En el imaginario popular siempre se asocia con los niños las quejas hacia sus maestros porque les dan tareas para realizar en la casa. Sin embargo, el reclamo hoy pareciera sumar nuevos voceros y lo encabezan algunos padres, situación que por estos días quedó expuesta públicamente ante la iniciativa de una organización que nuclea a miles de ellos en España, que harán durante noviembre una histórica "huelga de deberes".
La noticia despertó distintas opiniones y abrió el debate a nivel mundial sobre esta costumbre. Generalmente, no es una obligación para los docentes y así surgen los cuestionamientos acerca de si los niños deben o no llevarse tareas a la casa, qué tiempo y cuánto asesoramiento deben demandarles, y qué tan bueno es para su desarrollo y aprendizaje, discusión que no es ajena al ambiente escolar en Mendoza.
Desde el ámbito oficial, la Dirección General de Escuelas informó que no existen directivas hacia los docentes para que pidan deberes ni pautas acerca de cómo demandarlos. Y además desaconsejaron que se les den tareas a los alumnos para realizar fuera del horario escolar, priorizando al cursado como el lugar y el momento indicado para aprender, ejercitar y evaluar.
"No tenemos pautada la cantidad de tareas. Sí se pueden dar a fin de ir preparando a los chicos para la escuela secundaria, ir armando rutinas de trabajo para que se acostumbren a buscar información o a preparar sus mochilas para las clases especiales, su vestimenta si tiene actividades físicas...", expresó Patricia Charamonte, directora de Educación Primaria, aclarando que no desmerecen los deberes, pero sí que entiende que pueden ser buenos, siempre y cuando se respete la capacidad de los chicos y sus tiempos.
"Todos tenemos claro, sobre todo los que tienen jornada simple de 4 horas y media, que en el transcurso de la tarde o de la mañana, al otro día, pueden llegar a reforzar, a completar algo que no se hizo en la escuela. Pero no está indicado que los chicos lleven tareas kilométricas que finalmente hacen los padres. A veces termina trabajando toda la familia y no los chicos", detalló la funcionaria, admitiendo que no pueden garantizar que no haya docentes que eviten pedir de más y que reciben denuncias de padres por este tema, que luego son abordadas por supervisores y equipos que indagan en cada situación para acompañar y ofrecerle otras herramientas al maestro.
La queja de los adultos, que se repite en el mundo, fue la que incentivó a la Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos a que se rebele y se niegue durante los fines de semana de noviembre a hacer las tareas escolares, aduciendo que "invaden el tiempo familiar y vulneran el derecho al esparcimiento, al juego y a participar en las actividades artísticas y culturales que promueve la Convención de los Derechos del Niño".
Que si se encomiendan tareas, sean sencillas, que los alumnos puedan realizarlas solos, que no le implique al padre tener que sentarse a hacerlas con sus hijos, o que tengan que salir a buscar ayuda afuera son algunas de las premisas del Gobierno provincial y que se bajan a las escuelas mendocinas. También permitirle al niño que se equivoque, porque es la oportunidad del aprendizaje y porque es saludable para detectar en qué se falla.
"Hay papás que más allá de que sean profesionales, hace 20 años que no pisan una escuela y no tienen porqué estar al tanto de todo lo que se da. Muchas veces quedan expuestos. También se estigmatiza al chico cuando al otro día llega al grado y no trajo la tarea ", afirmó Charamonte, agregando que "los deberes no son la herramienta ideal si lo que se busca es promover la compañía de los padres o el involucramiento en la escuela, como algunos manifiestan para defender su pedido, porque el involucramiento deber ser promovido para temáticas como el uso indebido de las redes sociales, los valores o la educación sexual integral.
Promover el hábito de estudiar
Así como desde la DGE alientan a que los deberes sean más para generar un hábito que para trabajar contenidos conceptuales, hay escuelas que aplican un modelo pensando en esto.
"Estoy convencida de que la tarea no debe ser larga. Pero sí que es bueno que tengan algo que hacer todos los días, aunque les demande sólo media hora, para generar el hábito de estudio. Y para reforzar, lo que se aprendió, en familia", contó Adriana Di María, directora de la escuela 1-089 La Superiora , de Maipú, y destacó la necesidad de entender que la realidad de cada familia es distinta.
Otra visión: acercamiento entre padres e hijos
Más allá de que no sea una obligación del docente dar deberes y que, generalmente, los piden para reforzar conocimientos o para ganar tiempo cuando el calendario aprieta, hay muchas instituciones escolares -públicas o privadas- que entienden también que la realización de las tareas en la casa es una oportunidad de acercamiento y de encuentro entre niños y padres.
"Hoy el rol parental está desdibujado. Más allá del amor que puedan tenerles los padres a los hijos han cambiado los ritos en la vida cotidiana, por el consumismo, las redes sociales, el ritmo. El rol parental empieza a ser remplazado y los niños pasan mucho tiempo al cuidado de los abuelos o de otras personas", explicó la magister Hilda Fadín, directora del Observatorio de Niñez, Adolescencia y Familia de la Universidad del Aconcagua y presidenta de la Fundación Yanay, y aseguró que vienen detectando la ausencia de espacios de reflexión y diálogo entre padres e hijos y que el momento de los deberes es ideal para recrearlo.
La especialista destacó, sin embargo, que los extremos son malos y que lo ideal sería que los maestros puedan articular la teoría para darle visibilidad a la necesidad de un mayor apego familiar.
"Es que en el otro extremo está la dificultad de los padres que sí o sí tienen que trabajar, que te preguntan cómo hacer si no tienen otra alternativa y que a veces tienen que salir a contratar maestros domiciliarios", puntualizó, y remarcó que los desafíos en la educación dependen también de la formación de los docentes que tienen que ser capaces de formar al alumno sin la necesidad de recurrir a tareas extras.
En el caso de que sí sean bien requeridas, Fadín aseguró que también pueden ser un indicador que les permita detectar factores de riesgo de los alumnos, influenciados muchas veces por la falta de compañía de los padres y que estos problemas pueden quedar en evidencia con la deserción escolar, las inasistencias y también con que los chicos lleguen a la escuela sin las tareas hechas.



