Quienes conocieron a Ana Vera, la mujer que murió junto con dos de sus hijos en un incendio en Guaymallén, rescatan su entrega como emblema de vida. Video.

“Ana sabía reinventarse, era de las que convertían la angustia en cariño”

Por UNO

Si la vida de cualquier persona pudiera definirse sólo con una palabra, la de Ana Vera (40) sería solidaridad. Esta valiente mujer atravesó el hecho de que su padre fuera desaparecido a manos de la dictadura militar y se reinventó una y otra vez para ser madre de sus tres hijos biológicos y adoptar a cuatro hermanitos que estaban en situación de riesgo. Para cualquier pareja, embarcarse en ese proyecto supondría millones de dudas e interrogantes económicos para saber cómo contenerlos, pero ni Ana ni su esposo, Santiago Bosio, dudaron un segundo y acondicionaron su casa para ampliar su familia. El domingo, un incendio arrasó con la casa de Los Corralitos en la que vivía la pareja y seis de sus siete hijos, porque el mayor estaba en Buenos Aires. Ese fuego se llevó también la vida de Ana, y la de sus hijos Gabriel y Rodrigo Páez.

“La Negra era de esas personas que se reinventan. Ella sabía convertir la angustia en cariño. Yo jamás la vi victimizarse por el hecho de haber perdido a su padre (Víctor Hugo Vera) durante el Proceso militar. Pensá que además su madre fue presa política y ella pasó parte de su infancia apresada, pero no se quedó con eso. Soñó y junto a mi hermano consiguieron formar una familia hermosa, en donde reinaba el cariño”, define Octavio Bosio, cuñado de Ana y hermano mayor de Santiago.

Según lo que la misma Ana contó en un video de preproducción que filmó en el 2012 para un programa televisivo que saldría luego en el canal Encuentro, de Buenos Aires, ella y Santiago, con quien comenzó su relación cuando tenían sólo 16 años, siempre soñaron con una familia amplia. “Nuestro proyecto de adopción comenzó cuando nació nuestro primer hijo. Ahí me hicieron una mala praxis, una cesárea no programada, y condicionaron la cantidad de niños que podíamos llegar a tener. Cuando nació Víctor, que es el más grande, nosotros pensamos ya en la posibilidad de adoptar y fuimos armando nuestra vida con relación a ese proyecto”, dice ante la cámara y se la ve orgullosa de su proyecto de vida concretado (ver QR).

Ese sueño comenzó a tomar forma en el 2011, cuando estando ya inscriptos en el Registro Único de Adopción (RUA) recibieron una convocatoria de la DINAF para ser familia cuidadora de cuatro hermanitos –de una familia de 9 chicos– que estaban en situación de riesgo.

“Su casa era una casa abierta. Toda la comunidad de Los Corralitos la conocía. Ahí nunca eran siete los chicos, siempre se quedaba algún amigo o compañero del colegio. Era una casa comunitaria”, recuerda Octavio, y su afirmación se replica en cada comentario que dejaron en su perfil de Facebook sus vecinos y amigos de la Casita Trinitaria, una asociación civil de ayuda a chicos en situación de riesgo, en donde Ana colaboraba activamente.

En la madrugada de este domingo, mientras la familia dormía, un incendio comenzó en su casa de calle Severo del Castillo. Ante las llamas, Santiago y Ana se desesperaron por sacar a sus hijos. En medio del caos descubrieron que Rodrigo (14), el mayor de sus hijos adoptivos, había quedado dentro de la casa en llamas. Ella no dudó en entrar a buscarlo, y atrás suyo entró también otro de sus hijos, Gabriel. Ninguno pudo salir con vida.

Quien quiera colaborar con la familia podrá contactarse al 156629539 o hacer su donación en la caja de ahorro del banco Supervielle 34-33109-3 CBU 0270034220000331090035 a nombre de Octavio Bosio, CUIT 20-23291312-7.

Desde 2011 aceptaron ser familia cuidadora

“El camino que transitaron Ana y Santiago y el de los hermanitos Páez afortunadamente coincidieron en el 2011. La pareja ya estaba inscripta en el Registro Único de Adopción y en ese momento aceptaron el desafío de convertirse en una familia cuidadora. Ahí decidieron tener con ellos a tres hermanitos de una familia de 9 que estaban en situación de riesgo. Luego se sumó un cuarto hermanito, que era el más pequeño y en ese momento tenía 3 años, pero estaba en riesgo y no podía continuar viviendo con su madre biológica”, cuenta Patricia Spoliansky, titular de la DINAF.

Según la funcionaria, luego de haber cumplimentado todo el proceso necesario para llegar a la adopción plena, en el 2012 a esos chicos se los declara en estado de adoptabilidad y desde entonces a la pareja se les dio la guarda preadoptiva.

“Adoptar era el norte de su vida, y eso se notaba en cada gesto, no sólo con sus hijos, con quienes demostró su calidad de madre, sino también con el trabajo que hacía en organizaciones barriales y como docente en el CEBA de Los Corralitos, en donde trabajaba”, concluyó Spoliansky luego de enterarse del deceso de Ana.