ASí lo expresó Jimena Seliz, la cantante lírica mendocina que se especializó en Alemania y deslumnra en todas sus actuaciones.

“Cantar es una especie de catarsis, es muy curativo y sanador”

Por UNO

Por Mariana Gil [email protected]

Desde el vientre de su madre que Jimena Semiz lleva la música en la sangre. En el seno familiar, su padre Oscar, que cantaba boleros con toques operísticos, y su mamá, que escuchaba música española, sembraron en  ella la vocación por el canto. Y la naturaleza hizo su aporte: la bendijo con una voz única y gran talento.

Con tan sólo 3 años debutó con Luna Tucumana. A los 5 años ya sabía tocar la guitarra. Y así el camino de su profesión se fue gestando hasta llegar a su juventud, cuando definió su profesión : cantante lírica. Se  especializó tres años en esa disciplina en Alemania, pero regresó y es profeta en su tierra natal, donde pone todas las fichas tanto para el crecimiento personal como el de sus colegas.

En la madurez de su vida y de su voz, los logros fluyen solos. En la sala mayor mendocina, el teatro Independencia, la cantante actuó en varias oportunidades y ya conquistó el corazón del público local.

–¿Cómo nace tu vocación?

–Desde la panza de mi mamá, porque siempre hubo mucha música en mi casa. Para mí la música fue algo muy familiar. En los actos de la escuela primaria tocaba la guitarra con una compañera, Paola Piquer. Cuando fui creciendo mis papás me fueron incentivando el aprendizaje de la música, y en la adolescencia entré al primer coro de Amicana... Y ahí fue cuando la vocación se acentuó.

–¿Y después?

–Al terminar la secundaria me planteé seguir profesionalmente la carrera de música. Pero como es un terreno incierto, que depende del talento, esfuerzo y disciplina, como cualquier profesión, aunque también hay un componente de suerte, antes de decidirme estudié tres años de Ciencias de la Educación y llevaba a la par la carrera de canto lírico.

–¿Cómo te decidiste por el canto?

–Fue fundamental el empujón de mis padres, que me apoyaron, y terminéde resolver por dedicarme el 100% a la música. En esa época ya conocía a quien hoy es mi esposo y él me hizo pensar en el objetivo primordial, que era ser solista. Y dejé de dejarle energía a los coros. Tuve la suerte de tener una excelentísima maestra, Silvia Nasiff. Ahora somos amigas y colegas, y compartimos las miradas desde otro lugar.

–¿Estás en el apogeo de tu carrera?

–Estoy por cumplir 40 años, y a nivel vocal una puede resolver las cosas con mayor facilidad entre comillas, porque cantar no es fácil, como cualquiera de las profesiones que requieren de una destreza. Es necesario un entrenamiento diario para que la musculatura, la respiración y la agilidad no decaigan.

–¿Todo es a pulmón?

–Sí, todo es con mucho sacrificio, golpear puertas y entregar demos. Todo lo que uno va haciendo lleva mucho esfuerzo.

–¿Cómo te marcó tu experiencia en Alemania?

–Desde que era estudiante tenía esa visión de salir y ver el mundo, tomar contacto con algún centro musical, y Alemania es un país donde le dan mucha importancia a sembrar cultura en sus habitantes. Todos los pueblitos tienen centro cultural, bibliotecas, teatro o coro de niños. Hice un posgrado y me especialicé en música de cámara y ópera, y di mis exámenes finales con muy buenas calificaciones. Pero mi amor estaba en Mendoza y volví. Por suerte gané dos concursos en la UNCuyo y fui gestando mis proyectos.

–¿Quiénes son tus referentes?

–Admiro mucho a mi maestra, Silvia Nasiff, una propulsora del canto lírico en Mendoza. Y después, a Maria Callas, soprano griega, por su dramatismo e interpretación. Y voces me encantan muchísimas, de las grandes cantantes, como Jessye Norman, o el tenor que murió hace unos años Fritz Wunderlich. También Pavarotti, que fue un bendecido, y muchos más.

–¿La música lírica puede ser popular?

–La música clásica siempre se planteó como un poco elitista o para un sector, pero tiene que ver con lo que la gente escucha o recibió en la casa. Creo que el gusto por la música clásica se puede desarrollar, no la pienso sectorizada.

–¿Qué sentís cuando cantás?

–Cantar es como una expresión profunda, es algo más interno e intervienen otras emociones a nivel psicológico. Cantar es una especie de catarsis, liberación, es muy curativoy sanador.

–¿Falta apoyo?

–Acá hace falta una programación donde se incluya el canto, que los cantantes tengamos que salir del país para trabajar no es justo.

–¿Sentís el reconocimiento del público mendocino?

–La gente acude a mis conciertos, me contratan, y cuando hay producciones de ópera o conciertos me convocan.

–¿Pero cuesta mucho aquí?

–Creo que la gente lo tiene incorporado, pero faltan políticas culturales que incorporen a quienes tenemos esta profesión dentro del sistema cultural. Hay orquestas, coros y ballets, pero no hay elenco de ópera. Mendoza se merece una temporada de ópera con dos o tres títulos al año. Los cantantes hace años que venimos haciendo autogestión para nuestros espectáculos. Tratamos de prodigarnos nuestro espacio.

–¿Qué necesitaste para desarrollar tu virtud innata?

–La naturaleza ayuda porque es el talentito, es la semillita, y después hay que ver qué hacer con eso. El estudio, la disciplina, perseverancia, esfuerzo, el objetivo claro y fortaleza de espíritu son necesarios.Hay que estar preparada, cuando audicionás, para el éxito y para el fracaso.

–¿Cómo compatibilizás la vida familiar con tu profesión?

–El apoyo de mi esposo siempre fue total. Tengo dos hijos chiquitos, de 7 y de 5, y yo misma me pongo los límites, no me puedo ir dos meses a cumplir un contrato afuera.

–¿Cuál es tu sueño?

–Me encantaría tener continuidad laboral, no sólo por mí, sino por otros cantantes, vestuaristas, directores de escena, maquilladores. Hay gente muy valiosa en Mendoza. Yo, como profesora, preparo voces que después estoy segura de que se van a ir.

–¿Qué falta?

–La gente responde, pero creo que hace falta decisión y el incentivo de dar continuidad artística y laboral, y el apoyo para quienes hacemos ópera. La Fiesta Nacional de la Vendimia es lo que más representa a Mendoza y hay una inversión muy grande. Está bien, pero también deberían brindarle apoyo a otras áreas artísticas.

–¿Qué significa actuar en la sala mayor?

–Actuar en el Independencia es muy emocionante, es como cantar en el Colón. Es nuestro templo mendocino, y me da mucha responsabilidad porque es saber que uno se va a exponer a un público que va a criticar con conocimiento.

–¿Manejás varios idiomas?

–Canto en alemán, francés, italiano, inglés y español. Son los básicos; para canto necesitás idiomas.

–¿Es posible vivir de la música?

–Se puede vivir del canto, pero es muy complicado porque no hay continuidad laboral. La segunda profesión es dar clases. El cantante acá vive más de la docencia que del canto mismo.