Por Carina Luz Pé[email protected]
La tasa de fecundidad, es decir un promedio de hijos que tendría una mujer en su vida fértil, tiende a bajar en Mendoza, según datos de la Dirección de Estadísticas Poblacionales del INDEC. La tasa global del 2001 fue de 2,58 (más de dos hijos) mientras que en el 2010 disminuyó a 2,29 y las proyecciones para el 2015 son de 2,2 chicos por mamá (hasta dos niños).
Esto sucede junto con una estabilización de la cantidad de nacimientos totales, donde la variación oscila entre los 34 mil y 33 mil chicos por año, sin cambiar sustancialmente los últimos cinco años.
Si bien aún el dato no es preocupante, ya que una tasa de fecundidad promedio de 2,1 garantiza el recambio poblacional, muestra cómo se transforma la planificación de una familia, qué valores traspasa esa decisión y cómo influye el contexto económico a la hora de tener un hijo.
Para algunos médicos especialistas en fertilidad, priorizar el desarrollo profesional sobre el familiar retrasa el inicio de la maternidad, afectando la fecundidad de las mujeres.
Para otros expertos, el acceso a los métodos anticonceptivos junto con los programas estatales de salud reproductiva están incidiendo en el control de la natalidad.
El factor hombre“Desde el punto de vista de la fertilidad de las mujeres, mientras más se tarde se busca un embarazo, más baja la fecundidad de una mujer. Pero en esto hay varias aristas: lo cultural, lo económico, lo social. Ahora lograr la estabilidad de una pareja para proyectar el nacimiento de un hijo es más complicado. Se llama el factor masculino, por ejemplo, el varón y la mujer llegan a los 35 años, más o menos y ella plantea tener un bebé. Pero los hombres suelen no desear lo mismo, se rompe esa pareja y la mujer empieza a buscar otra pareja que sí quiera formar una familia. Cuando la encuentra ya tiene 37 o más años. La edad asociada a la fecundidad es algo muy marcado, pero también depende mucho del sector social del que estemos hablando; en otros las mujeres tienen hijos en la adolescencia”, opina Antonio Martínez, especialista en fertilización asistida.
De igual forma, la doctora Sara Papa, directora del Hospital Universitario, explica la baja de la tasa global de fecundidad y la cantidad de nacimientos en Mendoza, por la gran inserción de las mujeres en la universidad, lo que hace retrasar la gestación del primer chico, pero también incluye en su análisis de causas el menor compromiso de las parejas jóvenes al momento de constituir una familia.
Y por ultimo, las razones económicas: “Ahora tener un hijo requiere pensar mucho el tema económico, porque es muy costoso, implica mucha atención y dedicación al niño y no todos están dispuestos a posponer su desarrollo profesional”.
En cambio, para la jefa de Obstetras de Mendoza, Mirella Pizoulo, simplemente las mujeres deciden con mayor libertad cuántos hijos tener.
De todos modos, reconoció que aún falta trabajo sobre las mujeres de sectores más humildes, donde aún la maternidad temprana es un proyecto de vida en sí mismo.
“El 60% de los embarazos no son planificados, es decir no es que no conocían los métodos anticonceptivos o no tenían acceso a ellos, sino que no pensaron cuándo tener un niño, no lo decidieron. Entonces hay que trabajar más en el derecho a la salud sexual de las mujeres, no solo en términos de reproducción sino para cuidarse en todos los sentidos, de las enfermedades de transmisión sexual, y en salud en general. Pero esto es un proceso, donde la mujer está empezando a empoderarse, a tomar decisiones para sentirse realizada en su vida”, indicó Pizoulo.
El rol de la economíaEn un estudio realizado por el Observatorio de la Maternidad Argentina sobre la base de datos estadísticos de los entes oficiales que abarcan varios aspectos de la natalidad en nuestro país da cuenta de una fuerte relación entre los nacimientos y el nivel económico, lo cual tiene amplia repercusión sobre la gestación de un hijo.
“Entre las mujeres que viven en los hogares con menores recursos económicos la maternidad temprana es más frecuente y culturalmente más aceptada, y la cantidad de hijos por mujer suele ser más elevada que en los sectores medios y los de mayores ingresos. Las mujeres que pertenecen al 30% de los hogares con menores ingresos per cápita familiar tienen en promedio su primer hijo 5 años antes que las que viven en el 30% de los hogares con mayores ingresos per cápita familiar: lo hacen a los 22,7 años y a los 28,0 años de edad, respectivamente.
Asimismo, las madres de los hogares con menores recursos económicos tienen en promedio un hijo más que las que viven en los hogares de los sectores medios: las madres del 30% de los hogares con menores ingresos per cápita familiar tienen en promedio 2,7 hijos y las que viven en el 30% de los hogares con mayores ingresos per cápita familiar tienen en promedio 1,7 hijos”, detallan en informe del Observatorio.
Menos hijos en las provincias más grandes del paísLa caída de la tasa de fecundación no es exclusiva de Mendoza y como si fuera una regla, mientras mayor desarrollo económico y más población tiene la provincia, más cae la cantidad de hijos que las parejas deciden traer al mundo.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pasó de 1,84 en el 2001 a una proyección para el año que viene 1,57 niños. En tierras de Daniel Scioli, la variación fue de 2,31 a 1,97; Córdoba de 2,12 a 1,80 y Santa Fe, de 2,23 a una tasa de 1,90. En contrapartida, las provincias que tuvieron siempre la tasa de fecundación más alta del país siguen siendo Catamarca, Formosa, Chaco, Misiones y Salta, aunque también en estas provincias la cantidad de niños por familia haya caído.
Carina Lupica, directora ejecutiva del Observatorio de la Maternidad, explica: “La relación entre demografía y desigualdad suele ser circular, es decir, que los fenómenos se refuerzan entre sí y generan las trampas de la pobreza. La situación de privación de ingresos en una familia puede ocasionar restricciones en el acceso, continuidad y finalización de los estudios de las mujeres jóvenes, menores posibilidades de acceder a trabajos remunerados de calidad, acelerar el inicio de las relaciones sexuales y la primera unión conyugal, limitar el conocimiento, uso y poder de decisión sobre los métodos de planificación familiar, entre otros. Todos ellos, son condicionantes próximos de una fecundidad más precoz y elevada”.
Desde su visión, una salida posible para equipar el derecho a decidir de todas las mujeres independientemente del sector social a la que pertenece, implica la permanencia de los jóvenes en el sistema educativo, el conocimiento sobre la sexualidad y el mayor acceso a la planificación familiar, la postergación de la edad de inicio de la maternidad más allá de la adolescencia, la promoción de la paternidad responsable.



