La familia Reynaud donó el último molino hidráulico de Mendoza que fue declarado Patrimonio provincial en el 2005 con la idea de convertirlo en museo, pero nunca pasó. Se cansaron de esperar.

Donaron un molino de 134 años a Mendoza, pero ante la indiferencia oficial buscan recuperarlo

Por UNO

Laura Zuliá[email protected]

Es un lugar histórico, un pe-dazo de la historia de Mendoza que está olvidado. No siempre la provincia fue bodeguera. En una época también fue molinera. Sí, de una creciente industria de molinos hidraúlicos que funcionaban con la potencia del agua de los canales. Hasta hoy, sólo uno sobrevive. Pero está, por la indiferencia oficial, en medio del abandono, pese a que fue declarado Patrimonio de la Provincia. Sus propietarios, cansados de las promesas, hoy quieren recuperar la potestad sobre el lugar.

En la calle San Martín 6538 de Carrodilla (Luján de Cuyo) sobrevive el último molino hidraúlico, que data de 1875. Está en pie, pero agoniza. Está entero, pero se cae. Está ahí, para mostrar que nadie hizo nada, más que sus propietarios, quienes decidieron no venderlo ni tirarlo, e intentaron, por todos los medios, conservarlo. Contra el Molino Reynaud atentaron las lluvias, los vientos, los temblores y todas las contingencias climáticas. Pero además, atentaron las falsas promesas, la burocracia y la desidia.

“Nosotros lo que queremos es que la propiedad vuelva a nosotros, que podamos disponer de ella nuevamente”, dice Estela Cruz (44), hija de Roberto Cruz (78) y de Marta Rey-naud (74). El molino en el que supo trabajar su padre se conserva casi intacto en toda su estructura. Distintas gestiones y funcionarios de los más diversos estratos les prometieron restaurarlo y hacer allí un museo y un restorán, para que los turistas pudiesen conocer algo más de la historia de Mendoza. Pero todo siempre quedó en nada.

El molino dejó de funcionar como tal porque la actividad ya no era rentable. Entonces, Roberto que era quien estaba al frente del emprendimiento –lo heredó su esposa– decidió que, en lugar de, por ejemplo, hacer salones comerciales o cualquier otra edificación, donarlo a la Provincia como patrimonio para que este pedazo de historia no se perdiera.

En 2005 fue declarado como tal luego de que se firmara un convenio entre Patrimonio, la Municipalidad de Luján y la familia. La idea era que la primera entidad le diera un subsidio a la Comuna para que ésta, con ese dinero, se hiciera cargo de la reparación y puesta en valor del establecimiento. El subsidio llegó a Luján, se comenzó con las primeras tareas, pero sólo se llegó a quitar los techos de un sector y nada más. Quedó ahí, a medio terminar y sin techo.

“Es una pena, porque a mi papá se le pasó la vida y lo único que vio fue el deterioro de algo que era su pasión”, agrega Estela, quien recalca que ya no quieren que se hable de la historia ni de lo que significó. La inacción hizo que esto sea hoy un peso para la familia, y que sólo quieran recuperarlo y poder disponer de él.