“Él se veía un chico normal aunque a veces nos enterábamos de que tenía esos arranques… Unos días pasaba y decía ¡Hola vecino!, y otras iba como perdido", señaló un vecino.

En San Carlos hay una profunda tristeza y mucho miedo a más ataques del “hijo de la Mari”

Por UNO

Alejandra Adi [email protected]

Así como ocurre un domingo o algún feriado, durante el jueves hubo poca actividad en el centro. Para el resto de los mendocinos fue un día más, pero para esta población, que vivía la segunda jornada de duelo departamental decretado, estos días quedarán marcados entre los más tristes para la comunidad.

Es que aquí, donde todos se conocen y se saludan con un “¿Cómo le va, compadre?”, un joven del mismo terruño asesinó a puñaladas a una mujer en un trance alucinatorio por trastornos psiquiátricos que  meses atrás lo llevaron a estar internado y por el que debía seguir medicado y en tratamiento.

“Pensar que ella creía que venía al Valle de Uco, a la montaña, a un paraíso y se encontró con esto. No pude dormir en toda la noche”, dijo una docente jubilada sobre el crimen de María Paula Giglio (33) en el Municipio por Yamil Ezequiel Palleres, de 24 años.

“Él se veía un chico normal aunque a veces nos enterábamos de que tenía esos arranques… Unos días pasaba y decía ¡Hola vecino”, y otras iba como perdido y… Acá el tema de la droga está jodido”,  contó Raúl Coronel, quien confirmó la adicción de Palleres que se detalló en el parte médico revelado dado por los profesionales que lo trataban.

“El hijo de la Mari”, como este hombre lo llamó al joven homicida, vivía hasta el miércoles frente a su casa, sobre la calle Maestri, ya que fue trasladado nuevamente al hospital El Sauce. “A su mamá la  conocemos desde chica y ¡cómo laburaba! Siempre trabajó para darle todo”, agregó Juan. María tenía la responsabilidad de que su hijo tomara la medicación y continuara con los controles psiquiátricos, a pesar de que él no asistió a la consulta programada para el jueves 12 en el Centro Preventivo de Adicciones de Tunuyán.

“Es una mujer excelente que ha hecho todo para llevarlo a los controles y cuidarlo”, aseguró Griselda, en la puerta de la casa de Palleres, en donde estaba acompañando a la mamá del acusado. Otra  conocida de la familia relató que Yamil había sido un excelente compañero y alumno de la escuela Fuerte San Carlos. Varios metros hacia el sur sobre la misma calle se observó la escena que durante  las últimas horas se repite en cada rincón: tristeza y preocupación en los rostros de los vecinos que, donde se encontraban, conversaban sobre lo acontecido, sumidos en la consternación y algunos en  el miedo.

“El sistema está mal. ¿Por qué no le hacen el seguimiento? Y si no fue a la consulta ¿por qué no salieron a buscarlo?”, opinó un hombre mayor que realizaba compras en la misma barriada y que no  quiso dar su nombre, como ocurrió con la mayoría, porque dicen temerles a las represalias.

“Es que si le vuelven a dar el alta no sabemos qué va a pasar. Tenemos miedo. Temo que cualquier persona se enoje si lo ve y lo termine matando”, agregó una mujer que afirmó haber estado en el mismo lugar donde estuvo Giglio 40 minutos antes de que ocurriera el asesinato.

Mientras tanto, más allá del asueto administrativo, los alrededores del edificio comunal, incluso la plaza, estaban despoblados. “Es un día atípico. La gente está asustada. Pero hay que seguir adelante,  ¿no?”, soltó la dueña de un almacén de la calle Lencinas a pocos metros de donde ocurrió el crimen.