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Aguilera: “El Gato quiere matarme y ofreció $300.000 por mi cabeza”

Las pa­re­des es­tán ta­pa­das de culto al Tom­ba. Ban­de­ri­nes, pós­ters, fo­tos y al­ma­na­quesse su­per­po­nen con re­car­ga­da de­vo­ción en los vein­te me­tros cua­dra­dos de la co­ci­na

co­me­dor de la sen­ci­lla ca­sa del ba­rrio La Glo­ria. El ri­tual só­lo ce­de an­te la

in­con­ta­ble can­ti­dad de ador­nos pues­tos so­bre un mue­ble y las fo­tos fa­mi­lia­res

en­cua­dra­das y col­ga­das so­bre la pa­red.

Así lu­ce la vi­vien­da de los pa­dres de Da­niel Ren­go Agui­le­ra, en la man­za­na B ca­sa

110. Allí nos re­ci­be él des­pués de las 18. Es­tá so­lo y la en­tre­vis­ta es abier­ta,

in­clu­so, con la puer­ta de ca­lle abier­ta.

En más de una ho­ra y me­dia de con­ver­sa­ción con

Dia­rio UNO, el je­fe de la ba­rra bra­va de Go­doy Cruz re­su­mió ayer su

si­tua­ción tras su de­ten­ción en me­dio de lo que la po­li­cía ha de­no­mi­na­do co­mo una

gue­rra de ban­das en La Glo­ria: ne­gó ha­ber pe­di­do cus­to­dia, con­tro­lar el ba­rrio,

li­de­rar una ban­da, y tam­bién ne­gó es­tar vin­cu­la­do a la dro­ga y al de­li­to. Di­jo que se

de­di­ca a la com­pra-ven­ta de au­tos y que les te­me a la po­li­cía y a los fis­ca­les.

Sin em­bar­go, ad­mi­tió que su vi­da es­tá en pe­li­gro y sin vuel­tas acu­só: "El Ga­to me

quie­re ma­tar y en el ba­rrio se co­men­ta que pa­ga $300.000 por mi ca­be­za". An­te la

pre­gun­ta de por qué lo quie­ren ase­si­nar, res­pon­dió: "No lo pue­do sa­ber. Pa­ra mí que el

cha­bón quie­re fa­ma y pu­bli­ci­dad y sa­be que yo soy co­no­ci­do, soy po­pu­lar".

La re­pre­gun­ta so­bre quién es el Ga­to no tar­dó en lle­gar. Agui­le­ra se re­fe­ría na­da

más y na­da me­nos a quien se­ña­la co­mo lí­der de la ban­da acu­sa­da de tra­fi­car dro­gas y

con­tra­ban­dear mer­ca­de­ría, la que en los úl­ti­mos tres días que­dó ca­si de­sar­ti­cu­la­da y

con diez de­te­ni­dos.

"Le di­cen Ga­to por­que los que son par­te de su pan­di­lla son sus Ga­ti­tos. Al ti­po lo

co­noz­co, ha si­do mi ve­ci­no to­da la vi­da. Ha­cía seis me­ses que no se lo veía por acá, pe­ro

aho­ra ha vuel­to y ha re­vo­lu­cio­na­do el ba­rrio, por­que les es­tá re­par­tien­do bol­sas con

pis­to­las y ba­las a los chi­cos me­no­res de edad. Y es­tos Ga­ti­tos le res­pon­den por pla­ta y

dro­ga", re­ve­ló el Ren­go.

Te­mor a la po­li­cía

Agui­le­ra vin­cu­ló a la ban­da del Ga­to con el do­ble ase­si­na­to de los obre­ros que

tra­ba­ja­ban pa­ra su fa­mi­lia en El Ca­rri­zal. "El ti­po se de­su­bi­có y el otro que di­cen

que par­ti­ci­pó, el Co­lo (se tra­ta del de­te­ni­do en San Juan), vi­vía acá en el pa­si­llo de

en­fren­te. Una ex­ce­len­te per­so­na y ami­go de uno de los obre­ros, pe­ro ha­cía tiem­po que

an­da­ba en la ban­da del Ga­to".

En­ton­ces ar­gu­men­tó por qué le te­me a la po­li­cía: "El día del do­ble cri­men el

mi­nis­tro de Se­gu­ri­dad (Car­los) Aran­da le di­jo a mi pa­dre que nos cui­dá­ra­mos por­que

ha­bía fis­ca­les y po­li­cías me­ti­dos en es­to", dis­pa­ró el Ren­go.

Y fue más allá: "el Ga­to es, ade­más, un en­tre­ga­dor, y tie­ne a mu­chos ti­pos pre­sos. Y

si vos en­tre­gás per­so­nas pa­ra que sean de­te­ni­das que­rien­do con­se­guir un be­ne­fi­cio

te­nés que te­ner po­li­cías al la­do. El Ga­to es­tá fu­ga­do de la cár­cel ha­ce dos años".

Sin em­bar­go, ase­gu­ró: "Me quie­re ma­tar pe­ro no le ten­go mie­do, él quie­re que ten­ga

mie­do. Por eso nun­ca pe­dí cus­to­dia".

Son las co­ne­xio­nes que el Ga­to ten­dría con fun­cio­na­rios de la Jus­ti­cia y la

po­li­cía lo que le preo­cu­pa. "Aho­ra sal­go de mi ca­sa por cual­quier co­sa y me pa­ran. Acá

es­tá lle­no de po­li­cías. Es­ta ma­ña­na (por ayer) me mo­les­ta­ron en mi cua­dra, man­da­ron a

la An­ti­mo­ti­nes, ti­ra­ron dis­pa­ros".

Es más, el Ren­go es­tá con­ven­ci­do de que la pis­to­la ha­lla­da en su au­to fue

co­lo­ca­da por un po­li­cía, pe­ro no lo quie­re de­cir pú­bli­ca­men­te por­que to­da­vía no lo

de­cla­ró an­te el fis­cal.

"Acá me es­tán bus­can­do al­go, me quie­ren en­ga­rro­nar pa­ra me­ter­me pre­so, man­dar­me

al pe­nal por­que en la cár­cel sos car­ne de pe­rro".

Fue­ra del de­li­to

El Ren­go Agui­le­ra ne­gó de for­ma ter­mi­nan­te es­tar li­ga­do al de­li­to. "La gue­rra

en­tre ban­das descartala, eso no exis­te, con la dro­ga no ten­go na­da que ver y yo no con­tro­lo

el ba­rrio La Glo­ria. ¿Pa­ra qué lo voy a que­rer con­tro­lar? Acá no pa­so de la man­za­na D.

"Vi­vo de la com­pra-ven­ta de au­tos y esa ac­ti­vi­dad a ve­ces te trae al­gún pro­ble­ma.

Con eso ha­go unos $5.000 por mes y ten­go un al­ma­cén".

Vigilado todo el día

Aunque hasta aquí a Aguilera no lo han vinculado a la banda del tráfico de drogas y

contrabando, en el barrio está hipervigilado y apenas se puede mover.

Una demostración sobre el celo policial que hay sobre él bastó para comprobarlo. Aguilera

salió con el periodista y el fotógrafo de esta nota a dar una vuelta por el barrio La Gloria en su

automóvil, un llamativo y conocido VW Golf azul oscuro.

Fueron suficientes un par de vueltas a la manzana para tener a la policía encima. Dos

uniformados pararon el auto, bajaron al periodista y al reportero sin saber que eran de la prensa y

comenzaron la requisa del auto, el palpado y el pedido de documentación.

En segundos había unos ocho uniformados fuertemente armados. El procedimiento duró diez

minutos, hasta que se aclararon las cosas.