El juguete giratorio que es similar a un trompo y tiene rulemanes y contrapesos en una estructura de plástico se expande por todo el mundo.

El spinner es furor en Mendoza y se vende a partir de $130 hasta en los almacenes

Por UNO

Hace poco más de un mes se instaló entre los niños desde los 4 años y hasta en adolescentes de Mendoza una nueva moda comercial. Se trata de un juguete giratorio similar a un trompo que usa rulemanes y contrapesos, en una estructura de plástico sólido. Algunos de sus variados modelos traen luces multicolores que le dan un extra de entretenimiento.

La novedad, que es furor en el mundo, se conoce por su nombre en inglés como fidget spinner, que traducido sería algo así como un girador inquieto. Fue creado por la ingeniera química Catherine Hettinger en 1993 con el fin de jugar con su hija, pero recién este año tuvo éxito cuando su inventora perdió los derechos de la patente.

En Mendoza este chiche ocupa el lugar que en otra época tuvieron el tiqui taca, el diábolo o, más atrás en el tiempo, el yo-yo y las bolitas, y lo venden hasta en los almacenes de los barrios. Sin embargo, no pudo aún destronar el atractivo que generan los juegos de los celulares, principalmente el Pokémon Go, el software de realidad aumentada que desembarcó en agosto del año pasado en la Argentina y alcanzó miles de seguidores.

Aumento de ventas

El spinner es un suceso de ventas y en Mendoza es cada vez más requerido. Cuesta entre $130 y $400. Ingresa desde Chile a través de entusiastas que aprovechando la oportunidad, viajan al vecino país, compran en cantidad y lo revenden como ocurre con otros productos. También comenzó a llegar a los comercios a través de proveedores de Buenos Aires e importadoras.

Varios mayoristas de Mendoza capital consultados por el artefacto aseguraron que están ansiosos por recibir tandas del juguete ya que la demanda es muy alta.

Asimismo algunos mendocinos los fabrican usando impresoras 3D y hay hasta quienes siguiendo tutoriales de YouTube se animan a hacer sus propios modelos de distintos materiales: hierro, madera o plástico.

La Cámara Argentina del Juguete emitió un comunicado diciendo que "hay que tener en cuenta ciertos principios de seguridad antes de comprarlos, porque no todos los que llegan al país son aptos para utilizarse". Además aconseja que no sean utilizados por menores de tres años por si se lo meten a la boca, ya que contiene partes pequeñas desmontables y en algunos casos pilas.

Entre quienes lo promocionan aseguran que se trata de un juego antiestrés. Dicen que puede ayudar a reducir la ansiedad y aumentar la capacidad de concentración, aunque no existen estudios que lo comprueben. Es usado también para pacientes con autismo y déficit de atención en otras partes del mundo pero como contrapartida generó en España y Estados Unidos polémica por distraer a los alumnos.

En esos países muchos educadores los rechazan por generar desorden en el aula. Por eso, en algunos institutos del oeste de Norteamérica la única forma de que los acepten en clase es con un justificativo médico. Víctor Conrado, un profesor español, escribió una carta que dio vuelta por el mundo, popularizando una crítica a la moda de la sobreestimulación que hay detrás del spinner.

Según la Dirección General de Escuelas (DGE), el spinner no llegó aún a las aulas masivamente. Además aclararon que de ingresar al colegio sólo podrá usarse en los recreos y es considerado un elemento no permitido en la clase, salvo que como en el caso de los celulares, los profesores y maestros lo incluyan como herramienta pedagógica para alguna práctica específica.

En un relevamiento por más de 30 establecimientos del Gran Mendoza, secretarios, directivos y docentes consultados contaron que ya comienzan algunos alumnos a llevar este juguete en la mochila pero es un número minoritario aún. Habrá que ver qué ocurre durante las próximas semanas, ya que las ventas se multiplican con el correr de los días.

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