Por Laura Zuliá[email protected]
Son los custodios de la fe pública, los que dicen que eso que está escrito en algún acta es válido ante la ley y los que certifican que una firma es la real. El Colegio Notarial de Mendoza, el que agrupa a todos los escribanos que son los que realizan esas y muchas más tareas, cumplió 100 años de vida.Cientos de notarios, garantes de la legalidad, se reunieron ayer en la sede de su colegio en la calle Patricias Mendocinas, de Ciudad, para recordar los momentos desde que dieron inicio a la agrupación que hoy rige los destinos de su profesión.
“Para nosotros es un momento muy especial porque celebramos los 100 años de la institución que nos unió y que nos ha ayudado en el ejercicio de la profesión”, dijo Valeria Silvina Álvarez, presidenta de la tercera circunscripción notarial y una de las organizadoras del evento.Elisabeth Martínez, otra de las encargadas de la organización, contó en uno de los videos que se proyectaron, que durante 15 años fue adscripta hasta que pudo acceder a un registro. “Es una profesión dura, pero si se la hace con honor y responsabilidad, podemos estar tranquilos”, agregó la notaria.El actual presidente de la institución, Gustavo Daniel Rosso, fue quien abrió la celebración. “Estamos frente a una profesión que tiene la custodia de la fe pública y eso conlleva un rasgo social y por eso estamos regulados”, dijo.Hubo dos momentos que despertaron la emoción entre todos los escribanos, quienes dejaron de lado, aunque sea por un momento, esa personalidad impoluta que los caracteriza.El primero fue el homenaje a Elena Guevara de Guardiola, una escribana que adoptó esa profesión para toda su vida desde que era una niña. “Cuando era chica, con mi familia vivíamos en la calle Rivadavia que era la llamada calle de los escribanos. Un día con mi hermano jugábamos en un tablón y él dijo que era el abogado y que yo iba a ser la escribana y así fue como a los cuatro años ya surgió mi vocación”, contó Elena.La mujer fue una de las que le hablaron a sus pares y recordó, por ejemplo, que el primer notario que pisó suelo mendocino fue Francisco de Urbina, quien llegó a esta tierra junto con Pedro del Castillo. “Él hizo el acta en la que denominaron a la ciudad como Mendoza de la Nueva Rioja”, contó la memoriosa escribana.El segundo momento de gran emoción llegó cuando nombraron a Carlos Federico Chamorro Presidente honorario del Colegio Notarial de Mendoza. El notario recordó, por ejemplo, cuando los escribanos tenían que valerse de “protocolistas” para redactar las actas porque no había ni computadoras ni máquinas de escribir.
Dos etapas
- Primeros 50 años. El 7 de mayo de 1914 fue fundado el Colegio de Escribanos. El primer presidente de la institución fue José Benito de San Martín y el vicepresidente, Rafael Rodríguez Brizuela.
- Segundos 50 años. El 13 de octubre de 1964 se sancionó en Mendoza la ley 3.058 que organizó la tarea de los escribanos y nació entonces el colegio como se lo conoce hoy.



