Más delgado que en oportunidades anteriores pero con el espíritu intacto como hace cuarenta años,
Mario Luis Rodríguez Cobos, más conocido como Silo, fundador del Movimiento Humanista e inspirador
de la Marcha Mundial contra la Paz y la No Violencia, apareció en silencio en el Centro de Estudios
del Parque de Reflexión de Punta de Vacas, acondicionado para atender a periodistas de todo el
mundo, tras la breve conferencia de prensa que brindó parte del equipo base internacional.
Vestido con un pantalón gris y una camisa y pulóver negros, se sentó a una computadora, abrió
internet, miró noticias del mundo y cuando Diario UNO intentó dialogar con él, muy amablemente
declinó el contacto, "tal como habíamos quedado", recordó.
Sin embargo, reconoció su alegría ante la convocatoria al decir: "Me siento muy bien, muy
contento como siempre, pero no voy a dar una nota, tal como habíamos quedado. Pero bueno, has hecho
tu intento y por eso te merecés un besito. Nunca hay que dejar de intentar", le dijo, entre risas,
a la periodista de este diario.
Minutos después, acompañado por dos hombres de seguridad muy poco parecidos a patovicas, más
tres o cuatro mujeres que se autodenominaron jocosamente "la guardia pretoriana", Silo partió a
recibir simbólicamente al grupo de marchantes a la puerta del parque. Allí lo esperaban, entre
otros, Rafael de la Rubia, coordinador internacional de la marcha.
El largo sendero entre el Centro de Estudios y la entrada fue flanqueado a paso lento por la
multitud que se acercaba a saludar a Silo y pedía sacarse fotos con él. De muy buen genio, el líder
aceptó todos los besos y abrazos y posó para todas las fotos.
Quince minutos después, casi llegando a la puerta, la marcha ya había hecho su ingreso y al
toparse de frente con Silo, De la Rubia le pidió que se uniera. Y así fue "pero sólo porque me lo
piden ustedes. Ustedes son los protagonistas, ustedes deben seguir marchando", les dijo. Pero sus
seguidores no lo escucharon, lo tomaron del brazo, le dieron un banderín naranja (color
característico del Movimiento Humanista) y lo incluyeron en la caminata final hacia el escenario.
Todos los saludaban al grito de "Paz, fuerza y alegría", simbolizados con el dedo pulgar para
la primera, el índice para la segunda y el medio para la tercera.
El final de la marcha se estaba acercando y una vez más, sin quererlo, Silo fue protagonista,
en ese mismo parque donde hace cuarenta años arengó a unas 200 personas con su "curación del
sufrimiento" y dio nacimiento a la filosofía y al mito.