como espacio de encuentro cuando vengan delegaciones internacionales, y lo utilicen los pequeños bodegueros que no tienen un lugar para mostrarse.

–¿La climatización es lo novedoso?

–También tenemos un sistema de posicionamiento por radiofrecuencia, donde cada palet tiene una tarjeta con toda la información del vino, como año, bodega y varietal, entre otros datos.

–¿La tecnología es clave en este sistema?

–Sí, y estamos desarrollando un acceso web para que el cliente pueda controlar su stock on line. Y monitoreamos la temperatura en forma constante. Eso está calibrado por el INTI.

–¿Captan clientes sólo del mercado interno?

–No, hoy tenemos una bodega que el dueño es un italiano y fue uno de los que nos ayudaron en la idea.

–¿Cómo está posicionada Mendoza respecto de Europa y Estados Unidos?

–Estamos atrasados para aplicar tecnología respecto del resto del mundo. Las inversiones son muy grandes y el contexto actual no ayuda. Es muy difícil, porque todos los materiales son importados, no es sólo software sino también el hardware y hay muchas trabas para poder importar. Hoy estamos cubiertos, pero si se complica a futuro la importación será una traba. De todos modos, son apuestas que hay que hacer. Si no, uno no crece nunca.

–¿Cómo se comporta la demanda?

–Hoy la mayor parte de las bodegas han crecido y la idea es que este tipo de empresas no tengan que generar semejante infraestructura para guardar su vino, sino que inviertan todo su capital en producción de vides.

–¿Cuál es el plus?

–Para el enólogo el vino es su hijo. Por eso la intención es generar todos estos sistemas con cámaras web, y hasta pensamos en la creación de una aplicación en los celulares para darle tranquilidad al empresario de que el vino está cuidado como en su casa o su bodega. Y así el bodeguero se puede dedicar a lo que le gusta, que es hacer vino.

–¿Es difícil captar al mendocino?

–Está complicado, y tocó empezar un año complicado porque no fue una buena cosecha y hay trabas para poder exportar. La gran apuesta es captar el vino nuevo de la vendimia de este año.

–¿Cuál es la proyección?

–La idea es crecer en un futuro cercano e incorporar más naves para la guarda de vinos.

–¿Descubrió un nicho en la vitivinicultura y esa es la fortaleza?

–Mendoza es una de las capitales del vino y todo se fue dando para terminar en esto. Nuestra provincia es sinónimo de vitivinicultura y metalmecánica, no hay mucha muchas más industrias que muevan la economía de la provincia.

–¿Lo persudió el ritual del vino?

–Es algo muy interesante. Soy muy nuevo en esto, y de a poco estoy haciendo mis primeras armas y descubriendo un mundo muy amplio, en el que, por ejemplo, está la conjugación de arte y vino con el enoturismo.