De una u otra manera los principales centros comerciales locales restringieron el ingreso de los menores de 18 años. Lo hicieron después de sufrir varios desmanes en sus instalaciones y ante la imposibilidad de controlar la situación.

Cómo resguardar los derechos de los menores y de los adultos a la vez

Por UNO

Por Natalia Sosa [email protected]

@natiabagianos

Las restricciones a menores de 18 años impuestas por los principales centros comerciales del Gran Mendoza siguen generando debate en la sociedad, y está bueno que así sea. Los últimos en expresarse fueron los defensores de los derechos de los consumidores, quienes advirtieron que no se puede apelar al tema de la admisión para discriminar a los adolescentes, ya que se los está estigmatizando acusándolos de vándalos o conflictos. Lo cierto es que algunos chicos vienen provocando desmanes que han ocasionado el alejamiento de la clientela que busca un lugar tranquilo para pasear, hacer las compras o comer.

Es lógico pensar en los derechos de los menores, teniendo en cuenta que se trata de un sector más vulnerable, precisamente por su corta edad. Justamente existen tratados internacionales que resguardan todos los derechos de los niños, adolescentes y jóvenes. A ninguno se le puede negar la posibilidad de elegir dónde quieren distraerse y cómo hacerlo, siempre y cuando esta condición no limite el derecho de los demás, como por ejemplo, a la libre circulación de los adultos.

Es que muchos de estos chicos copan determinados espacios en los centros comerciales y es prácticamente imposible poder desplazarse en esos sitios sin sufrir un empujón o alguna cargada subida de tono. Obvio que no sucede siempre ni todos los días. Lo peor se da los fines de semana, cuando tienen más tiempo libre, porque no van a clases y organizan allí las juntadas a través de las redes sociales.

Ni hablar de tener ganas de ir al sanitario. En Palmares Open Mall informaron que los baños eran pintados permanentemente por los menores y que incluso se llegó a situaciones desagradables que no vienen al caso volver a reproducir en esta columna. Esto fue hace unos tres meses, antes de que decidieran prohibir el ingreso de menores sin la compañía de un adulto.

Así las cosas, pareciera que los chicos son todos inmanejables y que es necesario censurar para corregir alguna de sus actitudes. Sin embargo, creo que este no es el camino ni la salida a una problemática que se extiende más allá de una franja etaria, que es la violencia social.

En realidad, se debería hacer hincapié en una sana convivencia sin la necesidad de apartar a unos para “favorecer” a otros, los supuestos damnificados e imposibilitados de actuar.

También es cierto que los padres deben hacerse cargo de sus hijos hasta que tengan la mayoría edad y no pensar que los centros comerciales son guarderías gratuitas para dejarlos allí sin ningún tipo de control. No pongo a todos en la misma bolsa, ya que no me gustaría que así lo hicieran conmigo, que tengo un hijo que aún no cumple los 2 años y sé que algún día tendré que lidiar con estos problemas.

Tal vez con pedir el número de teléfono de un adulto en la entrada alcance para tener un contacto directo si se produce algún tipo de conflicto en las instalaciones del centro comercial. Igual, habrá quienes piensen que de esta manera también se les está cercenando sus derechos, como se manifestó la semana pasada el Inadi a través de un dictamen donde tilda de “arbitraria y discriminadora” la decisión de Palmares. Lo bueno sería buscar un punto de equilibrio que todavía no parece vislumbrarse frente a los hechos consumados.