Por Carina Luz Pérez
La villa Unión y Fuerza, como la llaman los vecinos, muestra una miseria pocas veces registrada por los medios en el Gran Mendoza pero lo más irritante tal vez sea el olor nauseabundo que despiden los residuos del basural y los pozos sépticos que ga
Así viven las familias que cortaron el Acceso Sur para pedir casas
Lluvia torrencial. Caída de paredes y techos. Pozos sépticos colapsados. Palos, nylon y dos bolsas de porlan. Promesas de soluciones en un par de meses. La situación se repite en orden, como un círculo vicioso que desde el año 2000 encierra a 140 familias del asentamiento Unión y Fuerza de Maipú.
Este jueves el hastío por la espera de 12 años para que les hagan una vivienda los llevó a cortar el Acceso Sur, metros antes del puente de la calle Paso y exponerse a que un juez federal los impute por el delito de impedir el tránsito durante más de cuatro horas sobre una ruta nacional y los incesantes insultos de los automovilistas que pasaban por ese lugar entre las 11 y las 14.
El grupo formado mayoritariamente por una veintena de mujeres y hombres con sus pequeños hijos protestó de esta manera tras recibir lo de siempre después de las últimas lluvias nylon, palos y promesas. Pero eso no les bastó esta vez porque muchas de las precarias viviendas de la villa están seriamente dañadas debido a que se cayeron paredes internas y los techos penden de un hilo.
Como fue el caso de Alejandra Guardia (35) que vive sola con sus seis hijos, la mayor de quince está embarazada de 3 meses. “Se cayó la pared de la habitación dónde duermen los chicos, la puerta no está porque el techo está vencido y sostenido con una tablita que puso mi hijo de 14. Trabajo en el pozo de Godoy Cruz reciclando basura y si bien recibo la asignación universal, no me alcanza, son muchos niños. No sé qué más puedo hacer, les pido ayuda a la municipalidad y nadie viene”, relata mientras otra nena de 3 años, Gloria pisa descalza el barro de la vivienda.
A Horacio Moyano (30), su vecino de enfrente le pasa algo similar. Su casa está a desnivel respecto de la calle y la entrada se parece mucho a la de un sótano que lleva a tres pequeños ambientes que funcionan como cocina, una habitación contigua y un tercera pieza matrimonial apuntalada de norte a sur para que el techo no ceda.
“Yo me doy maña con la albañilería y fui haciendo como pude las piezas para mi, Isabel mi mujer y un chico al que le dimos albergue porque su familia no lo contiene. Así y todo, cuando llueve nos cae agua por todos lados. Tenemos agua potable de la manguera y luz, pero la cantidad de basura de los alrededores hace que hayan muchísimas lauchas, mosquitos, vinchucas, chinches, pulgas y arañas, de todo hay y la municipalidad limpia de vez en cuando”.
En el recorrido las historias se repiten entre los vecinos, también las escasas posibilidades de hacer un arreglo más duradero en su casa y como consecuencia de esto, el hacinamiento sufrido por las familias con tres, cuatro, cinco o seis niños por vivienda.
La villa Unión y Fuerza, como la llaman los vecinos, muestra una miseria pocas veces registrada por los medios en el Gran Mendoza pero lo más irritante tal vez sea el olor nauseabundo que despiden los residuos del basural y los pozos sépticos que ganan terrenos por los pasillos de la barriada.
Es que, según explican los vecinos, cada vez que un nuevo habitante se suma al lugar, hacen nuevas perforaciones sin saber a dónde estaban las anteriores. Así es común que luego de una tormenta empiecen a ceder terrenos, con lo cual el peligro de caídas en esos pozos se multiplica para los chicos que juegan en el ese barrio.
Al fondo del asentamiento, casi en el límite con Godoy Cruz, crece un totoral enorme, escenario de violaciones, escondite para ladrones y hogar de alimañas varias como las matuastas, una especie de lagartija venesosa que muerde y arranca la piel. En el centro de la barriada, además, crece un basural de dimensiones considerables.
Como si esto no fuera poco, la villa ha quedado atrapada entre las bandas de delincuentes que viven en el Soberanía Nacional y el barrio Nueva Generación.
“Cada vez que ellos se enfrentan, nosotros quedamos en el medio de la balacera, por eso la villa no es segura. Vemos como los delincuentes vienen a esconderse acá y no podemos hacer nada, dice frustrado Orlando Stay (29).
El origen del conflictoEl terreno donde está la villa Unión y Fuerza está ubicado sobre calle Terrada en un punto llamando triple frontera, porque limitan los departamentos Maipú, Godoy Cruz y Luján. En el año 2000 se determinó que este lugar pertenecía a Maipú y para erradicar la villa se hizo un censo de familias para conocer su composición.
En ese momento se determinó que eran en total 140. Además, el terreno fue destinado específicamente a la construcción del barrio que llevará el nombre Renacer. Sin embargo, el dinero para levantar las viviendas nunca llegó. Hace tres años atrás, el gobierno nacional lanzó una línea de fondos para las cooperativas de trabajo que levantaban casas. Es el plan de Integración Socio-comunitaria de la Secretaría de Viviendas de la Nación, que suele derivar fondos a agrupaciones como la Tupac Amaru, liderada por la piquetera salteña Milagros Sala.
En este contexto, esa organización ofreció levantar 20 casas para un grupo de vecinos de la villa y así se está haciendo en estos momentos.
Según Walter Jofré, director de Viviendas de Maipú, algunos vecinos no querían que se hicieran las casas de esta manera y por supuesto, no deseaban participar de la agrupación piquetera.
Fue cuando se les informó que podían formar otra cooperativa de trabajo y recibir fondos para la segunda etapa de la erradicación, unas 40 casas en total. Es estos fondos los que están esperando de la comuna para comenzar a mediados de año con la construcción de estas casas.
“Ellos saben que es la manera de trabajar en este tema, no hay otra forma. Así que la respuesta de la municipalidad no es otra que esa, buscar fondos en el IPV o desde la Nación para erradicar la villa. Lo que pasa es que muchas de estas personas que están protestando son nuevas” aseguró Jofré.
Esta tarde fueron recibidos por la presidenta del Consejo Deliberante de Maipú, Olga Bianchianelli, para escuchar los reclamos. En ese encuentro la comuna se comprometió a seguir gestionando los fondos para el proyecto barrial y proporcionarles servicios de limpieza en la villa.



