Están casados desde hace 20 años y desde un principio supieron que no podían tener hijos de manera natural. Tres de los niños son hermanitos y llegaron a su hogar cuando tenían 2, 3 y 4 años. El camino legal fue el elegido

Ejemplo de amor: Cristian y Andrea adoptaron a 6 chicos

Por UNO

Dicen que no hay libros que tengan todas las respuestas. Que no hay que tener miedo y que hay que conservar siempre la mirada positiva. Que hay que plantearse el buen humor como una meta a sostener durante el día. Que no se puede solo y que hay que estar dispuesto a pedir ayuda. Dicen que no hay nada que pueda resistirse al amor. Cristian y Andrea son una pareja joven. Tienen 45 años y 20 de casados. Ahora han cumplido su sueño de ser una familia numerosa. Tienen 6 hijos, todos ellos adoptados, y aún deliberan si habrá más en algún momento.Si hay quien tema sobre lo que le depare el futuro; si hay quien se sienta agobiado por los inconvenientes cotidianos; si hay alguno que tenga miedo, angustia, incertidumbre, malhumor, debilidad... Si hay alguien, pues no hay mejor consejo para él que sugerirle que converse 5 minutos con Cristian y Andrea. Desbordan energía. Equilibran el mundo.Aquí no habrá mayores precisiones sobre apellidos, detalles laborales ni tampoco habrá rostros. Son innecesarios y, además, siempre es mejor pecar de cauteloso antes que generar algún dolor a alguien que ya mucho ha sufrido.Pero esa falta estará compensada con lo importante, que es el recorrido de sus vidas. Se conocieron cuando eran dos adolescentes de 14 años, entablaron una amistad y coquetearon de vez en cuando, pero recién se pusieron de novios a los 23. Y a los 25, un 1 de febrero de hace exactamente 20 años, se casaron. Ya sabían en ese momento que no podrían tener hijos y ya sabían también que querían adoptar. "Fue simple. En el mismo instante en que nos enteramos de que no podríamos engendrar, decidimos que adoptaríamos y lo tomamos muy naturalmente", contó él. "Al mes de casados, nos anotamos en un juzgado", recordó ella.Hubo un proceso de preparación y al año, por el sistema de adopción directa que existía en ese tiempo, apareció Guadalupe. Pesaba un kilo 400 gramos y la vieron por primera vez en la sala de neonatología del hospital Perrupato. "La vimos e inmediatamente nos sentimos sus padres", dijo Cristian. Los siguientes 42 días, hasta que Guadalupe alcanzó los 2,200kg y le dieron el alta, Andrea fue cada tres horas al hospital a cuidarla y alimentarla. Y, desobedeciendo a las enfermeras, en un momento su padre la levantó y la envolvió con una bandera de Boca.Seis meses después de tener a Guada, se anotaron nuevamente en lista de espera y al poco tiempo llegó Trinidad. Y después llegó Nazarena. Todas fueron por adopción directa, antes de que se formara el Registro Único de Adopción (RUA). "Siempre consideramos esencial hacer todo de acuerdo a la ley porque, además del amor, eso también les da seguridad a los niños", dijo Andrea, sosteniendo que así ellos pueden reconstruir su historia si es que alguna vez se sienten necesitados a hacerlo.Después, bastante tiempo después y cuando ya las niñas habían superado la infancia, llegaron Jorge, Mariano y Alejandro, que en 2013, cuando fueron adoptados, tenían 2, 3 y 4 años respectivamente.Esta vez ya funcionaba el RUA y el tiempo de espera fue casi de 2 años durante los cuales, cada 6 meses, Cristian y Andrea debieron ir a ratificar su intención de adoptar.A los hermanitos los conocieron en un hogar de admisión y recuerdan que los días del proceso de adaptación, cuando debían ir a visitarlos allí y luego retirarlos durante los fines de semana para después devolverlos al hogar, fue la etapa más dura para la pareja. "Ocurre que los vimos e inmediatamente los sentimos nuestros hijos y nos costaba mucho separarnos", recordaron casi a dúo.Reciben ayuda de familiares y hasta de los vecinosCristian y Andrea son docentes y 147 cosas más. Son clase media y hay que multiplicarse para mantener a una familia grande. La decisión de adoptar 6 niños implicó que debieran ordenar sus tareas, ampliar la casa y aprovechar todos los espacios y también acordar entre ellos cada llegada de un nuevo integrante.También la adopción implica un compromiso familiar más amplio. "Nosotros tuvimos el entendimiento y el apoyo de los abuelos, los tíos, hasta de los vecinos, que entienden y ayudan", dijo Andrea, mientras los hermanitos más chicos corren en la plaza que está frente a la casa y una de las hermanas los acompaña y cuida como si le fuera la vida en ello.Hasta debieron comprar una combi para llevar a todos y a los amigos de cada uno. El vehículo no resistió el traqueteo y ahora espera que la pareja ahorre unos pesos para reparar el motor fundido. Mientras tanto todos, absolutamente todos y aunque parezca increíble, se amontonan en un Fiat Uno "que pierde un poco de aceite, pero que no podemos parar porque necesitamos llegar a las escuelas, a los trabajos...", contaron.También hay crisis, pero todo se resuelve desde el cariño y la confianza. "Los hijos hacen planteos y los hijos adoptados también los hacen, incluso a veces poniendo como argumento su condición. Como consejo puedo decirles a los padres que nunca teman. Que el amor hace que el niño siempre entienda", subrayó Andrea.La familia tiene una decisión clara, que sostienen desde siempre: basar todo en el cariño, en la falta de temor, en la confianza y en el buen humor. "No se puede hacer de otra forma", dijeron. Pero también marcan límites claros, sabiendo que dan seguridad y permiten la convivencia. "Hay cosas que sólo se aprenden dentro de una familia numerosa: a compartir, a respetar, a entender", dijo Andrea.