Los asesinos del "Gordo" Salinas confían en que pueden rehabilitarse haciendo canastas de mimbre y otras actividades. ¿Creés que esto es posible?

Descuartizadores cuentan su vida en prisión

Por UNO

Los dos descuartizadores de Boulogne Sur Mer, aquellos que ganaron fama por partir en trozos a unpreso llamado Sergio Gordo Salinas y guardar las partes en un cesto, dicen que se han recuperado y

ahora se dedican a tejer cestos de mimbre para la venta y son profesores de otros convictos.

Ellos son Roberto Gastón Lucero y Cristian Sebastián Tejada, quienes tienen largos y

frondosos prontuarios con antecedentes por robo, hurto, coacciones, daño y homicidio. Además del

caso del Gordo Salinas, fueron condenados este lunes a perpetua por la muerte de dos internos que

eran testigos del motín vendimial.

Su estancia en las cárceles mendocinas ha estado marcada por la violencia, la participación

en conductas antirreglamentarias y abuso de drogas. Pero desde hace más de un año los internos

manifestaron un cambio de actitud. Su conducta hace unos años era calificada por un equipo

interdisciplinario de "pésima", y al día de la fecha en ambos casos es de "muy buena".

Lucero y Tejada explicaron que decidieron cambiar su comportamiento porque no quieren que sus

hijos pasen lo que ellos han vivido. "He pasado muchos años de infierno y no sé qué haría si mi

hijo tiene que pasar por esto", confiesa Tejada, quien se lamenta de su pasado. Mientras, Lucero no

tiene problema alguno en contar cómo asesinó a unos de sus compañeros de prisión, a la vez que deja

deslizar que es una especie de Robin Hood, ya que dice que cuando comenzó a robar lo hizo para

ayudar a los que menos tenían.

"Espero que esto (por la entrevista) me sume, porque ha salido en todos lados que soy el

asesino serial de la cárcel. Yo sé que he cometido mis errores, pero ahora estoy bien. Le doy un

taller de mimbre a los pibes (internos); lo único que quiero es estar bien y que me dejen en

Boulogne Sur Mer para poder estar cerca de mi familia", dice en tono de súplica Cristian Tejada.

Aquí el crudo relato de dos jóvenes que son considerados dos de los delincuentes más

peligrosos de la provincia pero que buscan recuperarse.

La entrevista a Tejada

–¿Qué delito te trajo a la cárcel?

–Unos robos agravados que tenía. Me hicieron un rejunte de causas... Cuando yo entré era

un pibe y pasé muchas cosas feas adentro de la cárcel. Me tocó ver homicidios y muchas cosas a las

que no estaba acostumbrado porque yo venía por robo. Y tenés que apechugar y quedarte así

(callado), como me tocó quedarme la otra vez (en referencia al asesinato de Salinas) y esta vez

(por la muerte de los dos testigos del motín vendimial). Pero ahora estoy haciendo las cosas bien

para poder ayudar a mi familia. Hace cinco años que comencé en el taller de mimbre y hago una

platita con las cosas que vendo.

–¿Dónde las vendés?

–Mi mujer tiene un puestito en la Feria Americana de Guaymallén y ella las vende. Antes

sentía que el mundo se me acababa acá. Me han pasado un millón de cosas y todas malas. Estoy

esperando una buena. Ahora recibí una condena que me terminó de perjudicar... No entiendo cómo

pueden condenarme sin tener pruebas que digan realmente que yo fui el culpable de las muertes de

esas personas. Atrás de todo esto se están tapando muchas cosas y yo lo dije en mi declaración. A

mí me involucraron en este hecho por el homicidio anterior, pero no por eso me pueden adjudicar

todas las muertes que haya en la cárcel.

–¿Te arrepentís de lo que hiciste?

–Sí, de todo me arrepiento. Antes era yo y la cárcel, y no tenía apoyo de nadie ni nada en

qué pensar. Ahora tengo una familia.

–¿Qué te gustaría cambiar de la imagen que la gente tiene de vos?

–Las cosas las tengo que demostrar con hechos. Y quiero que vean que estoy dispuesto a salir

adelante, que no soy inadaptado para vivir en sociedad como dicen.

–¿A cuántas personas asesinaste en el penal?

–No, acá en la cárcel a nadie. Sólo he tenido muchas peleas...

–¿Cómo te imaginás el futuro...?

–(Irrumpe). Nunca tuve una oportunidad... Pero siempre tuve marginación. Me tienen como la

peor escoria de la cárcel. Acá si no te despejás o no tenés un poco de contención no te queda otra

que ponerte a hacer una chuza. Cuando me acusaron del homicidio de Salinas pasé las mil una, y ahí

me vine abajo por tanto encierro y tanta tortura. Si lo hubiera hecho yo, todo bien, pero hubo

gente que me quiso culpar.

–¿Quién te quiso culpar?

–Las deudas que él tenía no eran conmigo, yo nunca tuve nada con él. Pero Salinas le debía

cosas a gente de acá... Les perdió droga, les perdió plata... Hay mucha envidia entre los internos.

Hasta la familia te envidian.

–Cuando se produjo el asesinato, ¿respondías a un grupo a un líder?

–No, no. Éramos Lucero y yo. Con él teníamos una amistad y después decidimos separarnos para

que las autoridades se dieran cuenta de que queríamos cambiar. No podíamos estar juntos porque

cualquier cosa que pasara, caíamos nosotros. Además, quiero que me dejen estudiar pero me dicen que

tendrían que hacer un aula para mí solo.

¿Responde Lucero?

Roberto Gastón Lucero cumple su condena en el penal de Almafuerte y él también da a los

internos un curso de mimbrería y confiesa que es absolutamente consciente de todos los delitos y

homicidios que cometió.

–¿Qué te llevó a cambiar de actitud?

–A raíz de todos los delitos por los que se me culpan estuve muy verdugueado, te cagaban a

palos, vivías encerrado, y entonces vi que era necesario adaptarme. Además, me cambiaron a esta

unidad porque en Boulogne Sur Mer tenían la obsesión de que Lucero estaba loco, y si lo largabas

asesinaba a una persona... En cambio acá, con otra política, vi la oportunidad de hacer un cambio,

y así presenté un proyecto para abrir el taller de mimbrería.

–¿Qué comentarios te hacen tus hijos sobre tu situación carcelaria?

–Con el último caso me gastaban, porque ellos ya vivieron lo peor cuando me condenaron por lo

de Salinas. En esa oportunidad, les expliqué de una manera en la que no les hiciera daño, pero

traté de no ocultarles nada. En realidad, nunca fui un delicuente. Lo que me trajo acá fueron

experiencias de vida. A mí nunca me faltó nada, era de una familia de bien.

–¿Y cómo llegaste a esto?

–Quería saber que sé sentía ser una persona de la calle. Claro que después llegaron las

drogas... Yo antes trabajaba por caridad y tenía un consultorio donde ponía inyecciones y vacunaba

a los niños. Y cuando veía que alguien necesitaba algo o me hacía falta plata, salía a robar. Es

contradictorio, pero me gustaba ser así.

–¿Te considerás un Robin Hood?

–No lo quería decir, pero algo así. Fueron experiencias que fueron muy buenas, pero si no las

sabés controlar se te escapa todo de las manos.

–Si tu fin siempre fue ayudar, ¿cómo terminaste dañando gente?

–Llegué por los robos y la droga. Con la cocaína te gastás fortunas. Recuerdo que a los 15

días de haber nacido mi primer hijo me sentía medio mierda de no haberle hecho un regalo, y salí a

robar. Hacíamos distintos robos y teníamos un recorrido del Centro a Las Heras.

–¿Y quiénes eran tus víctimas?

–Entrábamos a lugares o negocios que sabíamos que tenían plata. No vamos a robarle a una

viejita que en la cartera lleva $2. A los que hacen eso me gustaría tenerlos en mis manos...

–¿Sos consciente de que hay un montón de gente que te tiene miedo?

–Sí, lo sé. Muchas gente habla del Tío Gastón y dicen que estoy reloco, pero en realidad esa

gente no me conoce y no me interesa lo que piensen.

–¿Eras consciente de los asesinatos que cometiste?

–Sí, era consciente de todo. Recuerdo que en el '98, apenas entré a la cárcel, había un loco

que le gustaba robarme las pilchas y me dolía en el alma. Además, en la cárcel hay códigos.

Entonces, reuní a los internos y les dije que al que encontrara robándome la ropa lo iba a

asesinar. Un día encontré a uno, no te voy a decir el nombre, y lo asesiné. Le di una puñalada en

el estómago que le atravesó la espalda, le corté el cuello y me quedé mirándolo mientras se moría.

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Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
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Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
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Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
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Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
Roberto Gastón Lucero da talleres de mimbreria.
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Lucero con sus alumnos en la cárcel.
Lucero con sus alumnos en la cárcel.
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Cristian Tejeda junto a algunos de los productos que fabricó en la Penitenciaría.
Cristian Tejeda junto a algunos de los productos que fabricó en la Penitenciaría.
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Cristian Tejeda junto a algunos de los productos que fabricó en la Penitenciaría.
Cristian Tejeda junto a algunos de los productos que fabricó en la Penitenciaría.