Dos veces al mes se dicta un taller de danza en el pabellón de rehabilitación del hospital. En total son más de 40 pacientes los que participan en esa actividad.

En El Sauce todos bailan al ritmo de la salsa y la bachata

Por UNO

Cada quince días, el pabellón de rehabilitación de El Sauce se convierte en una auténtica pista de baile salsero. Allí Rosita tira un paso, aunque su mirada siga perdida en el horizonte. Muy cerca de ella está Pablo, que suelta su cuerpo y cierra sus ojos, como si recordara otros tiempos mejores. Y casi pegado a él, sus compañeros bailan con enfermeros, talleristas, alumnos de la carrera de Psiquiatría y personal de limpieza.

Todo comienza cuando la pareja de bailarines, Marcela y Martín, se paran frente al grupo y se mueven sensuales al ritmo de Vivir mi vida, del salsero Marc Anthony.

Ellos son los responsables de llevar la alegría que despierta la música, de aliviar las penas de los otros a puro movimiento de cadera, de pasos improvisados y de otros ensayados en otros escenarios. Aunque se les nota que en ninguna otra pista se sienten tan contentos como en la que se improvisa entre las cuatro paredes de la sala del neuropsiquiátrico que actualmente asiste a unos 120 pacientes.

El primer paso

“La iniciativa tuvo que ver con la casualidad. El año pasado fui a realizar una nota a El Sauce y al ingresar al sector donde están los talleres de rehabilitación me di cuenta de que estaban escuchando música que surgía de  una radio”, explica Marcela Furlano, periodista de Diario UNO y radio Nihuil, precursora del proyecto. Su curiosidad la llevó a hablar con la directora de la institución, María Patricia Gorra, quien le explicó que no tenían presupuesto para un taller de danza. “Ahí nos ofrecimos con Martín como voluntarios para dar clases, algo que se pudo concretar con la colaboración de la Fundación UNO Medios y de Diario UNO”, apunta Marcela.

El personal del hospital colabora para que esta propuesta funcione y sirva como terapia. Precisamente una de las más activas es la doctora María Patricia Gorra, directora de la institución: baila, ríe, abraza a los pacientes y  acompaña a los que todavía no se prenden en esta genial iniciativa. “Nunca tuvimos tanta convocatoria, esto es fantástico. Cada vez son más los pacientes que se suman a este taller que nació gracias a Marcela y Martín. Lo  que buscamos es que la gente se arrime y venga a disfrutar con nosotros”, dice la referente del hospital, quien también agradece la ayuda que reciben desde hace dos años de la Fundación UNO Medios y su directora, María  Inés Arenas.

Fin del baile

El tiempo que dura el encuentro pasa volando para muchos. Todos quieren seguir bailando Guantanamera por Celia Cruz. Y también la bachata, un ritmo musical que se baila pegadito al otro, que acerca el corazón del otro.  Porque es eso lo que también logra la música.

Por suerte, todos saben que cada quince días vuelven Marcela y Martín. Rosita sabe que no falta mucho para volver a tirar pasos. Y también lo sabe Pablo, el grandote que mueve el esqueleto y sueña que es otro. Mientras  esperan seguirán cantando la canción del puertorriqueño Marc Anthony: “Voy a reír, voy a gozar, voy a bailar, lalalala”.