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Armando Feliciano Roble (53) es un hombre muy conocido en Carrodilla, Luján.
Tal vez no se lo reconozca por su nombre, pero sí por lo que hace, ya que lleva 16 años arreglando pelotas en la esquina de las calles Paso y San Martín, en frente de la Virgen de la Carrodilla.
Todos los días, excepto los domingos, llega en bicicleta a su lugar de trabajo al aire libre, busca los balones y los materiales en el lugar que tiene reservado para guardarlos y, a eso de las 13 comienza a reparar sin descanso hasta las 18.
Armando es casado y tiene cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres. Vive en el barrio Soberanía Argentina, de Maipú, y asegura que no repara los domingos porque ese día es para él y su familia.
En Carrodilla todos saben que en esa esquina “se arreglan fútbol” tal cual dice el cartel que lo promociona. Es por eso que siempre tiene una buena cantidad de pelotas, pero no sólo de ese deporte, también hay guindas o bolas para balonmano.
Los clientes llegan de Las Heras, Godoy Cruz o Maipú. Actualmente le arregla al Club Chacras de Coria pero en otro momento también arreglaba para Godoy Cruz, Banco Mendoza y a personalidades como Sebastián Torrico o el Gato Oldrá.
Armando explica que varias veces tuvo oportunidad de ponerse un quiosco o un negocio, pero por dos razones nunca lo hizo. La primera es que el presupuesto es ajustado y no sacaría provecho. La segunda y más importante es que , estar donde está le trae muchos beneficios.
El encontrarse "al paso" genera clientes ocasionales, pero también que todos sepan que está ahí le asegura que van a volver.
Explica que a las personas les interesa ver cómo les devuelve la vida a las pelotas, ya sea cociendo o emparchando. En varias oportunidades los padres se quedan con sus hijos para que aprendan cómo se hace.
Su trabajo no tiene un precio fijo, varía entre los $50 y $120. Todo depende de la pelota, del estado y de los materiales que deba utilizar.
Por ejemplo, no es lo mismo arreglar un balón al que solamente tiene que coser, uno que tiene emparchar, o uno al que hay que colocarle un líquido especial que es más costoso.
Si tiene mucho trabajo, los clientes le dejan las pelotas y vuelven a buscarlas en otro momento, pero si el día está tranquilo, pueden esperar en el lugar, ya que para arreglar un balón no tarda más de media hora.



