Por Luciana Morá[email protected]
La música fue la primera elección que la llevó a lugares desconocidos y realidades diferentes. Integrante del Coro de Niños Cantores de Mendoza, la inquietud por el mundo a los 10 años cambió y a medida fue creciendo, comprendió que necesitaba involucrarse con las realidades que traspasan las fronteras.
María Cristina Alé (31) es abogada y se está especializando en Derecho Internacional. Es la única mendocina que actualmente se está formando en derecho internacional, derechos humanos y derecho internacional humanitario en la Universidad Europea- Viadrina en Frankfurt (Oder), Alemania.
Allí vive con su esposo, Adrián Beling, quien es licenciado en Administración de Empresas y está realizando un doctorado en sociologia en la Universidad Humbold de Berlín. Alé residió además en la India -donde trabajó en la Embajada de España- y en Freiburg (Alemania), donde se especializó en el idioma teutón. Es jefa de cuerda del Coro Universitario de Mendoza (UNCuyo) -está de licencia- y fue una de los coreutas que en 2009 ganó el Gran Premio Europeo, galardón equiparable a la Copa del Mundo en fútbol.
"A los 5 años comencé a asistir al Coro de Niños Cantores de Mendoza, y si bien la música me fascinó desde muy chiquita, al momento de elegir una carrera descubrí que debía desarrollar en otro sentido las inquietudes que había construido durante toda mi vida; fue allí cuando opté por estudiar abogacía. Sin embargo, la música es un pilar extremadamente importante en mi vida y no creo que me desvincule jamás".
-¿La música despertó tu interés por los derechos humanos?-Considero que la música es un lenguaje universal que nos iguala y nos dignifica como seres humanos y siento que conceptualmente se vincula con los derechos humanos, que buscan la igualdad entre las personas sin discriminación alguna. Cuando iba al Coro de Niños Cantores Juana (Mauro), la directora actual del coro, solía llevarnos a cantar a hogares de ancianos, a la Colonia 20 de Junio y a la cárcel en Navidad. A partir de ahí empezó a despertarse en mí la necesidad de hacer algo por la sociedad. Entre las opciones vocacionales que exploré, la abogacía me pareció la mejor porque atañe al valor justicia. Ya en la carrera me interesaron más las materias vinculadas con otros problemas que acarrea la sociedad y no sólo el derecho privado. -¿Y por qué derecho internacional público?-Porque durante toda mi vida coral, desde que era chiquita, aprendí a compartir muchos momentos -festivales, concursos- con personas de otras nacionalidades y culturas y eso siempre me llamó mucho la atención. Además, me resulta muy interesante desde el aspecto sociológico y jurídico.-Viviste cinco meses en la India, medio año en Freiburg... ¿qué te dejaron estas experiencias?- La experiencia en la India fue uno de los momentos más felices de mi vida, porque si bien fueron muy difíciles por las condiciones diferentes en las que se vive allí, uno se reencuentra con la simpleza de las cosas. Es una sensación muy extraña, uno se vuelve a encontrar consigo mismo y no tiene nada que ver con la religión. Aprendés a bañarte con un balde de agua fría, todo cuesta más, no hay acceso a agua potable en todos lados y tenés que convivir con una pobreza extrema que -si bien existe en casi todos los países del mundo- no está tan expuesta como lo vi allí. Uno de los choques culturales más fuertes fue el aprender a aceptar las reglas culturales. Todo es diferente, más allá del idioma. El lenguaje corporal, los códigos de comunicación son muy diferentes.-¿Alguna anécdota al respecto?-Me pasó que iba en el colectivo -que me tomaba todos los días para ir a la Embajada de España en Nueva Delhi- y un hombre de unos 35 años me pidió que le diera el asiento. Yo pensé: “no me di cuenta y no le di el asiento a alguien que lo necesitaba” y en realidad el hombre simplemente tenía deseos de sentarse y, como era mujer, le tuve que ceder mi lugar porque así son las reglas en la India. Me dio mucha bronca pero me tuve que quedar callada, porque consideré que debía respetar las normas culturales.-Contame sobre el master que estás realizando en Alemania.-Estoy viviendo en Berlín desde principios de año haciendo un master en derecho internacional, derechos humanos y derecho internacional humanitario. La universidad donde lo curso queda en la frontera con Polonia, a unos 80 kilómetros de Berlin.. Lo elegí porque abarca los derechos humanos en su totalidad: migraciones, trata de personas, refugiados, desplazamientos internos, delitos de guerra, derechos civiles, políticos, responsabilidad del Estado y conflictos internacionales, entre otros. Somos un grupo de 40 personas de 25 nacionalidades diferentes, lo cual hace muy rica la experiencia al momento de discutir los puntos de vista. Tengo compañeros de Grecia, Ucrania, Rusia, Azerbaiján, Irán, Irak, Camerún, Ghana, Kenia, Colombia, México y Alemania, entre otros. Durante el cursado tuve la oportunidad de visitar la Corte Europea de Derechos Humanos, fuimos como delegación y pudimos observar cómo se dirimen los juicios desde adentro y es emocionante.-¿Cómo se ve Argentina desde Alemania? -Como un país culturalmente muy rico. Todos los extranjeros que conozco mueren por ir a Argentina. Muchos la conocen y se quedan encantados, sobre todo con Buenos Aires y con Mendoza, que la provincia es considerada por los europeos como uno de los lugares más lindos para vivir, me lo han dicho extranjeros que han viajado por el mundo.-¿Cómo está Argentina en materia de Derechos Humanos?-Formalmente el país cumple con sus obligaciones, por los tratados de los que es signataria, pero sustancialmente la realidad muestra otra cosa. Adherimos a tratados que protegen al ser humano, el derecho a la alimentación, a la educación, pero en la práctica son derechos que no están siendo del todo amparados. En el caso de los delitos de lesa humanidad se está accionando, todos lo sabemos, pero éstos son sólo una parte de los derechos humanos. La pobreza está en escalada, los presos tienen tratos denigrantes, existe además toda una realidad relativa a la situación del inmigrante, trata de personas, narcotráfico que también son realidades complejas que deberían ser encaradas como parte de una política de Estado por los derechos que son vulnerados.
Su carrera en Mendoza Se graduó como abogada en la Universidad de Mendoza en 2012. Cursó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela de Niños Cantores de Mendoza y Bachillerato Artístico Musical. Ejerció en derecho civil, colaboró con la cátedra de Derecho Internacional Público de la Universidad de Mendoza y con la ONG CLADH (Centro Latinoamericano de Derechos Humanos), que se dedica a la protección y promoción de Derechos Humanos. Junto a otros colegas fundó la Comisión de Derechos Humanos en la primera circunscripción del Colegio de Abogados y Procuradores de Mendoza, de la que fue prosecretaria. Es miembro de la Asociación Argentina de Derecho Internacional. Trabajó como maestra de Música y desde 2004 se desempeñó como jefa de cuerda en el Coro Universitario de Mendoza (UNCuyo).



