Mendoza Domingo, 5 de agosto de 2018

Cómo el clan Lobos se quedaba con los sueldos de empleados fantasmas

Diario UNO reconstruye la trama que se ventilará en el juicio y que perjudicó a la Comuna de Guaymallén en $442.729.

El 24 de diciembre de 2015 las filas de los cajeros automáticos estaban al rojo vivo en Mendoza, como siempre que se acercan las fiestas de fin de año. ¿Quién no ha ido a esas terminales bancarias más de una vez, en busca de dinero contante y sonante, para pagar alguna compra navideña de última hora y tener algo en la billetera en el feriado inminente? A las 15.30 de aquel jueves, una mujer mayor, delgada, de vestido suelto y espalda descubierta, cabellos claros atados en cola de caballo y anteojos gruesos, logra, por fin, después de tan agobiante espera, quedar de frente a la pantalla del cajero del Banco Nación. Ingresa la tarjeta de débito y teclea la contraseña con absoluta precisión.

Elige la opción Extracciones, pulsa con dedos firmes una cifra de cuatro dígitos y aprieta Enter. Luego escucha, acaso con placer, con alivio, ese suave aleteo que sucede dentro de los cajeros durante la selección de los billetes a entregar. Después, un sonido seco, metálico, le advierte de que la operación ha sido exitosa. Entonces la plata asoma. Y las pupilas se le dilatan detrás de los cristales de aumento. La mujer toma con fuerza el dinero expendido por la máquina.

Afuera hace calor. La infaltable onda de calor de Navidad. Pegajosa. Insoportable.

Dos pasos más y listo. Lo sabe. Lo ha hecho muchas veces. Y lo seguirá haciendo. Primero retira el ticket que documenta la extracción. Luego, ordena el final de las operaciones sobre esa cuenta sueldo, que no está a su nombre -y ella lo sabe-, retira la tarjeta magnética y guarda todo con recelo: el dinero, el comprobante y el plástico. No fuera a ser que a la salida alguien osara amargarle la Nochebuena inminente.

Entonces, una vez terminado el encargo, uno de los tantos que hizo y que haría, la mujer se va del cajero. Y al instante desaparece de una filmación bancaria que ha registrado todos sus movimientos con día, mes, año, minutos y segundos sobreimpresos en la parte superior derecha.

María Elena Fernández en plena maniobra de retiro de dinero que había sido depositado por la gestión de su yerno (Lobos) en cuentas sueldo a nombre de empleados que jamás trabajaron en la Comuna. Las fechas y horarios del video coincidieron con las denuncias y los informes bancarios. Las extracciones se repitieron en esta terminal bancaria y en otra cerca al Municipio.

María Elena Fernández en plena maniobra de retiro de dinero que había sido depositado por la gestión de su yerno (Lobos) en cuentas sueldo a nombre de empleados que jamás trabajaron en la Comuna. Las fechas y horarios del video coincidieron con las denuncias y los informes bancarios. Las extracciones se repitieron en esta terminal bancaria y en otra cerca al Municipio.

En blanco y negro, esas imágenes, suministradas por el Nación y cuidadosamente estudiadas por peritos designados por la Justicia, revelaron que esa mujer mayor, delgada y de vestido suelto se llama María Elena Fernández y que es la suegra de Luis Lobos, ex intendente a cargo de la Municipalidad de Guaymallén.

Otras pruebas e informes ayudaron a cerrar la sospecha de corrupción cometida desde el Estado y en perjuicio del Estado: ese dinero era parte de las arcas públicas de la Comuna, había sido depositado en una cuenta sueldo a nombre de Laura Fara, quien figuraba como empleada municipal con legajo y todo pero jamás trabajó para Guaymallén sino que siempre fue la empleada doméstica de la suegra de Lobos.

Durante varios años, según el expediente, la suegra de Lobos recolectó un total de $442.729 de las cuentas que figuraban a nombre de Fara y Muller.

En vivo y en directo

Esta filmación, cuyos fotogramas reproduce hoy Diario UNO, es una de las pruebas que la Fiscalía de Delitos Económicos del Poder Judicial y la Municipalidad de Guaymallén, en el rol de querellante particular, esgrimirán contra Lobos, su esposa, Claudia Sgró, y su suegra en el juicio oral y público a fines de este mes. En la Justicia hay otras 5 causas penales en trámite contra Luis Lobos.

Los tres llegarán acusados como responsables de fraude al Estado. Dicho en términos más sencillos: corrupción con fondos públicos.

La Fiscalía y la querella, conducida por Armando Chalabe, comparten la hipótesis de que Lobos y su esposa crearon un entramado que comenzaba con la designación, promoción y traslado de falsos empleados y continuaba con la liquidación y pago de sueldos y demás haberes. La maniobra se cristalizaba cuando la suegra de Lobos retiraba el dinero de cajeros de las sucursales Villa Nueva (a 300 metros de la Comuna) y Círculo Médico (O. V. Andrade 530 de Ciudad).

Calígrafos complican al ex jefe comunal

La investigación criminal comenzó en 2016, cuando la doméstica de la suegra de Lobos y su hijo, Pablo Muller, denunciaron que oficialmente figuraban como empleados municipales pero jamás habían cumplido ninguna función en el Estado.

Para la fiscal Susana Muscianisi, las versiones de Fara y Muller fueron fundamentales, ya que el correr de la pesquisa sirvió para reconstruir la trama de corrupción que incluyó, además de las videofilmaciones del 24 de diciembre de 2015, otras fechadas con anterioridad y posterioridad.

Los fotogramas dan cuenta de extracciones realizadas por la mujer el 23 de diciembre de 2015 a las 19.35 y el 31 de diciembre de ese año a las 00.04.

Otras pruebas que se ventilarán en los tribunales también sirvieron para dar crédito a los testimonios y carnadura a la acusación fiscal. Se trata de decretos de designación, traslado y pases a planta permanente de Fara y Muller.

Estas piezas administrativas estaban oficializadas con la firma de Lobos pero éste negó haberlas rubricado. Sin embargo, dos peritos calígrafos, uno del Cuerpo Médico Forense y otro presentado por la parte querellante, fueron contundentes: la firma es de Lobos. "De puño y letra", coincidieron Sergio Montano y Adriana Pronko. Esta es la prueba de cargo que compromete a Lobos.

La pesquisa incluye testimonios y documentación que certifican que los falsos empleados estaban autorizados a no marcar los horarios de ingreso y egreso de la comuna, lo que, para la Justicia, terminó validando el acto de corrupción.

También hay testimonios oficiales de que Fara y Muller nunca pisaron la comuna aunque figuraban en las nóminas de empleados a los que se les pagaban los sueldos y demás haberes.

Recibos de sueldo y depósitos en las cuentas de 2011 a 2015 forman parte de la investigación.

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