“Escuché el estruendo y sentí el golpe, pensé que era una piedra gigante”, relató Felicitas Díaz Guiñazú (25), días después de que su habitual regreso a casa desde la facultad fuera interrumpido de forma violenta y terminara en el hospit

Enfrenta una lenta recuperación después de un piedrazo que rompió la ventanilla de un colectivo

Por UNO

Por Ariel [email protected]

“Escuché el estruendo y sentí el golpe, pensé que era una piedra gigante”, relató Felicitas Díaz Guiñazú (25), días después de que su habitual regreso a casa desde la facultad fuera interrumpido de forma violenta y terminara en el hospital con varias lesiones y su cara desfigurada.

El hecho sucedió el martes de la semana pasada en la parada que los colectivos de la línea 1, recorrido que va de la Ciudad Universitaria hasta Luján, tienen sobre ruta Panamericana a la altura del Aeroclub.

El fuerte ruido fue producto del impacto de dos piedras contra la unidad. Felicitas se encontraba sentada en la línea de asientos dobles y los proyectiles ingresaron por las ventanillas de esa costado, del derecho del micro. Las piedras rompieron los vidrios y terminaron produciéndoles múltiples heridas en el rostro a ella y en la nuca de otra pasajera.

“El chofer se portó muy bien, en ese momento no paró por miedo a que nos asaltaran. En la rotonda de los caracoles llamó a una ambulancia, pero esta nunca llegó, así que nos trasladó con el micro hasta la clínica de Luján”, subrayó la chica.

Nueve días después del ataque, Felicitas contó que aún no ha podido retomar su vida cotidiana por las lesiones que sufrió: “Todavía estoy con muchos mareos producto del golpe. Estoy realizándome estudios y resonancias magnéticas. Tengo que ir a un oculista y al dentista porque se me aflojaron algunos dientes. No sé si me quedará una marca en la cara”.

“Estos días no he podido ir a las clases de canto ni estoy trabajando como promotora, por lo lastimada que tengo la cara”, señaló la joven.