Por Carina Luz Pérez
A casi 4 años de su puesta en marcha, el Hospital Universitario pasa por una mala situación económica, ya que entre lo que recauda por las prestaciones ofrecidas a las obras sociales y los recursos que recibe del Ministerio de Educación de la Nación no alcanza a recuperar los costos que implican su funcionamiento. Se suma que las obras para ampliar los servicios a la internación materno-infantil están muy demoradas desde hace varios meses.
La luz de alerta la dio un grupo de profesionales que trabaja desde el inicio en el Universitario, a través de una solicitada en los medios gráficos, porque entienden que no hay soluciones a la vista. En el escrito también solicitan un aumento salarial, ya que cobran $4.700 de bolsillo por realizar tareas asistenciales, docencia, investigación y extensión.
Fondos congelados
El problema tiene varios puntos. Uno de ellos es que el Ministerio de Educación nacional, del cual dependen todas las universidades públicas, decidió hace 3 años congelar la partida presupuestaria para todos los hospitales universitarios del país porque requiere que cada uno de ellos ordene el régimen laboral por el cual han contratado su personal. Es decir, quieren distinguir las tareas netamente educativas de las asistenciales y pagar por aquellas que le corresponden, al compartir los gastos con el Ministerio de Salud y el de Ciencia y Técnica.
Como consecuencia, cada año, el Hospital Universitario sólo recibe $20,5 millones, en lugar de las partidas actualizadas, que superarían los $25 millones.
Un dato importante es que en otros hospitales universitarios, como el de Clínicas de Buenos Aires, el de Rosario y el de Córdoba, resolver el modo de contratación es complejo por la diversidad de convenios colectivos de trabajo involucrados entre la planta de personal.
En el caso mendocino, todos los profesionales médicos están siendo pagados con cargos docentes, por lo cual, hay que dirimir si esto seguirá así o pasarán a ser personal no docente de la Universidad Nacional de Cuyo.
De continuar bajo el régimen docente, contarían con la posibilidad de recibir el 82% móvil al jubilarse, por supuesto, siempre que fueran docentes frente al aula, pero con la desventaja de que los sueldos de este sector son muy bajos respecto a lo que gana usualmente un médico.
El rector de la Universidad Nacional de Cuyo, Arturo Somoza, comentó: “No hay forma de equiparar los sueldos de los médicos universitarios, al régimen de profesionales de la salud justamente por estar bajo la órbita de la UNCuyo”.
Por esto mismo, Somoza está trabajando con la dirección del hospital y parte del personal en una propuesta que podría superar el escollo y representar un incremento salarial importante.
El nuevo escalafón
Somoza indicó: “Planteamos un mecanismo combinado, donde se puede separar la prestación asistencial de la docencia porque es un hospital escuela. El modelo de la parte asistencial sería enmarcado por el convenio del personal de apoyo académico que tiene un escalafón asistencial y que permite una dedicación part time. Normalmente, un empleado de apoyo académico trabaja 35 horas semanales, pero hay una modalidad en el tramo asistencial, que permite tener distinta carga horaria de 35 horas, de 24 y de 12. Esto nos dará la posibilidad de contener distintas situaciones”.
La semana entrante habrá una reunión en la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación, donde será analizado particularmente el caso mendocino.
Para Somoza, resolver el modo de contratación de su personal también solucionará el flujo de fondos y por lo tanto, mejorará la sustentación del hospital. Así podría continuarse la segunda parte de la construcción del edificio que requiere un total de $40 millones.
“Primero hay que solucionar este tema de los sueldos, para descongelar los fondos.”, indicó el rector de la UNCuyo.
Un inmueble muy difícil de adecuar
El edificio donde está funcionando el Hospital Universitario fue muy moderno en los años ’60, pero según las exigencias antisísmicas actuales, gran parte de su estructura original no es muy adecuada para prestar servicios sanitarios.
Por esto mismo, el proyecto arquitectónico original ha debido modificarse para cumplir con la seguridad de la construcción, pero también para permitir que en un futuro, la parte asistencial y médica pueda avanzar hacia un nivel de mayor complejidad, lo que hace más costoso el proyecto.
En esta segunda etapa, se estima que serán necesarios unos $40 millones para internar pacientes, con un marcado perfil materno-infantil, pediátrico. Esto significa quirófanos, terapia intensiva y neonatología de complejidad intermedia.
Justamente sin estos servicios de internación, el hospital no puede obtener rentabilidad porque todos los servicios ambulatorios son muy baratos y tiene una alta competencia en la provincia.
Arturo Somoza, rector de la UNCuyo, afirmó que la obra “siempre estuvo planteada en tres etapas, pero a ninguna de las secuencias se les impuso un tiempo”, aunque al no poder cumplirse las expectativas mínimas en cuanto al cobro de las obras sociales, el avance de obra sufrió demoras.
Las obras del hospital empezaron a mediados de 2008 y, finalmente, el centro asistencial ambulatorio quedó inaugurado para el uso del público en 2011. Es decir, que pasaron desde su adquisición en el 2004 hasta su apertura casi 8 años y por ahora se deberá esperar por otro tramo importante de tiempo la finalización de la segunda etapa del proyecto.
►40 millones requieren para terminar las obras del hospital que pasó por muchos contratiempos en su construcción debido a las peleas con la empresa Visalía al incumplir con lo pactado, pero también porque la adecuación a las nuevas exigencias antisísmicas, lo hizo más caro. La UNCuyo gastó $25 millones.
Defender el modelo de atención es la meta a cumplir
Una apuesta fuerte de las autoridades universitarias y del equipo de profesionales que dirigen el hospital es sostener un modelo de atención distinta al resto de los hospitales públicos del país.
Esto implica en la práctica que si una paciente requiere un turno, pasará antes por una unidad de admisión que le permitirá al médico conocerla con mayor profundidad, a través de un exhaustivo cuestionario en el que empieza a hacerse la historia clínica. Esto es útil porque aún si la consulta es clínica, se deriva al ginecólogo para que vea los estudios complementarios como Papanicolau y colposcopía. Es decir, que en lugar de atender un paciente cada 15 minutos, se lo asiste en 1 hora.



