Por Enrique [email protected]
El jueves, el segundo fallo. Uno de los capítulos más curiosos fue escuchar a la parapsicóloga que dijo que el cadáver estaba en Estados Unidos a pesar de que nunca estuvo desaparecido.
Bolognezi: las situaciones insólitas y curiosas de la causa más polémica de la historia judicial del Este
La causa por la muerte de José Luis Bolognezi, la más polémica de la historia judicial del Este mendocino, concluirá este jueves, cuando se lea la segunda sentencia, que seguramente será la definitiva. Más allá de lo doloroso, de la profunda división social que generó en San Martín y de las innumerables polémicas que ha producido y que dejarán huellas profundas, también hubo situaciones insólitas, curiosas y a veces cómicas, que también marcan algunas decisiones absurdas que se produjeron durante estos 12 años, entre la madrugada del 14 de setiembre de 2002 –cuando el Kote fue asesinado– y este jueves.
En muchísimos pasajes del expediente se menciona que investigadores e instructores se guiaron por “dichos de la calle”, a los que también se los menciona como “vox pópuli”. Así se llamó a declarar a cientos de personas que sólo pudieron decir que “había escuchado”, “me comentaron” o “me dijeron”, pero que poco y nada pudieron aportar, pese a que esas versiones empujaron forzadamente el avance de la instrucción.Visiones internacionales
Entre esos testigos, se citó a declarar cierta vez a una parapsicóloga, que había indicado que tenía datos trascendentes. Cuando se le tomó declaración en el juzgado de Ricardo Schulz, la mujer dijo que “el cadáver de Bolognezi estaba enterrado a un costado de una carretera que cruzaba el estado de Illinois, en Estados Unidos. Además, agregó que junto al cuerpo del Kote también estaba el de Paulo Cristian Guardati, el joven albañil de 21 años que desapareció misteriosamente después de ser detenido por la policía la noche del 24 de mayo de 1992. Ese cuerpo nunca fue encontrado, pero el de Bolognezi jamás estuvo desaparecido. Su cadáver, tirado en un baldío de San Martín con signos evidentes de una agresión, fue una de las pocas certezas que se tuvo en estos 12 años.
“¿Usted ha tomado algo?”En el primer juicio, que se realizó en 2009 y que luego fue declarado nulo por la Corte, hubo 200 testigos. Fueron extensas jornadas, algunas de las cuales debieron ser divididas entre la mañana y la tarde. Cierto día uno de esos testigos, un hombre que lucía una forzada elegancia que incluía un sombrerito tanguero, estaba citado para declarar por la mañana. Sin embargo, la extensión de las declaraciones anteriores obligaron a que el hombre recién pudiera sentarse frente a los jueces después del almuerzo. El pituco entró a la sala con paso inseguro y con un fuerte olor a alcohol. “¿Usted ha tomado algo?”, le preguntó el presidente del Tribunal, Pedro Bernardo Carrizo. El hombre dijo que sí, que habían sido apenas “dos vasitos de vino”. Carrizo debió suspender esa declaración y pasarla para el otro día, no sin antes recomendar que ese testigo declarara “antes del almuerzo”.
Enojado con la TVEn este nuevo juicio también fue citado a declarar el hijo mayor de Ana María Puebla. El hombre, metódico feligrés de la iglesia Evangélica, llenó su testimonio de frases bíblicas. Pero también reconoció que, allá por 2004, cuando su madre había ganado protagonismo, se enojaba cuando veía los noticieros en televisión y se hablaba del caso. “Cada vez que lo veía a usted (señalando al defensor Juan Carlos Ruiz) me daban ganas de agarrar el televisor a trompadas”, dijo. Ruiz, rápido y pintoresco como es su estilo, le preguntó: “Y esas ganas…¿ya se le pasaron?”. El testigo dijo que sí, y el letrado sostuvo: “Ahora me quedo más tranquilo”.
Cuando no juegue la SelecciónEn la audiencia del viernes, el Tribunal debió fijar qué día se completarán las últimas formalidades y se dictará sentencia. El juez que preside, Eduardo Orozco, les comunicó muy confiado a todos los presentes: “Hacemos un cuarto intermedio hasta el martes”, por hoy, el mismo día que la Selección Nacional de Fútbol juega su chance en los octavos de final del Mundial de Brasil. Los querellantes en forma instantánea dijeron que no podían, porque debían estar en otro debate ya programado.
Más allá de la entendible excusa, también es cierto que si la sentencia hubiese sido dictada hoy, la noticia perdería peso ya que la mayor parte de la sociedad estará atenta al partido. Finalmente, el tribunal decidió fijar el jueves para decidir.
Las ensaladas del policía “pecador” En este segundo juicio fue citado a declarar el suboficial mayor ahora retirado Rubén Darío Luna, a quien todos conocen mejor por su apodo: el Caballo.
Luna fue el esforzado secretario del polémico comisario general (ya retirado, también) Héctor Quiroga. El suboficial hacía “de todo”, como el mismo reconoció. Era el chofer de Quiroga, trabajaba en la investigación del caso Bolognezi, custodió durante cerca de un año a la testigo Ana María Puebla y también “le hacía de comer al general”, como llamó constantemente a Quiroga. “Yo preparaba todos los días unas ensaladitas, porque nos teníamos que cuidar. Además salíamos a caminar para hacer un poco de ejercicio”, contó el Caballo, un hombre grandote, robusto, con claro perfil de policía rudo y experimentado.
El suboficial también contó las peripecias por las que tuvo que pasar para custodiar a Puebla. “A veces charlábamos con la señora y otras ella no quería saber nada con nosotros. Se nos escapaba. Todo dependía de cómo se hubiera levantado la mujer”, dijo, apesadumbrado.
Y además contó que varias veces “tuve que acompañar a la señora cuando iba a una iglesia evangélica. Fue muy difícil. El pastor me trató de pecador y quería que yo levantara las manos. Yo estaba armado y no podía hacer eso. No quise entrar más y le pedí al general que me relevara de esa función”. El relato estuvo a un paso de obligar un cuarto intermedio, por las risas de los presentes, incluidos los jueces que no pudieron evitar tentarse, especialmente la magistrada Viviana Morici, que luchó duramente para contenerse... Hasta que perdió y cayó presa de la tentación.



