Las últimas inundaciones han causado preocupación por la cantidad de familias que debieron ser evacuadas y las casi mil personas que precisaron asistencia en lo que va del año.

Alerta en el Valle de Uco por los riesgos aluvionales

Por UNO

Alejandra [email protected]

A raíz de los últimos sucesos climáticos que han dejado a cientos de familias damnificadas, se ha vuelto común advertir en el decir popular que la naturaleza pareciera estar reclamando por mayores cuidados. Sin embargo, la mano del hombre sigue interviniendo en ella y modificándola sin medir consecuencias.

Ocurre en el Valle de Uco. Esta zona, que por su ubicación geográfica y sus características hidrográficas siempre fue señalada como una de las más vulnerables ante la amenaza de aluviones, está en la mira de los especialistas que advierten un incremento del riesgo. Los factores estarían vinculados al desarrollo desmedido y sin planificación de algunos sectores como el inmobiliario, productivo o turístico.

Para los valletanos el alerta se viene dando desde principios de año ya que en lo que va del 2014, a raíz principalmente de las lluvias más intensas de febrero y abril, más de un centenar de familias debieron ser evacuadas y cerca de mil personas recibieron asistencia por las consecuencias de las inundaciones que se registraron en Tunuyán, Tupungato y San Carlos.

Factores y responsabilidad

Entre otras razones, los riesgos aluvionales se ven intensificados por la expansión agropecuaria hacia el piedemonte, que ha provocado la eliminación de la vegetación natural, alterando desagües naturales –en su mayoría con nuevos trazados– y la cobertura del suelo. Así, se han modificado los índices de filtración generando problemas graves de erosión hídrica, desborde de cauces e inundaciones aguas abajo.

Además, creció la cantidad de pozos autorizados para el bombeo de agua lo que pone en riesgo al acuífero subterráneo, debido a que el caudal extraído podría ser mayor al de recarga. En base al próximo balance hídrico,  Irrigación evaluaría si es posible dar nuevos permisos.

“Hay que echar mano en este asunto y atender las advertencias porque la situación se ha agravado. Yo vi el aluvión del ’70 en Mendoza y habría que preguntarse cuánto avanzamos después de eso. ¿Hemos aprendido algo? Ahora también vi cómo un arroyo atravesaba toda una finca donde antes no ocurría”, comentó Daniel Pizzolato, jefe de la extensión rural de INTA La Consulta y uno de los responsables del sitio piloto del proyecto de ordenamiento territorial de Tunuyán, en cuyo diagnóstico se dejó en evidencia la problemática. En el caso de esa comuna existen dos abanicos aluviales que se ubican al norte del río Tunuyán y al este del talud montañoso cuyos valores de riesgos más altos están, por un lado, en el sector Este sobre la llanura de inundación del Tunuyán y, por otro, en Vista Flores y Colonia las Rosas, marcando esos sectores como puntos de gran planaridad y baja altura que los hace susceptibles a ser un área con riesgo de inundación.

En el resto del Valle de Uco se ha hecho notoria la expansión de la frontera agrícola hacia el Oeste y, en algunos casos, la modificación de los cursos de agua por parte de los mismos propietarios de emprendimientos en la zona del piedemonte.

Además el mal estado de mantenimiento y limpieza de los cauces viene ocasionando grandes problemas, considerando que en esta zona la defensa aluvional se basa en los arroyos naturales que se aprovechan como drenajes y colectores.

“Lo inmediato es terminar de zonificar las áreas de riesgo y relevar las actividades instaladas en cada lugar. Y de ahí, planificar como continuar con el desarrollo de cada zona”, agregó Pizzolato.

Para ello, el Estado tomaría como referencias los estudios que están realizando distintos organismos (municipios, Secretaría de Ambiente, INTA, IDC, IDR y algunos IES) en el marco de la ley de Ordenamiento Territorial y Usos del Suelo cuya aplicación se debate hoy en la provincia.

El recuerdo de aquella tarde de febrero del ’62

“No teníamos ni idea de lo que era un aluvión. La juventud no era como ahora, que sabe todo. No teníamos ni noción de lo que era el peligro”, contó Juan Ángel Sías (68 años), sobre lo que vivió la tarde del 7 de febrero de 1962 en Tupungato, cuando logró sobrevivir al aluvión que se cobró la vida de tres personas, entre ellos la de Víctor Armando, uno de sus cuatro hermanos.

Quique, como lo conocen en San José, tenía 16 años y esa siesta debió abandonar su labor en la huerta de la finca donde trabajaba –hoy allí se ubica Atamisque– porque había empezado a llover intensamente. Horas más tarde, se despertó de la siesta sorprendido por el ruido del agua que era “infernal y fuera de lo común”, como él mismo describió.

Hizo lo mismo que la mayoría de sus vecinos que se arrimaron sorprendidos al arroyo Anchayuyo impresionados por la fuerza y el modo en el que bajaba la corriente. Sin embargo, en cuestión de minutos, el agua se desbordó de este cauce natural, arrastrando a su paso a más de 15 personas, incluyéndolo a él y a su amigo Francisco Lamanuzzi.

“Fueron como 200 metros los que nos arrastró entre las viñas, que se iban cayendo. Yo no hacía pie pero de apoco el agua me fue corriendo y pude salvar también a mi amigo”, relató sobre la arremetida que se cobró la vida de tres personas, entre ellos la de su hermano, a quien el agua lo encontró andando a caballo.

Juan Ángel aseguró no haber visto jamás un fenómeno tan grande como, pero hoy les teme a las últimas inundaciones y, como buen conocedor de la tierra, a los daños que están ocasionando los cambios climáticos y otros factores en la naturaleza. “Si no tomamos conciencia nosotros o los que tienen el poder de hacer algo, no sé qué va a pasar”, agregó.

Este hecho que a través de los años se ha ido transmitiendo en la comunidad a través del relato oral de quienes lo vivieron es uno de los antecedentes más graves de aluviones registrados en el Valle de Uco y en la provincia  que recién ocho años después –en 1970– iba a tener que enfrentarse a la tragedia que generó la ruptura del dique Frías en Ciudad.