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Tiene 30 años y sufre de una anomalía ocular hereditaria que le disminuye el campo visual. Apasionado de las armas, se recibió de técnico en Investigación Criminal a pura voluntad.

Casi ciego, Rafael se graduó y podrá investigar crímenes

Javier Cusimanocusimano.javier@diariouno.com.ar

Una vez Albert Einstein, el científico más importante del siglo XX, explicó que hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad. La misma fuerza que impulsó a Rafael Moyano a culminar la Tecnicatura en Investigación Criminal, desafiando las dificultades de una enfermedad hereditaria que le impide ver con normalidad.

Rafael, de 30 años, sufre desde pequeño de una anomalía denominada nistagmo, que le provoca un movimiento horizontal y vertical en los ojos involuntario e incontrolable. Se trata de un problema que limita y afecta su campo visual y que es acompañado asimismo por la dificultad de enfocar claramente los objetos cercanos y lejanos (astigmatismo y miopía). Pese a este impedimento y con ayuda de su familia no bajó los brazos para llevar adelante sus proyectos y transitar la educación primaria y secundaria. Al finalizar esta etapa estudió unos años Sistemas en la universidad. Las computadoras y la informática fueron desde chico la principal herramienta para conectarse con el estudio y pronto se transformaron en objeto de conocimiento. Gracias al manejo de programas informáticos especiales que le permiten clasificar contenidos escritos y transformarlos en forma auditiva pudo saltar la dificultad para leer y avanzar con las materias. Sin embargo, cuenta que con el correr de los años fue descubriendo que la carrera elegida no terminaba de cerrarle. Comenzó a aburrirse y se estancó. Aunque paralelamente fue creciendo, como una hiedra en su pecho, la necesidad de dedicarse con mayor seriedad a su pasión por las armas, la balística, la investigación y el delito. “La criminalística siempre fue algo que me apasionó. Desde chico me sentí llamado a ser policía pero por mis limitaciones supe que sería imposible”, dice el joven que al cabo de un tiempo dio un giro inesperado a su vida. Cambio de rumbo “La resolución del delito siempre me interesó como un medio para colaborar con la sociedad, un granito de arena donde se produjo un quebrantamiento que hay que resolver para restablecer el orden. Siempre me atrajo el trabajo policial pero por mis limitaciones supe que no podría practicarlo. Cuando descubrí que había un lugar donde estudiar investigación criminal cambié de perspectiva y me inscribí”, señala. María Quiroga, representante legal del Instituto Técnico Superior Juan Vucetich, donde estudió Rafael, recuerda que permitió que el joven ingresara a las aulas con las mismas exigencias que cualquier otro alumno, por no discriminarlo. Sin embargo dudaba de que pudiese salir a flote en una carrera que depende de la vista para analizar escenarios y sacar conclusiones, entre otras cosas. “Nos reunimos con los profesores porque no estábamos seguros de que podría  avanzar pero decidimos darle la oportunidad. Su metodología fue asistir a clases y grabarlas. El primer año le resultó difícil pero en marzo pasado se recibió aprobandosu tesis con diez, resolviendo un caso muy complejo que supo trabajar en tiempo, forma y profesionalmente”, describe Quiroga entusiasmada. Moyano es el primer joven con discapacidad visual que se recibe como técnico en investigación criminalística y tal como cuentan algunos de sus maestros, que además forman parte de la Policía Científica de la provincia, la disminución de este sentido no es impedimento para que pueda ejercer la práctica, tal como demostró durante las clases y en su presentación final. Rafael trabaja para el Poder Judicial en la línea 0800-666-5878, que depende de Prensa y presta servicio para el área de familia. Esta actividad la realiza desde hace tres años pero no fue su primer desempeño laboral. Antes  estuvo en varios lugares desde el área de informática prestando servicios técnicos. Durante un tiempo también se dedicó a la meteorología, contratado por la empresa de un amigo proveniente de Brasil. Con el título en mano le propuso casamiento a su novia para el año 2015 y reflexiona entre seguir su rutina o aceptar una de las tres propuestas de trabajo que le fueron surgiendo: en la Unidad de Delitos Complejos, en el  Cuerpo Médico Forense y en la Policía Federal. Mientras debate qué nuevo sendero transitar se quita el gusto por las armas apuntando al blanco en el Tiro Federal como desde 2011. 

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