San Martín. "He sido totalmente verdulero". La manera en que se define es toda una declaración de principios. Rafael Herrera tiene 90 años (el 3 de abril serán 91), 5 hijos, 16 nietos, 10 bisnietos, un sombrero, una salud perfecta y una vida de verdulero. También tiene un pasado de 67 años jugando a las bochas y uno más reciente, de 3, jugando al tejo.Rafael tiene sombrero y debajo de él una mente lúcida, impecable. Además, tiene carácter fuerte. Entre las 19 y las 21 de los martes, jueves y viernes será una de los protagonistas de las varias discusiones que se suscitarán en el rectángulo de arena, para resolver a qué distancia quedó el tejo, rojo o banco, del tejito que alguien lanzó primero."Algunas veces se producen algunas discusiones, pero nos perdonamos. No somos muchos los que jugamos y hay que cuidarnos, hay que perdonar. Después de todo errar es humano y perdonar es divino", dice. El grupo estable es de 8 o 9. Además, hay otros tantos que vienen cuando pueden. Rafael es el más grande y los más jóvenes andan por los 64 o 65.Hace 3 años, y de a pares, se fueron juntando casi espontáneamente en la Plaza del Olivo, al este de la ciudad de San Martín. Estaban casi solos allí. Ahora, con la plaza remodelada aunque todavía no concluida (le falta parquización, riego, bancos y especialmente un grifo cerca de la cancha de tejo para que se pueda mojar), ya los nueve ven cómo la gente elige ese lugar para hacer ejercicios."El tejo es una gloria. Es diversión, pero también es una gimnasia hermosa", dije don Rafael, que tiene un brazo potente y una precisión admirable.La mayoría vive cerca, pero alguno vienen de lejos para jugar. Luis Chiquini es uno de los más jóvenes y viaja desde Rivadavia. Tiene 65, pero un aspecto de un tipo 10 años menor. "Vengo a acompañarlos, si no... ¡se viven peleando!", bromea. "Es un juego muy divertido que a veces produce algunas rispideces, pero todo queda en el juego. Los viernes nos vamos después a una pizzería o a comer un asadito. Lo mejor es reírse y cargarse entre todos", cuenta.No piden nada, no reclaman, pero Luis reconoce que les vendría bien que se completara la remodelación o, al menos, le pusieran una canilla cerca de la canchita. "Para regarla traemos baldes desde 50 o 100 metros y es medio complicado para los viejos. Lo de los bancos no es tan importante, porque la mayor parte del tiempo lo pasamos jugando y el que quiere se trae algo para sentarse", dice.Mario Giménez viene desde el barrio Judicial. Tiene 65, tres hijos, un nieto y otro en camino, una panza, pocos dientes y toda una vida de albañil, aunque prefiere decir que trabajó "en la construcción" hasta hace un par de meses "porque tengo problemas en los huesos".Cuenta que "venimos porque nos distraemos, nos divertimos hasta con las pequeñas discusiones que se arman, porque acá... ¡hay varios que son calientes!. Yo reconozco que soy uno de los más calentones".El tejo es un juego, pero los muchachos de la Plaza del Olivo se lo toman con la más contundente seriedad. Apenas llega este medio al lugar, el fotógrafo comienza a hacer su trabajo... y los viejos lo ignoran olímpicamente. Y el periodista debe aguardar a que termine la primera partida, so pena de ser expulsado si osa distraer a algún jugador.Sin embargo hay un espíritu solidario entre ellos. "Acá, al que quiere jugar, lo dejamos participar. Si no sabe, le enseñamos. Incluso viene gente que tiene problemas motrices y lo dejamos jugar, por más que nos haga perder. Algunos tienen problemas de cintura y no se pueden agachar para levantar el tejo y, entonces, se lo levanta otro. Yo tengo esos problemas y me ayudan. Somos bastante solidarios", dice don Mario.La cancha de tejo de la Plaza del Olivo no es la única en San Martín, pero la mayoría de las otras no se usan. "Hay dos canchitas en la plaza del barrio Córdoba (Eva Perón) que nadie las ocupa. ¡Es una lástima! Nosotros nos ofrecemos a ir a jugar allá y difundir esto, para que la gente se acerque. Incluso nos gustaría ir a jugar con gente de otros lugares, para que esto se extienda, porque no hay difusión de esta actividad y es muy buena para la gente grande", remarca Giménez.Entonces, con ese ánimo, aporta su número de teléfono móvil (2634572696) para que los contacten.Y se terminó la nota. Está por arrancar la segunda partida y hay que despejar la cancha de intrusos. Después de todo, el juego es una cosa seria.
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Los más jóvenes tienen unos 65 años y todos ya dejaron de trabajar. Don Rafael (90) es uno de sus protagonistas. El paseo público está en San Martín, donde la canchita no se usaba. Los unen las ganas de divertirse y hacer ejercicio



