“El Sr. Mijndert Pon plantó la semilla original de Salentein y nutrió su crecimiento con su pasión, energía, dedicación y compromiso social. Su legado es una visión humana y empresaria que guía el desarrollo de nuestra organización”, expresaron los colaboradores y directivos de esta bodega, ante la noticia de su deceso, ocurrido el jueves 17 de julio. La pasión por la vida, por hacer y construir, fiel reflejo del amor que Pon tenía por Argentina y su gente, a quienes consideraba como “su segunda patria”, son parte del ADN de la primera bodega de lujo construida a la vera de la ruta 89 de Tunuyán, adonde este empresario llegó de la mano de los Pulenta. Para él, ésa era la tierra elegida. Quizá lo motivó el clima, la postal de cordillera de los Andes, las propiedades de ese suelo pedregoso que pudo conocer al adentrarse entre los viñedos que ya existían en la finca Oasis (la primera que adquirió) o en las 50 hectáreas de monte nativo que decidió preservar de manera originaria y que hoy pueden verse, como registro del paisaje original. Lo concreto es que en esa zona desértica y árida, que a principios de los ’90 lucía desolada, decidió producir su vino. En 1996 fue poseedor también de las hectáreas que comprendían La Pampa y San Pablo donde empezó a construirse Salentein, que en el 2000 se inauguraría comercializando las primeras variedades de vinos premium, producto de la cosecha del año anterior. Pon iría más allá y la bodega integraría apenas una parte de un complejo que se completaría con la posada, que lleva el mismo nombre, con la que introdujo en la región el concepto de turismo enológico (permitiéndole al visitante que se aloje en el lugar) y con el museo Killka, un conjunto arquitectónico donde se destinó espacio al arte, a la gastronomía a través de un restorán y al culto de la religión, con la construcción de la capilla de la Gratitud.
Destacan su “marcada responsabilidad social” “Fue una persona que veía siempre más allá, que tenía un marcado compromiso con su personal, con la fuente de trabajo que generaba, con la gente del lugar donde estaba y de la que se ocupaba. Mijndert Pon tenía una fuerte responsabilidad social donde se instalara, pero era de perfil bajo y no quería que lo nombráramos ni que contáramos mucho lo que hacía por los demás”, contó Matías Bauzá Moreno, PR Manager de Salentein y de Bodegas Callia, en San Juan.
Señero Pon era un inversor europeo que se enamoró de Argentina. Quienes lo conocieron afirman que pasaba gran parte del año acompañado de su esposa, Ingrid. Más allá de sus desarrollos en el ámbito de la vitivinicultura y la agricultura, también fue un importante colaborador con algunas causas sociales, que canalizó a través de El Samaritano, la fundación que presidía, y de otras instituciones a las que apadrinaba. “Nos dan el transporte para que cincuenta chicos se trasladen hasta la escuela. También destacamos la predisposición para disponer movilidad en otras oportunidades, como cuando salimos de paseo, y llevan también, una vez por semana, a los alumnos a Killka para que tomen clases de coro con dos profesores que ellos contratan”, contó un docente de la escuela Clotilde Lanne de Cibert, ubicada en el distrito Los Árboles, con respecto al aporte que Salentein hace a través de su institución. Otros beneficiarios son quienes concurren las escuelas Río Tunuyán y F. J. Morales. “Continuar con su trabajo, extendiendo firmemente su legado a futuro, es la mejor manera de recordarlo y honrarlo como se merece”. Así concluyeron desde Salentein el comunicado oficial que se extendió por el fallecimiento de Pon.